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lunes, 30 de noviembre de 2009

Las conexiones neuronales

En el fondo son las relaciones con las personas lo que da sentido a la vida.

Wilhelm von Humboldt

Lanzan su brazo y alcanza a su vecina, que a su vez alcanza a otra y otra más. No sólo alargan un único brazo, sino miles de ellos, todos los posibles. Fuertemente agarradas, como un todo, como hormigas voraces unidas por el grano de maíz perdido en el suelo. Cada una ubicada en un sitio, en el cual nació, que por azar o disposición, infunde impulsos eléctricos a su alrededor. Electricidad que se convertirá en ideas, en argumentos, en rabia, en sentimientos, incluso en estupidez. Electricidad que será abrazos y besos o insultos e injurias, según el momento. La red es tan amplia y complicada como la vida misma, en la que te puedes encontrarte relaciones intensas o meramente superficiales, personas a las que se conoce como a uno mismo y gente de paso. Las relaciones neuronales como vitales pueden ser tan complejas o simples como cada cual quiera. Hay ideas y personas inevitables y otras a las que accedes después de años de esfuerzo. Gente y pensamientos brillantes y rutina ramplona. Neuronas pegadas a la vida y vida imposible sin neuronas. Un sistema dentro de otro, millones de conexiones a la vez, amor y odio, paz y dolor. Eso sin contar el misterio que supone su conocimiento, como enigma inexpugnable, donde las relaciones humanas y las conexiones neuronales no pueden ser entendidas. Y por más que batallones de batas blancas las estudien, las unas y las otras siempre seguirán siendo ocultas. Así debe ser.

martes, 18 de noviembre de 2008

El perro de Pávlov

Me llevé a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba...


Después de unos días de experimentos, el perro de Pávlov se sentía aburrido:
Estar encerrado en una habitación, después de la primera emoción, es verdaderamente aburrido. Además hay un cristal en ella por el que creo que me vigilan. No sé muy bien a dónde quieren llegar y qué conclusiones pueden sacar de un perro encerrado en un sitio. A mí me da lo mismo, me alimentan, que es lo acordado. Sin embargo se han empeñado en tocar una campana momentos antes de que me traigan la comida. Debe ser una costumbre de los científicos. Me es totalmente indiferente, porque en este cuarto lo único productivo que puedo hacer es dormir y la campana me despierta listo para el almuerzo. No me quejo en absoluto, pero podrían haber elegido un sonido más agradable. No sé, Las cuatro estaciones de Vivaldi o algo de Mozart, por ejemplo. Si la campana me pilla dormido, me levanto de muy mal humor para comer y en este estado no se disfruta ni el mejor manjar. Si soy sincero, estoy empezando a odiar la campanita esa, porque es lo único que oigo a lo largo del día y es un sonido estridente y desagradable. En buena hora me embarqué en esta aventura. Le tenía que haber hecho caso a mi madre, que para estas cosas es muy sabia. Pero como me dejo influenciar por cualquiera que me causa buena impresión, así me luce el pelo. No soy yo de quejarme pero debería pedir el libro de reclamaciones por el asunto de la campanita. Aunque antes voy a echar una cabezada porque pronto vendrá el servicio de habitaciones con el menú del día.

Iván Pávlov fue un científico ruso que a finales del siglo XIX y principios del XX expuso la ley del reflejo condicionado, a la que llegó a la conclusión a través de una serie de experimentos con perros. La idea era sencilla, primero se observó que los perros salivaban abundantemente cuando se les mostraba comida o incluso únicamente el olor de ésta. Ocurría lo mismo cuando se les acercaba la persona que normalmente les daba de comer. Pávlov creía que esto se producía porque el animal lo relacionaba con la comida. Pero ¿y si usaban un estímulo neutral como el sonido de una campana? Día tras día tocaban la campana antes de dar al animal su comida. Y si bien nada ocurría con la campana, finalmente, el perro ya salivaba con el sólo hecho de oír ese sonido. Es decir, le había condicionado sus reflejos. Lo que Pávlov demostró, luego se aplicó a la psicología humana llamándose condicionamiento clásico o pavloviano.

El sabor de una magdalena, ese gesto de tocarse el pelo que sólo ella hace, la conversación que mantienen los protagonistas de esa película que tantas veces he visto, frases de un libro que leí cuando pequeño o los acordes de esa melodía que no puedo sacarme de la cabeza. Pequeñas imágenes, incluso flashes, que se quedaron prendidos de mi cerebro junto con una sensación. Estímulos que producen en mí reacciones en forma de sentimiento. Es un mecanismo simple, veo una escena de mi película favorita y enseguida me transporto al momento en que la vi por primera vez e invariablemente siento lo mismo cada vez que por casualidad la vuelvo a ver. Y así se produce una y otra vez, como la campana del perro de Pávlov, como la magdalena de Proust. Es curioso lo previsible que soy. Aunque me crea un autómata sofisticado, mis humildes engranajes de latón giran uniendo un diente a otro, una y otra vez, sin mayor misterio.

domingo, 15 de junio de 2008

Expo Zaragoza 2008

And it's a hard, it's a hard, it's a hard, it's a hard,
it's a hard rain's a-gonna fall.


El agua es la vida, no invento nada. Sin ella no podemos sobrevivir, bebemos de ella y somos ella. Como las cosas importantes, nos damos cuenta de su valía sólo cuando nos falta. Sea agua dulce, salada, mineral, de lluvia, de pozo, sea sobre la hierba, en una botella o en un lago, el agua nos da fuerza, la necesitamos. Por eso, debemos cuidar el agua, como se cuida de lo más preciado. Y en una Tierra cada vez más poblada, el agua siempre escasea. Estamos tan acostumbrados a abrir un grifo y que el agua mane sin preocupación, que no nos acordamos de lo que cuesta que llegue a nosotros. Desde las nubes, nos alivia el ambiente que nuestra inconsciente contaminación produce. Satisface a las plantas y animales que se convertirán en nuestros alimentos. Calma nuestra sed. Limpia nuestra ropa, nuestra piel. Sin ella, somos desierto. Por eso, más que el agua se merezca una exposición, nuestra consciencia necesita un recordatorio. No podemos dejarlo correr.

El 14 de junio de 2008 se inauguró la Exposición Internacional de Zaragoza cuyo lema es Agua y Desarrollo Sostenible. Durante 3 meses, se dedicará un recinto entero a explicar la necesidad y la función del agua y los métodos para protegerla. Los diferentes países mostrarán al público su visión del precioso líquido. No sé sabe si las buenas intenciones de un acontecimiento multitudinario como éste luego se verán reflejadas en la realidad, pero puede ser un punto de partida interesante para reflexionar y concienciarnos sobre la importancia del agua. Cuidar del agua y su reparto equitativo debería ser uno de los puntos destacados de la política de todos los estados. Digo debería ser porque actualmente no lo es, sólo esperamos a la suerte de la lluvia, sentados, sin hacer nada. Si persistimos en esto, moriremos de sed en un planeta seco, yermo, sin vida.


Vídeo: Canción oficial de la Expo Zaragoza 2008: Amaral - Llegará la tormenta.
Imagen: Torre del Agua en la inauguración de la exposición.

domingo, 18 de mayo de 2008

Gattaca

Bienvenidos a Gattaca. Bienvenidos a una sociedad donde una sola gota de tu sangre puede determinar a qué edad morirás, con quien deberías casarte o qué trabajo deberías desempeñar porque es el más apropiado para tu constitución genética. Una sociedad donde una persona no genéticamente mejorada tiene muy pocas posibilidades de triunfar, o donde un diseño erróneo puede marcarte para toda la vida.



Bienvenido a Gattaca. Bienvenido al mundo del futuro. Contamos con una sociedad perfecta, genéticamente seleccionada, con magníficos ejemplares listos para ejercer las diferentes funciones del planeta. El porcentaje de error es proporcionalmente insignificante. Hombre y mujeres capaces de disfrutar una vida plena conforme a sus posibilidades genéticas. Nadie puede escapar del férreo control de Gattaca, todo planeado para conservar la paz y la seguridad de la población. Nuestros conciudadanos gozarán de una mayor tranquilidad sin el caos que produce la aleatoria y caprichosa Naturaleza. Como seres superiores, es nuestro deber controlar esa Naturaleza a través de los cauces de la razón y de la ciencia. No sólo que podamos alterar a la Madre Naturaleza, creo que ella lo quiere así. Creemos firmemente que personas con una perfecta genética pueden conformar con facilidad una sociedad perfecta. Saber con antelación a su nacimiento cuáles son las mejores características de cada individuo hacen posible una mejor planificación de su vida. Si alteramos alimentos, animales o plantas para una mejor optimización de los recursos, es nuestra obligación mejorar a los seres humanos con los medios técnicos más avanzados para mayor gloria de la Humanidad. No hay posibilidad de crítica a una verdad tan incontestable como la Genética. La Genética lo es todo.

Pero la Genética no lo es todo. No hay gen para el espíritu humano, es al menos lo que viene a decir Gattaca (Andrew Niccol, 1997). Y es cierto, la Naturaleza aborrece la perfección de un laboratorio, porque ella misma no es perfecta. Una sociedad de seres humanos genéticamente perfectos puede llegar a ser perfectamente imperfecta. Ya no existirán las discriminaciones que todos conocemos, sólo una única y más cruel discriminación, la genética, con una clase baja no-válida que realizará los trabajos inferiores y una élite que gobernarán los destinos del planeta. Como no es posible el control absoluto sobre las mentes de las personas, en Gattaca surgirá Vincent (Ethan Hawke), un hombre concebido naturalmente y al que los médicos le conminarán a resignarse a no cumplir su sueño de volar al espacio. Pero su enorme voluntad y esfuerzo le llevarán a conocer a Jerome (Jude Law), un "válido" amargado que el azar le ha obligado a estar atado a una silla de ruedas. Para entrar en la sociedad aeroespacial, Vincent precisa del material genético de Jerome, para sortear los numerosos controles y crearse una nueva identidad que le permita alcanzar su sueño: las estrellas. Todo parece perfecto hasta que asesinan brutalmente al director de Gattaca y la investigación policial encuentra restos de una persona que nunca hubiera podido entrar en dichas elitistas instalaciones.

Es un tema que da que pensar: la Genética como la peor de las eugenesias para el control de la población. Refleja cómo un avance puede convertirse en algo tremendamente injusto si no se actúa con precaución. Dado que los progresos espectaculares en la investigación del genoma humano han abierto un panorama nuevo, esta película incide en un futuro que puede que no sea tan lejano. ¿Es más perfecto el hombre que es perfecto en su ADN? ¿Dónde dejamos otros factores como el azar, el esfuerzo, la voluntad, la educación? No somos pura genética, es mi opinión, hay algo más, debe haberlo, llámalo alma, espíritu, energía o lo que quieras, pero es esto lo que diferencia con el tiempo a dos personas esencialmente iguales.


Vídeo musical con imágenes de la película: Télépopmusik - Into Everything.