Mostrando entradas con la etiqueta Música celestial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Música celestial. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de junio de 2011

Morir de amor

Hoy que olvidé aquellos días,
no sé por qué me despierto
algunas noches vacías
oyendo una voz que canta
y que, tal vez, es la mía.

La canción y el poema (Idea Vilariño, 1972)

Ésta no es una carta de suicidio, ni siquiera una carta de despedida. Es simplemente una carta de amor, amor ya sobrepasado, consumido si lo prefieres. Dicen por ahí, que declarar el amor por carta es cuestión de cobardes, que esos sentimientos hay que expresarlos cara a cara, pero no lo creo así. La carta es el vehículo perfecto para el amor, porque el amor es reflexión, a diferencia de otros sentimientos más pasajeros. Podría decirte directamente que me gustas y eso respondería al momento, pero nunca podría decirte que te amo, porque este sentimiento no es fugaz en mí y lo voy macerando como un guiso, del que, para cuando soy consciente, muchas veces ha sido demasiado tarde. Éste es, pues, el objetivo de esta carta: decirte lo que fue y que ya queda como un sueño atormentado en una noche calurosa de verano. Sin embargo, el amor tiene la cualidad de que no puede ser explicado por palabras, porque éstas no alcanzan a describir la intensidad del mismo. Probablemente, nada de lo escriba tenga mucho sentido para ti. Por eso, me hubiera gustado morir de amor, como en las canciones, que llegara un médico y certificara mi muerte: ha muerto de amor el día tal, a la hora tal. Y que la noticia llegara a ti, que tu corazón cerrado no se sintiera culpable, no quiero morir para generar en ti culpas ningunas, sino que se llenara de orgullo. Murió por mí, porque el amor que tenía no podía soportarlo, porque fue una carga excesiva. Conserva esta idea y haz con ella lo que quieras. Ríete, llora, compadécete de este inútil, presume, vanaglóriate… ésta es una ofrenda que te hago. Mi muerte, por ti, sería de amor.

Hablar de amor en abstracto nunca me ha gustado. Nadie muere de amor en la actualidad. Morimos por razones más prosaicas como el exceso de colesterol, el infarto de miocardio o los accidentes de coche. Es demasiado romántico, demasiado sentimental, el obsequio de la vida a un amor no correspondido o atormentado. Pero como describe la poetisa uruguaya Idea Vilariño, hay momentos en que nos despertamos a mitad de la noche, cuando ya todo está en el olvido, que nuestra alma se encarga de recordárnoslo, de levantar la inquietud de lo que fue pasado. En esos instantes ya no hay rabia, ni rencor, quizá nostalgia de los dolores de un corazón marchito. Porque somos una máquina curiosa, que transforma los recuerdos más angustiados en anhelo de lo no conseguido. En ese momento, quiero morir. No sé si de amor, realmente. Morir para evitar sentir lo que siento y que mi pragmático olvido intenta disfrazar. En noches como ésas, descubres que los esfuerzos por enmascarar, por enmascararte y olvidarte, en mí, son completamente inútiles. Una vez pasada esa frontera del amor, no tengo retorno posible, mi vida.


Vídeo: La canción y el poema del disco Morir de amor de Soledad Villamil
Imagen: Soledad Villamil en concierto.

martes, 8 de diciembre de 2009

La distancia

Tanto más fatiga el bien deseado cuanto más cerca está la esperanza de poseerlo.


Nunca fui bueno para las medidas, ya lo sé. Siempre te sentí próxima, aunque ahora creo que mi deseo no se ajustaba a la realidad como hubiese querido. Y eso que, a veces, estabas a escasos centímetros, con tu piel apenas rozando la mía. Entonces, te advertía cercana, tanto, que creía que estabas dentro de mi pecho y que susurrabas mi nombre en cada uno de tus latidos. Pero los centímetros pueden volverse metros, incluso kilómetros con un simple aleteo de tu indiferencia. Y así notar como te alejas, de espaldas a mí, recorriendo un camino sin vuelta atrás. Y llegar a verte en la lejanía, con tu silueta tapando la luz del sol, de donde quizá nunca te moviste. A lo mejor esa piel que tenía tan cerca, sonrosada y suave, no era más que una ilusión que mi pobre cabeza creaba. Esa comisura de tus labios a la que siempre miraba, no estaba allí, sino lejos, lejos, en el horizonte mirando a otro. Y el brillo de tus ojos sólo destellaba por puro efecto de la luz. Es posible que debido a esto volví a creer ser aquel chaval iluso que pensó que la distancia es algo que se mide con cinta métrica, marcada con sus números, una cuestión de perspectiva, sin caer en la cuenta que tú, casi sin querer, rompías cualquier cálculo o aproximación que yo pudiera hacer.

Vídeo: Christina Rosenvinge - La distancia adecuada (2008).

viernes, 25 de septiembre de 2009

La nueva Yma Sumac

Ha llegado el momento
de acabar con mi corazón.
Necesito fulminar de raíz el dolor,
y cambiar lo que siento
y aprender a volar hacia el sol.
He pasado tanto frío que quiero calor.

La nueva Yma Sumac
(La Casa Azul, 2007)

Hay días que necesito una sonrisa. Y salgo a buscarla a la ciudad, a pesar de que las nubes de asfalto gris apenas dejen traspasar los rayos del sol en este cielo encapotado. Es en esos días cuando los colores huyen y los pocos que quedan son de cartón piedra o están en altos carteles inalcanzables. Todo se rodea de una neblina homogénea que me hace confundir la forma de las cosas. Y para no caer en engaño externo, ideo mi propio engaño. Una burbuja coloreada, chicle, pop, un poco tonta quizás, y desde la que veo la ciudad de rojo intenso, de azul cobalto, de verde manzana o de amarillo limón. Paseo dentro de ella, no hay dardo que la pueda pinchar, estoy seguro, protegido. Es luminosa, caleidoscópica, vibrante. Dentro puedo ver otra realidad, otras caras, otra vida. Consciente de lo irracional y momentáneo de esta situación, sonrío. Paraíso artificial, pero paraíso al fin y al cabo, pienso. En esos días, no hay nada que me pueda afectar. Sé que es casi nada pero me sirve de tanto...

En esos mismos días, siempre recurro a La Casa Azul como banda sonora que acompañe mis sonrisas. Me da mucho subidón. Y aunque no necesito excusas para escuchar el sonido efervescente de este grupo, hoy comparto La nueva Yma Sumac, una buena canción para que las sonrisas sean infinitas, al menos dentro de cada una de nuestras burbujas.


Vídeo: La Casa Azul - La nueva Yma Sumac del disco de rarezas y versiones La nueva Yma Sumac (lo que nos dejó la revolución) de 2009.

lunes, 17 de agosto de 2009

Woodstock

Woodstock fue un cúmulo de circunstancias donde todo lo que tenía que haber salido mal, salió bien.

David Fricke

Venía de la compra en coche. Se había aprovisionado para la visita de su hijo, su nuera y sus nietos. Se paró en un semáforo. Encendió la radio. My Generation de The Who. Y asintió satisfecha. Recordó la fecha en la que estaba. Cerró los ojos. En los últimos sones de la canción, el locutor dijo que la dedicaba a aquellos locos de la era de Acuario cuarenta años después. Se miró en el espejo retrovisor. Sus ojos habían perdido brillo, los rodeaban profundas arrugas. Pero cada vez que escuchaba esa canción se veía con veinte años, con su melena rubia decorada con flores y un vestido ancho que le gustaba mucho. Y recordaba, sin tener que mencionarlo la radio o la televisión, el barrizal de Woodstock, la gente apretada en los conciertos, la música, sus amigos. Pero sabía que poco quedaba de aquella chica cuarenta años más tarde, poco más que un recuerdo, como poco quedaba de aquel mundo inocente que aún creía en el cambio. El mundo que los jóvenes moverían hacia la paz, donde el amor sería la divisa. Ideas que ahora sonrojarían incluso a los niños y que aquella chica en su momento las convirtió en su credo. Y de repente, el coche de atrás la sacó de su recuerdo con un hosco claxon que le indicaba que el semáforo ya se había puesto. Paz y amor, pensó. Sonrió y siguió su camino a casa.

Este blog sesentófilo, melómano y amante de los lugares que fueron y desaparecieron, no podía pasar el cuarenta aniversario del festival de Woodstock, momento clave no sólo en la música de final del siglo XX sino en su historia en general. Porque Woodstock unió a toda una generación que creyó en utopías en las que ya nadie cree y porque el festival puso punto y final a una década prodigiosa. Transcurrió en una granja en Bethel (Estado de Nueva York) entre el 15 y el 18 de agosto de 1969 y congregó a medio millón de personas, cuando sólo se esperaban unos 60.000. Más allá de él, muchas cosas cambiaron, porque no hay nada duradero en este mundo, y los hippies de Woodstock se reconvirtieron y se diluyeron. Cuarenta años después se alzan algunas voces críticas diciendo que se ha creado un mito falso alrededor del festival. Puede ser, porque los que no vivimos un hecho histórico tendemos a exagerarlo. En cualquier caso, sea un hito o un simple concierto, la memoria de Woodstock permanecerá como el fin de la efímera era hippy en el mundo.

Vídeo: Actuación de The Who tocando My Generation en el festival de Woodstock de 1969.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Todas las playas de mi vida

Los días pueden ser iguales para un reloj, pero no para un hombre.

No sé como nadie aquí puede trabajar o estudiar, ni siquiera concentrarse. Yo no podría — me dijo socarronamente, untándose crema solar. Era un comentario muy habitual de la gente que vivía en el interior y que venía a la costa únicamente de vacaciones. Se tumbó en la toalla y empezó a contarme las novedades de su vida desde la última vez que nos habíamos visto. Al principio le seguía, pero cuando yo también me tumbé, dejé de hacerlo. Y mi cabeza empezó a recordar todas las playas en las que había sido feliz. Ésta misma, en pleno verano, con la arena ardiendo bajo mis pies, llena de sombrillas los fines de semana. Ésta, con el sol dominador abrasando los inútiles cuerpos. Echado en una tumbona o en una toalla, buscando sombra, o refrescándome en la orilla con la espuma del mar recorriendo mis muslos. Aquella en la que, de niño, buscaba conchas para guardar en un cubo. La playa de los castillos, de las cometas y los chapuzones. Ésta y otras playas al atardecer, cuando empieza a enfriarse, cuando la gente se marcha ordenadamente y las gaviotas vuelan bajo. Descalzo por la arena fría de la noche, cuando se vuelve misteriosa, con el rumor de las olas lamiendo mis orejas. Y no sólo en verano, también en la triste playa del invierno, brumosa y caminada. O en la primaveral que despierta a los rayos solares. Una sola playa bastaba, aunque sean mil en una, para hacerme feliz entonces. Hoy, la vida me entretiene demasiado para serlo. Pero aquel día, mientras yo asentía mecánicamente a mi amigo, volví a ser feliz. En la playa.


miércoles, 8 de julio de 2009

Rey Sol

Su muerte también es mentira. Sabe que despertará mañana y seguirá resucitando así miles y miles de siglos. Por eso muere tan esplendorosamente, rodeado de un aparato teatral, lo mismo que los grandes actores que fingen sobre la escena las ansias de la muerte en el último momento de la obra, y piensan al mismo tiempo en la cena que les aguarda media hora después.


Rey Sol, señor del cielo, tú, el que amarillea los campos, el que resquiebra los caminos, el que calienta mi piel, el que sonroja mis mejillas. Sol, el que ilumina las aguas, el que enciende el día, siempre por el mismo sitio, puntual, uno tras otro, haces crecer las flores y las marchitas, das la vida y la quitas con tu poder absoluto. Vigoroso Sol, empequeñeces la vida frente a ti, haces felices a unos y desgraciados a otros. Ansiado, adorado, odiado y celebrado Sol, rojo, amarillo, anaranjado, haz que tu imperio me sea próspero, que ría, que brinde, que goce del poder que me das con tus pertinaces rayos. Yo, pequeño vasallo, insignificante, que apenas puedo mirarte a la cara, me arrodillo ante tu esplendor, rogando que seas clemente, que me transmitas la fuerza necesaria para que no me agoste, para que el verano sea tan brillante como los de antaño. Tu sincero servidor aguarda en la sombra tu respuesta.

Julio y agosto son el imperio del sol, donde el verano es más duro y las fuerzas flaquean por el agotamiento. También es la época de la diversión, del esparcimiento, de los que, como hormigas, trabajan en el invierno y necesitan recargar pilas, vagueando como cigarras. Es el momento del año donde los colores son más luminosos. Las sandías crujen jugosas, los tomates rezuman y el agua sabe mejor. El verano sirve para tumbarse al sol y ser feliz. El verano no puede, ni quiere ser desgraciado. Así que, desde mi infinita travesía, os recomiendo una canción preciosa, para que rindáis tributo al sol, con una sonrisa en la cara, en cualquiera de sus ocasos veraniegos.

Vídeo: Nina Simone - Here comes the Sun (François K. remix) del disco- homenaje Nina Simone: Remixed & reimagined (2006).
Imagen: Puesta de sol en
Capri.

domingo, 17 de mayo de 2009

Eurovisión 2009

I'm in love, with a fairytale
even though it hurts.

Fairytale (Alexander Rybak, 2009)

Se acabó la fiesta, se apagaron las luces, las voces. Moscú se quedó en silencio. Los fuegos de artificio, las lentejuelas, los gritos, las banderas pasaron. Ya forman parte del recuerdo. Un año más. Esta vez, unánimemente, se eligió al ganador, Alexander Rybak, que representaba a Noruega. Quizá sea la hora de la reflexión, del análisis de las votaciones, de arañar el significado de cada voto, pero creo que una vez pasado todo el festival, todo lo que se pueda decir es inútil. Podremos decir lo que queramos, pero finalmente si entramos en el juego, después no podemos quejarnos del resultado. Eurovisión reúne un poco de todo cada año siempre dando una vuelta de tuerca para no aburrir a nadie. Así que, hubo música, espectáculo, vecinismo, votaciones justas e injustas, como cada edición y emoción, aunque quizá este año menos ante la aplastante rotundidad del ganador noruego. Así es el juego, un divertimento para pasar una noche divertida, oyendo canciones y artistas que jamás hubieran traspasado sus fronteras de no existir este concurso musical. Pero claro está que en Eurovisión sólo una canción gana y el resto son perdedoras, clasificadas mejor o peor, para el que le importe eso. Al menos oficialmente así es, porque la música tiene el enorme mérito de tocarnos a cada uno de una manera diferente. Así cada cual tiene su propio ganador, sin premios, ni trofeos, nada más que simples baratijas que no tienen valor alguno. No queda más que dar la enhorabuena al campeón y a seguir viviendo y escuchando.

martes, 17 de marzo de 2009

Compañera luna

La luna le ha comprado
pinturas a la Muerte.
en esta noche turbia
¡está la luna loca!

Yo mientras tanto pongo
en mi pecho sombrío
una feria sin músicas
con las tiendas de sombra.

Luna, compañera de mis días, tu voz amable, tu serena presencia me conforta. Cuando en las noches salgo, es tu luz la que guía mis pasos temblorosos, rasgando el negro manto. Por las calles, siempre miro al cielo buscando tus encantos, seductora. Sólo así me siento confiado. Es tu luz pálida, blanca, intangible, la que me acaricia el rostro, secando mis lágrimas, dándome consuelo. Luna amiga, eres como el faro que avisa al barco entre las brumas de la madrugada para que no encalle. Te alzas altanera, con una sonrisa algunos días y con la cara seria otros. No podría pensar que me perteneces, absurda tontería, porque tu voz no tiene dueño. Has estado desde siempre ahí, con el poder que da la eternidad y cuando mi cuerpo insignificante muera, tú continuarás contando los pasos a los perdidos, como yo. Persigues mi rastro y cuando regreso a casa, rendido de sueño, la plácida luz de tu cara entra silenciosa por la ventana. No puedo engañarte, conoces mi alma. Me buscas entre las sábanas, me arrullas, me tapas, me quieres y me matas. Y en un sueño de luna quedo, dormido, sin habla.

Dedicado a los que, como yo, se dejan seducir por los encantos de la luna.


sábado, 31 de enero de 2009

Los límites

Todo tiene sus límites.

Me gustaría decir (y creer) que podemos disfrutar de todas las posibilidades con el único límite del cielo sobre nuestras cabezas; que el mundo se abre jugoso como una naranja dispuesta a ofrecernos toda su pulpa. Pero no es así. Vivimos en un espacio reducido que llamamos hogar. Nos movemos y actuamos con un cuerpo que no hemos podido elegir y que nos acompañará hasta el fin. Y dentro de él, por más que nos resistamos, tenemos un cerebro lleno de límites y limitaciones, prejuicios, ideas preconcebidas, ignorancias, razones y puntos de vistas más o menos compartidos. Trabas, en resumen, que conforman nuestra pequeña cárcel de oro de la que ni queremos, ni podemos escapar. Algo así como el dilema del canario que nació en una jaula y por más que vea la puerta enrejada abierta prefiere la seguridad de sus barrotes al mundo desconocido del exterior. Todo ello sin hablar de límites más generales, marcados por nuestro nacimiento, género, cultura, experiencia y demás. Una maraña de intrincadas paredes que levantan un laberinto donde todos luchamos apenas para orientarnos.
Me gustaría poder decir que hay que olvidar todos los límites, que nada, ni nadie se atreva a cortar nuestras alas, que olvidemos puertas cerradas, rejas de acero. Me gustaría decirlo de corazón, pero haría flaco favor a cualquiera que me escuchara e incluso me engañaría a mí mismo. Vivimos sabiendo que existen, aunque algunos no sean tan fuertes como pensamos. Vivimos con temor a ellos, sin embargo muchos tienen pasadizos para atravesarlos. Vivimos entre límites, sí, pero vivamos olvidándolos.

Y para que todo no sea tan árido, os aconsejo poner como banda sonora esta canción de un chico al que no le crea ningún problema ético saltarse los límites, aunque sea a navajazo limpio.




Julien Doré - Les limites


domingo, 30 de noviembre de 2008

La lluvia

Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados. Otras veces cae con furia, y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.



Llueve, todo el fin de semana ha llovido. Las gotas incansables tamborilean los cristales de mi casa como un murmullo lejano que me llama a mirar a través de las ventanas. El cielo pintado de gris, rugiente, con nubes negras que indican que no parará de llover de momento. En esta situación, nunca puedo resistirme a sacar una mano por la ventana y dejar que se empape de agua de lluvia. Un manía tonta, pero siempre lo hago. Dejarse seducir por la lluvia es un tópico muy visto, lo sé, pero siempre me ha atraído irremediablemente. Los colores cambian con ella, la luz se vuelve taciturna, la tierra se moja y cuando deja de llover la vida le resurge a borbotones. Agua, que igual que es destructora, me inspira, me hace pensar, aunque nunca queda fruto de esa inspiración porque el hechizo de la lluvia desaparece instantáneamente cuando deja de llover. Podría hacer una relación infinita de evocaciones de la lluvia: los prados verdes, las montañas azotadas, la playa mojada, pero no sería nada original. Hoy lleva todo el día, son las fechas. He resistido al magnetismo triste de la lluvia y me siento contento.

No sólo quiero decir que llueve, que entra dentro de lo normal, sino que desde que se hundió Capri en las aguas de Mediterráneo y acabó para mí, los cielos suelen ser grises al otro lado de mi ventana, aunque a veces surgen rayos fugaces de sol que calientan mi cuarto. He recibido un premio Corazón salvaje de mi querida Lula Fortune, acompañados de unas palabras preciosas dedicadas a mí. No puedo olvidar dejar constancia de este amable gesto y darle las gracias por su afecto y fidelidad a esta isla inhóspita. Por eso, luzco ese corazón orgulloso, junto al mío y le dedico esta canción lluviosa que siempre me hace sonreír en tardes como hoy.


domingo, 26 de octubre de 2008

El tiempo cambiado

No hubo tiempo alguno en que no hubiese tiempo.

Estoy en 5 minutos, aunque esto no signifique nada, porque esos 5 minutos pueden ser 5 y parecer 5 horas o 5 siglos. Tic tac, tic tac, insoportable sonido que no cesa. No hay nada que pare el tiempo, sea una hora ligera o pesadas gotas de tiempo que caen lentamente. Días, horas, minutos, segundos, décimas o milésimas de segundo, todo en una irrefrenable cadena que no tiene fin. Ni la vida detiene el tiempo, porque nuestro tiempo puede acabar pero la vida sigue para el resto. El paso del tiempo nos envejece, oxida nuestras células y las va matando progresivamente, interesante milagro biológico, que se ha repetido de generación en generación y lo seguirá haciendo. Pasado, que guardamos en una caja de plomo dentro de nuestra cabeza, presente instantáneo que cuando lo procesamos ya no es presente y futuro que no llega. No hay flashbacks como en el cine, ni hay botón de pause. Nada detiene esta línea que como un raíl de tren sigue su viaje implacable. No quiero ni hacer referencia al llamado tiempo interior, que es solamente una patraña propia de filósofos y poetas. El tiempo real lo marca el reloj, da igual si es el único con el que contamos o si tenemos todo el tiempo del mundo. Su trabajo es hacer pasar el tiempo por su esfera y nada más, sin responsabilidades de ningún tipo.

Esta madrugada hemos cambiado en Europa al horario de invierno. Los días se hacen más cortos en pos del ahorro de energía o eso nos dicen. Es curioso como este día al año retrasamos sin ningún rubor una hora de nuestros relojes para darnos cuenta de que el tiempo no es nada, lo hemos inventado nosotros. Los relojes marcan la vertiginosa sucesión de segundos. 31.556.952 segundos al año. Una vida de 80 años son 2.524.556.160 segundos. Cifras sin sentido porque muchos segundos son desperdiciados, enviados al pasado como los desperdicios de la comida a la basura. Marcamos límites temporales, llevamos un horario, miramos el calendario para citas y aniversarios. Estamos condicionados por el tiempo y por más que queramos que pase rápido o lento, el tiempo no se detiene. Dueños o esclavos, todos, de este singular sistema.


Vídeo: lo mejor para dejar pasar los segundos es disfrutar de canciones como ésta: Just in time de Nina Simone, en directo, en The Village Gate de Nueva York (1961).

domingo, 21 de septiembre de 2008

El otoño

El otoño es un andante melancólico y gracioso que prepara admirablemente el solemne adagio del invierno.


Otoño de hojas caídas, de parques de caminos interminables, otoño melancólico, de luz mínima, de eternas parejas al contraluz. Otoño de tópicos, de castañas y nueces, de canciones tristes. Otoño de tímidos fríos, de lana en la piel. El otoño que cada año viene y viene con su eterno retorno, con sus tardes cortas, con su rutina, con su mirada perdida. Como las aves migratorias, cada año es lo mismo: el otoño reflexivo. Con recuerdo, buscas en tu mente viejas glorias, momentos que se quedaron entre las páginas de los álbumes de fotos o incluso respiras aliviado porque algo no se volvió a repetir. Vemos pasar, temerosos, las estaciones sin darnos cuenta que en ellas está la vida, que los niños tienen que crecer, que el otoño no es más que una estación de paso y que aún debemos esperar el destino.
El otoño siempre debería existir antes de un invierno. Nos hace pararnos y reflexionar en lo venidero, en que lo más duro está por venir. La sabia natura ha sabido hacerlo muy bien, las sorpresas desagradables lo son menos si estamos preparados. Pero los divinos humanos no siempre imitamos a la naturaleza y esto no siempre es así. Tenemos inviernos, todos los días, sin previo aviso, con lluvias o con sol. Esto es lo que debería preocupar, esto es justo lo que nos debe entristecer, no cuando aún no ha llegado, sino cuando ya está aquí. Si hay algo que el otoño me ha hecho aprender es que tanto los lamentos como las alegrías deben estar en su sitio, nunca antes. Mañana, día 22 de septiembre, a las 17:44 llega el otoño en el hemisferio norte. Una hora idónea para tomarse un buen café, sentarse y pensar.


jueves, 4 de septiembre de 2008

El amor es ruido

I was blind - didn’t see
What was here in me
I was lost - insecure
Felt like the road was way too long.


El amor es ruido, el amor es dolor. El amor es un campo de batalla, donde todo vale. El amor es tristeza, que sentimos una y otra vez. El amor persiste con el paso de los años, o no es amor. El amor es la verdad, el sentimiento que no es egoísta, que nos mejora. Sin embargo, por amor se mata, y por amor, también se muere. Es abierto y nos hace hacer cosas que nunca hubiéramos imaginado ni en nuestros sueños más bizarros. Evoluciona, nos eleva y llega un momento en que se quiebra, destruyendo todo lo que creó. El amor se esconde entre nubes, en las esquinas de la ciudad y hay personas que nunca lo encontrarán. Son personas que están ciegas, aunque sus ojos funcionen perfectamente. El amor es (o puede) ser sublime, pero nos empeñamos en vulgarizarlo hablando siempre de él, invocándolo. El sentimiento se transforma en sentimentalismo. Dicen que todas las canciones hablan de amor, puede ser, porque la música se lleva bien con él. Le da melodía a nuestra historia. Entonces, ¿el amor lo es todo? No sé si todo, pero sí que se ha descrito con todos los calificativos del mundo.

The Verve vuelve en un momento en que todos vuelven. Parece como si la música se hubiera quedado sin ideas y los que pensaron que ya lo habían hecho todo, descubre por arte de birlibirloque que aún tienen más que dar (o más que cobrar, nunca se sabe). Vuelve con pop, en el mejor sentido de la palabra, de ese del que los ingleses son inventores y genios. Y dedican su primera canción al amor, el tema por excelencia de todo popero que se precie. Cantan al amor ruidoso, dolido, nada mojigato (porque con la cara de Richard Ashcroft no se puede ser mojigato). Love is noise abre su disco Forth (2008) con muy buena pinta. Me recuerda a las canciones del Britpop de los 90, que tanto disfruté y que hecho un poco de menos. Se ha colocado en lo alto de las listas británicas y me alegro mucho (En España es impensable que un grupo así lo haga, porque ese puesto parece reservado para triunfitos y demás fauna). Os dejo el vídeo para que disfrutéis del amor con esta banda sonora.

viernes, 15 de agosto de 2008

Carmensita

Si la noche te persigue,
entrégate a ella.
O dile que tienes
dolor de cabeza.


Esta es una historia muy antigua, sucedida en el hermoso reino de Hraminah. El malévolo Lord Rajah que había conseguido el poder por sus artes mágicas, mantenía prisionera a la bella princesa Carmensita Saplingita. Mientras tanto el príncipe destronado buscaba la oportunidad de recuperar su reino y su amada. Ésta cantaba cada noche su desgracia y esperaba que al tercer eclipse su amor volviera para rescatarla de la garras de Lord Rajah que iba a desposarla. La tristeza ante esta idea fue tal que las lágrimas de la dulce Carmensita formaron un río por el que el príncipe nadó y llegó a palacio. El malvado Rajah, enfurecido, ordenó a su aguerrida guardia que acabara con la vida del príncipe, sin saber que en su exilio había alcanzado el noveno círculo de sabiduría y su fuerza era sobrehumana. Consumido por la ira, Rajah bailó la danza cósmica de la creación y la destrucción y se transformó en un demonio de nueve cabezas. Sin embargo, los dioses se apiadaron del valiente príncipe y con las luces de sus auras fulminaron a Rajah. Los enamorados tras una feliz boda vivieron meses de felicidad administrando con justicia su reino. Pero su destino era otro. Kālī, la diosa de la destrucción y el cambio, celosa con la pareja, tentó al joven príncipe con el alfabeto del deseo. Éste cayó en una espiral de sexo y vicio. Carmensita, traicionada, se consumió en el fuego de su dolor y murió, reencarnándose en pulpo. Cuando se dio cuenta de su error, el príncipe nunca más se separó de este pulpo, con el que vivió el resto de sus días.

Devendra Banhart, músico estadounidense, criado en Venezuela, es tan curioso como su nombre hindú. Hace folk, folk indie, freak folk, folk psicodélico o como le quieran etiquetar, porque nunca hay que fiarse de estas etiquetas. Consigue dotar a su música de un gran sentido del humor y un ejemplo buenísimo es esta canción Carmensita del disco Smokey Rolls Down Thunder Canyon (2007). El vídeo, protagonizado por Natalie Portman, recrea la atmósfera de esas infumables pero graciosísimas películas del Bollywood de los años 60 y 70. Colores chillones para un cuento de hadas bajo la mirada de los tres ojos de un Shiva de cartón piedra.

viernes, 8 de agosto de 2008

China

¿China? Ahí yace un gigante dormido. ¡Déjenlo dormir!
Para cuando despierte, él moverá el mundo.


Busqué a China, pero no la encontré. Encontré farolillos rojos, pato laqueado y pequineses de chato morro. Había a mi disposición rollitos de primavera y cerdo agridulce en delicada porcelana, que engullía creyéndome que el gran dragón me engullía a mí, pero no fue así. Quise aprender el ancestral taichí, asistir a la Ópera de Pekín. Quise entender los trazos de tinta sobre el papel. Quise acariciar la seda sobre la piel blanca. Visualice gracias a la meditación shaolin una por una las piedras de la Gran Muralla. Seguí a Confucio, a Buda, a Mao... a cualquiera que con sus ojos rasgados pudiera darme la llave de la Ciudad Prohibida. Pero mi mentalidad occidental, colonizadora y pragmática me impidió llegar hasta ella.

La esencia de China no estaba en las figuritas lustrosas de jade, ni en el brillo de los muebles lacados, ni en río Amarillo, ni en la anciana terracota de los guerreros. China no era el rojo comunista de su bandera, ni la austera Tian'anmen, ni los rascacielos relucientes de Shanghái, ni los esforzados arrozales, ni siquiera el gigante dormido de Napoleón. China siempre ha sido lejana y misteriosa; esa era la China que Occidente admiraba, nuestra antagonista. Como un ideograma enorme e incomprensible, se alza hoy reclamando su sitio, exhibiendo su cultura y sus logros, reivindicando su futuro. Pero los siglos de ausencia no se pueden obviar. Quizá es ese país desconocido el que quiero encontrar, donde todo es distinto, donde todo es una sorpresa. Probablemente sólo exista en mi imaginación. De momento, me conformaré con admirar las sombras chinescas, lo que parece pero no es.

Imagen: Detalle de la Ciudad Prohibida, Pekín.
Vídeo: Música tradicional china con imágenes del país.

domingo, 22 de junio de 2008

El verano

Uno no descubre tierras nuevas sin consentir perder la vista de la playa durante algún tiempo.

Leo la última frase de la página. Hojeo las siguientes con desgana y cierro el libro. Lo dejo a un lado y me tumbo por completo en la toalla. Cierro los ojos. El sol me hace ver extrañas figuras con los ojos cerrados. Los vuelvo a abrir. Observo los granos de arena, la larga fila infinita, unos encima de otros, apelotonados, que intentan invadir mi toalla. Si te fijas atentamente, cada grano es único, diferente al siguiente. Miro al ras mi mano y tres granos de arena en su dorso forman un triángulo, minúsculo, imperceptible. Me concentro en ellos como si fueran un pequeño acertijo. Oigo el rumor de las olas estrellándose contra la orilla. Me relaja. A veces, este sonido se interrumpe por los gritos de alegría de los niños jugando con la arena o la conversación musitada de una pareja cercana. Noto como el sol poderoso toca mi piel, la enrojece, la reactiva. Una sola nube blanca pasea por el cielo, completamente celeste. En mi frente, una gota de sudor rezuma y cae con estrépito sobre la toalla. Hace calor. De un salto me levanto y me dirijo decididamente hacia el mar. Uno, dos, tres, cuatro grandes pasos y sumerjo mi cuerpo en el agua. Abro los ojos, siempre abro los ojos bajo el agua. Ahí abajo no hay gritos playeros, ni tormentas de verano, ni incómodos sofocos, allí sólo hay calma, calma con sabor a sal.

Ayer, 21 de junio, a las 01:59, llegó el verano al hemisferio norte. Es la estación más larga del año. Dura 93 días y 15 horas. Disfrútenla porque se puede hacer muy corta. ¡Feliz verano!

Janis Joplin - Summertime
Directo en el Gröna Lund de Estocolmo en 1969.

domingo, 15 de junio de 2008

Expo Zaragoza 2008

And it's a hard, it's a hard, it's a hard, it's a hard,
it's a hard rain's a-gonna fall.


El agua es la vida, no invento nada. Sin ella no podemos sobrevivir, bebemos de ella y somos ella. Como las cosas importantes, nos damos cuenta de su valía sólo cuando nos falta. Sea agua dulce, salada, mineral, de lluvia, de pozo, sea sobre la hierba, en una botella o en un lago, el agua nos da fuerza, la necesitamos. Por eso, debemos cuidar el agua, como se cuida de lo más preciado. Y en una Tierra cada vez más poblada, el agua siempre escasea. Estamos tan acostumbrados a abrir un grifo y que el agua mane sin preocupación, que no nos acordamos de lo que cuesta que llegue a nosotros. Desde las nubes, nos alivia el ambiente que nuestra inconsciente contaminación produce. Satisface a las plantas y animales que se convertirán en nuestros alimentos. Calma nuestra sed. Limpia nuestra ropa, nuestra piel. Sin ella, somos desierto. Por eso, más que el agua se merezca una exposición, nuestra consciencia necesita un recordatorio. No podemos dejarlo correr.

El 14 de junio de 2008 se inauguró la Exposición Internacional de Zaragoza cuyo lema es Agua y Desarrollo Sostenible. Durante 3 meses, se dedicará un recinto entero a explicar la necesidad y la función del agua y los métodos para protegerla. Los diferentes países mostrarán al público su visión del precioso líquido. No sé sabe si las buenas intenciones de un acontecimiento multitudinario como éste luego se verán reflejadas en la realidad, pero puede ser un punto de partida interesante para reflexionar y concienciarnos sobre la importancia del agua. Cuidar del agua y su reparto equitativo debería ser uno de los puntos destacados de la política de todos los estados. Digo debería ser porque actualmente no lo es, sólo esperamos a la suerte de la lluvia, sentados, sin hacer nada. Si persistimos en esto, moriremos de sed en un planeta seco, yermo, sin vida.


Vídeo: Canción oficial de la Expo Zaragoza 2008: Amaral - Llegará la tormenta.
Imagen: Torre del Agua en la inauguración de la exposición.

domingo, 25 de mayo de 2008

Eurovisión 2008: la Gran Madre Rusia

Cause I’ve got something to believe in

Believe (Dima Bilan, 2008)

Ganó Rusia. La Gran Madre Rusia, aunando a sus hijos sobre su regazo, se llevó el premio. Lo decían muchos y se cumplió, no era casualidad que Rusia llevara algunos años rozando el primer puesto. Iba con toda su artillería para arrasar en Europa. Los más críticos dirán que votan siempre a los mismos, pero en ese caso saldría siempre el mismo ganador y cada año es uno distinto (por ahora). Eso sí, se cumple las pautas, los diez primeros puestos con distinto orden se reparten la clasificación y los países de Europa Occidental no tienen nada que rascar y tienen su Eurovisión propia para eludir el último puesto. Cosas de vecinismo geográfico, la afinidad cultural o vete tú a saber. Hablando de canciones, ha habido de todo, las clásicas baladas un poco ñoñas, las chicas cañonazos contorsionándose como lagartijas con sus lentejuelas, los bailecitos imposibles, los raros, la cuota hortera... Me divierte todo eso, unido como un guiso, aunque claro está, sólo para comer una vez al año. Las canciones de esta Eurovisión han muerto la noche de la final pero cumplieron su función efímera de entretener por un día. En 2009, vendrán más y ocurrirá un poco de lo mismo, siempre con alguna sorpresa para que el espectáculo no decaiga. Pero así es el juego y el sábado desde el Kremlin, Putin se habrá sentido por un momento el zar de todas las Rusias con Europa rendida a sus pies. Ya me hubiera gustado a mí verle la cara de satisfacción en ese momento.

viernes, 23 de mayo de 2008

Eurovisión

Good evening Europe, this is Madrid calling. Here are the results of the spanish votes...

...et finalement, Royaume-Uni, douze points (léase ...e finalmon, guayominí duce puá). Durante años fue la única forma en España de oír hablar en la tele en inglés o en francés o de escuchar algo relacionado con Noruega o Finlandia, por ejemplo. Siempre he asociado Eurovisión con la risa y creo que ese escaparate divertido aún está vigente. No estoy de acuerdo con esos que le auguran un triste final, hoy hay más países que nunca y las audiencias siguen siendo enormes. Tampoco con los que critican la falta de calidad, hay que ir caso por caso, yo nunca suscribiría por completo ninguna lista de éxitos musicales. No puedo dejar de relacionarlo, asimismo, con mi infancia, cuando me sentaba a ver las votaciones en las que conectaban por teléfono desde lugares tan desconocidos para mí como Ankara, Nicosia o Reikiavik. Y es que lo de menos era la música, eso es lo que pensaba en aquellos tiempos y aún lo sigo pensando un poco. Eurovisión es pura geoestrategia europea, el bloque ex-soviético, el balcánico, el nórdico, el báltico... y un muestrario de modas de cada país, se lleva lo folk, lo exótico, la balada... Cada país se pone su mejor máscara para que el resto vea la armonía y prosperidad de su nación, aunque esté comido por los problemas. Pero Eurovisión es así, ya van 53 ediciones, este año se celebra en Belgrado con record de participación: 43 países!!! desde el Cáucaso más pegado a Asia hasta las costas atlánticas más occidentales. Luego se dirá lo de siempre, que es imposible ganar esta especie de caos multinacional, pero es que es difícil poner de acuerdo a 43 personas, imagina 43 países tomando una decisión. Después de dos semifinales para hacer criba de este enorme número de canciones, han quedado 25 en una final este próximo sábado en la que se batirán el cobre. No pienso hacer pronósticos, aquí cada cual va a su aire, las casas de apuestas, los llamados "eurofans", las encuestas de internet... Sólo voy a poner el vídeo de mi favorita. No ganará, estoy seguro, ni siquiera quedará bien, pero me gusta su ritmo. Que la disfruten...



Vídeo: Francia - Sébastien Tellier - Divine

martes, 6 de mayo de 2008

El juego más agridulce

Si sólo hubiese una nota, no habría música. Si sólo hubiera un sabor, no habría satisfacción. Si se añade azúcar al vinagre, se alcanzará la armonía universal de lo agridulce.


A veces descubres por casualidad alguna canción de la que piensas: ¿cómo es posible que no la hubieras escuchado antes? Conectas inmediatamente. Te da curiosidad. Luego sigues indagando y encuentras un disco entero con el que te das cuenta de que esa música no es sólo la de una flauta soplada por un burro. Cierras los ojos y sonríes satisfecho, porque es lo que necesitabas en un determinado momento. Eso me ha ocurrido con el grupo Bitter:Sweet y su disco The mating game (2006). Muy alejados de lo que se suele escuchar proveniente de Estados Unidos, Bitter:Sweet suenan como a una caricia. Una voz femenina sensual, serena, que podría escuchar Tom Ripley en una terraza de Capri, con un cóctel en la mano o James Bond con el smoking blanco sentado frente a una de sus chicas. Hay en sus canciones mucho de bossanova, de jazz, de chanson, mucho de los 60 pero también de electrónica y de trip-hop. Son retro pero sin caer en el pastiche, sin ser ridículo. Son nostálgicos sin ser relamidos, suaves sin ser cursis y tremendamente evocadores. ¿Y no es evocar la función principal de la música? Ellos eligieron bien el nombre de su grupo, porque hacen música dulce pero con un punto amargo, no son del todo naíf, ni del todo descreídos, eso me gusta. Os dejo The mating game, la canción que me los descubrió. Espero que conectéis como yo con ella o al menos disfrutéis escuchándola.