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domingo, 8 de noviembre de 2009

La caída del muro

¡Nosotros somos el pueblo! ¡Que caiga el muro!

Manifestaciones en Leipzig (sept-oct. de 1989)

Hay símbolos que parece que van a durar eternamente, hasta que llega un día en que se resquebrajan y caen, y con él todo lo que significaban. El muro no sólo separaba una ciudad, sino dos mundos que estaban condenados a no entenderse, pero que podían hacerlo. El hormigón, el alambre de espino, los guardias resguardaban el infierno con su enfadado semblante. Era una división hecha pared, roca contra la que se enfrentaban los atrevidos, hierro que supuso frío y muerte. Muchos nacieron con su furioso ceño vigilante, por eso es normal que no creyeran que se podía vivir sin él. Muchos tiñeron de sangre sus paredes. Muchos soñaron con que se desmoronaba y pudieron comprobar como ese sueño se hacía realidad. Supongo que hubo también quien quería verse atrapado bajo la sombra del muro. Pero por fin llegó el día deseado, en que la sinrazón no se soportaba más, que los cimientos cedieron ante los gritos y se cambiaron alambradas por abrazos. Ese día no fue el fin definitivo del muro. Ya no existe físicamente, pero sí en el interior de las personas. Berlineses o no, cada día hay que luchar contra el muro que alzamos, contra el que nos separa, que nos divide, que nos acribilla.

Noche fría de noviembre en Berlín, picos, mazas, martillos y piquetas acabaron con los más de 28 años de vergüenza del muro. Una noche feliz de reconciliación entre los mismos berlineses que fueron durante esos años enemigos irreconciliables. Miles de personas consiguieron traspasar su férrea guardia y unos 200 murieron intentándolo. Tras su caída, el Telón de Acero fue oxidándose y sus países como piezas de dominó terminaron por caer. 20 años después, su recuerdo sigue presente en muchos otros muros construidos o que se planean construir, que intentan contener lo incontenible: el ansia del ser humano por vivir, por escapar, por alcanzar una libertad pisoteada por la mente perversa del poder. Hoy aún existen muros visibles e invisibles ante nuestros ojos. Muros que deben caer, muros que tenemos que derribar.

domingo, 17 de mayo de 2009

Eurovisión 2009

I'm in love, with a fairytale
even though it hurts.

Fairytale (Alexander Rybak, 2009)

Se acabó la fiesta, se apagaron las luces, las voces. Moscú se quedó en silencio. Los fuegos de artificio, las lentejuelas, los gritos, las banderas pasaron. Ya forman parte del recuerdo. Un año más. Esta vez, unánimemente, se eligió al ganador, Alexander Rybak, que representaba a Noruega. Quizá sea la hora de la reflexión, del análisis de las votaciones, de arañar el significado de cada voto, pero creo que una vez pasado todo el festival, todo lo que se pueda decir es inútil. Podremos decir lo que queramos, pero finalmente si entramos en el juego, después no podemos quejarnos del resultado. Eurovisión reúne un poco de todo cada año siempre dando una vuelta de tuerca para no aburrir a nadie. Así que, hubo música, espectáculo, vecinismo, votaciones justas e injustas, como cada edición y emoción, aunque quizá este año menos ante la aplastante rotundidad del ganador noruego. Así es el juego, un divertimento para pasar una noche divertida, oyendo canciones y artistas que jamás hubieran traspasado sus fronteras de no existir este concurso musical. Pero claro está que en Eurovisión sólo una canción gana y el resto son perdedoras, clasificadas mejor o peor, para el que le importe eso. Al menos oficialmente así es, porque la música tiene el enorme mérito de tocarnos a cada uno de una manera diferente. Así cada cual tiene su propio ganador, sin premios, ni trofeos, nada más que simples baratijas que no tienen valor alguno. No queda más que dar la enhorabuena al campeón y a seguir viviendo y escuchando.

viernes, 27 de febrero de 2009

La camiseta viajera

Se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte.


Düsseldorf, Hanna F. de 28 años ha discutido con su novio, algo que va siendo habitual últimamente. Es difícil combatir la rutina y ellos han entrado en ese círculo. Para calmar sus nervios, decide ordenar los armarios. Olvidada detrás del montón de ropa, rescata una camiseta que hacía tiempo que no veía. Era la primera camiseta que su novio dejó en su apartamento. Esta camiseta, junto a cepillo de dientes, evitaban la incomodidad de traer la maleta cada vez que pasaba la noche con ella. Fueron los primeros de una serie de objetos que iría dejando posteriormente. Ahora su pequeño salón está salpicado de enseres suyos y su armario contiene ropa masculina. Como pequeña venganza por el día que le había hecho pasar, hizo una bola con la camiseta y la lanzó a la bolsa de basura con el resto de ropa que ya no usaba. Al cabo de una hora, soltó esa bolsa con una sonrisa en el contenedor de reciclaje que estaba en la esquina de su calle.

Bremerhaven, Zeynep T. de 57 años trabaja en una fábrica de reciclado de textiles desde hace 5. Es un trabajo aburrido, consiste en abrir cajas llenas de ropa que llegan en grandes camiones e ir seleccionando en montones según la calidad. Con el tacto ya ha aprendido a saber si una prenda es buena o no. Ese día, le duele la cabeza y no tiene muchas ganas de trabajar, pero no se puede permitir el lujo de perder este empleo. Necesitaba el dinero. Su hijo menor, que aún vive con ella, acababa de ser despedido y su hija y su nieta también se ha instalado en su piso por una temporada, huyendo de su marido. En estas preocupaciones pasa su jornada. Ese día, apartó una camiseta que estaba como nueva, porque disimuladamente suele esconde alguna ropa que le gusta para llevárselas a casa. Se la ajusta a su cuerpo para ver si podría ser la talla de su hijo, pero cree que es grande. Su hijo está más flaco últimamente. La deja en el montón correcto y sigue trabajando.

Yaundé, Hortense M. de 25 años carga con fardos. Acaba de comprar una caja de ropa a un mayorista y se dirige a las afueras. El Mercado Madagascar donde siempre vendía está imposible y prefiere buscarse la vida en los barrios que rodean la ciudad para la gente que no puede desplazarse. Esto le obliga a llevar todos los días pesados bultos sobre su espalda. Cuando llega a una especie de claro que se forma entre las chabolas, deshace los fardos y sobre una sábana va colocando una a una las prendas. Como no permiten elegir la ropa, sólo espera que la caja que ha comprado contenga artículos de buena calidad. Una vez instalada, planta una sombrilla y espera a que vengan las clientas. Ese día vende poco, no ha merecido la pena la caminata. Al final del día, una mujer coge una camiseta. Toca la tela tímidamente. Hortense está cansada para regatear, así que le hace muy buena oferta. La mujer saca unos billetes arrugados que ésta guarda. Mientras termina de recoger todo, piensa donde irá a vender al día siguiente.

Yaundé, Paul N. de 16 años vuelve a su casa. Lleva todo el día descargando fruta y le duele la espalda. Pronto se dio cuenta de que tenía que conseguir un sueldo para ayudar a su madre y así va pasando de un trabajo a otro. Hoy carga, mañana hace recados y los malos días se dedica a dar vueltas sin saber que hacer. No consigue mucho dinero, pero hoy además le han dado una bolsa de fruta. Cuando entra en su casa, saluda a su madre y le da la bolsa. Ella sonríe porque la comida siempre viene bien y son muchas bocas que alimentar. Pronto se apresura a darle una camiseta que ha comprado, con el dinero que sacó de vender a una vecina la yuca que su hijo le trajo la última vez. Paul se sorprende. La necesitaba porque la que lleva puesta está hecha jirones. Huele a limpio y le queda como un guante. Sobre su cuerpo, su nueva camiseta le recuerda una idea que lleva tiempo rondándole en la cabeza: dejar su país y emprender la marcha al norte, a Europa. Sabe que su madre se disgustará, pero al menos podrá ayudarla en condiciones.

jueves, 28 de agosto de 2008

El ocaso de Pompeya

Todo yace sumergido en llamas y triste ceniza. Ni los dioses hubieran tenido poder para hacer algo parecido.


No podía durar mucho tiempo. Nuestro fin estaba escrito en las rocas del interior de la Tierra. Pero no pensé que me iba a tocar a mí. Yo, que soy un honrado artesano, que nací bajo la sombra del gran Padre Vesubio y que no tengo nada que ver con los sucios burdeles, ni con el culto a Baco, voy a sucumbir bajo la nube de polvo y muerte que sale de su caldera. Él, el que dio sombra a Pompeya, el que concedió fertilidad a la tierra hasta convertir el vino de sus laderas en néctar divino, hoy, cansado de nuestros abusos, hará caer su cólera sobre nuestras desdichadas osamentas. Ni el auxilio del Apolo, cuyo carro ha desaparecido bajo la niebla de fuego, ni el más poderoso rayo de Júpiter contendrán la furia del monte, que ruge en sus adentros, dando la voz de aviso a los que serán sus víctimas. No queda nada más que hacer, ni ruegos, ni quejas, ni apenas lágrimas. Pompeya pagará sus pecados bajo la ceniza purificadora del infierno. La ciudad, que miraba altiva, luciendo su prosperidad, quedará enterrada por el fuego y la piedra, extinguida como una plaga. La Humanidad enterrará también su recuerdo. Nunca nadie volverá a acordarse de Pompeya.

Pero se equivocaron los que pensaron así, Pompeya volvió a nacer a finales del siglo XVIII con el inicio de la Arqueología moderna. Nació una ciudad totalmente detenida en el tiempo, justamente el 24 y 25 de agosto del 79 dC. Surgieron de repente, casas, tiendas, templos, esculturas y frescos, como nunca se habían visto antes. Con toda su fuerza originaria rescatada de entre las cenizas, Pompeya se convirtió en un símbolo, muestra del urbanismo romano y de su forma de vida, cuestiones difíciles de estudiar cuando se trata de civilizaciones antiguas. Hoy, 1979 años después, Pompeya se prepara para una nueva erupción, que esta vez supondrá la destrucción definitiva de la ciudad. No será el Vesubio esta vez, sino el dinero. Es curioso que en la ciudad donde se encontró una inscripción que decía Salve, lucrum (Bienvenido, dinero), el turismo descontrolado y la falta de mantenimiento terminen por acabar con ella. Cada año se pierden al menos 150 m² de frescos y yesos y unas 3000 piezas de piedra acaban desintegrándose. El gobierno italiano ha declarado el estado de emergencia en el yacimiento, que paradójicamente lleva a cabo medidas de restauración desde 1978. Se pierde lo ya excavado, pero también el tercio que queda sin hacerlo al ser usado como vertedero ilegal de las basuras excedentes de Nápoles. Pompeya vuelve a estar en manos del destino. Alea jacta est.

martes, 19 de agosto de 2008

El final de la primavera

Nuestra desgracia servirá para iluminar al mundo.


Hubo un lugar en 1968, donde la primavera no terminó hasta el mes de agosto, una primavera excepcionalmente larga. Fue en Praga, en la extinta Checoslovaquia. Sin aviso previo, las flores, que aún no se había marchitado, soportaban estoicas los meses. Las personas de la calle celebraban las agradables temperaturas, aún con la extrañeza de que el pesado verano no cayera sobre ellos. Se organizaron bailes populares y la alegría se apoderó de la ciudad. Pero ya entrado agosto, la situación se estaba prolongando demasiado. Un sesudo comité en Moscú decidió que la primavera en Praga debía terminar. Sería por decreto si hacía falta. Daba igual que el ardiente sol no luciera o que las flores surgieran en cada pedazo de tierra. Podría ocurrir que la primavera se contagiara al resto de países y esa posibilidad no podían consentirla más tiempo. El 20 de agosto de 1968, la persistente primavera fue fulminada a golpe de tanque. Se pisotearon las flores, ráfagas de fuego soviético surcaron el cielo, intentando parar la suave brisa primaveral, los praguenses fueron obligados a bañarse en las aguas del Moldava como ocurría cada verano y finalmente las tropas impusieron el curso normal de las estaciones. En la calle se rehuía hablar de la larga primavera, nadie se atrevía ni siquiera a citarla aunque en el fondo todos sabían que el verano impuesto también caería, como caen todas las estaciones, sólo era cuestión de tiempo.

Pero como las imposiciones no convencen a todos por completo, algunas personas seguían sin ver el verano por ningún lado. Es más, la primavera se les instaló en el corazón de tal manera que eran incapaces de sentir ni calores agobiantes, ni fríos extremos. Nadie comprendía su situación, como aquejados de una extraña enfermedad, ni en su propia ciudad, ni en el Este, ni en el Oeste. La mayoría de éstos, enterraron su sentir por miedo a ser rechazados, otros huyeron, buscando aires nuevos. Ninguna opción era fácil. Sin embargo, Jan Palach, estudiante de 20 años, optó por el camino más crudo. Sin poder resistirlo más, el 19 de enero de 1969 prendió fuego a su cuerpo a los pies de la escalinata del Museo Nacional de Praga. El 25 de febrero, otro estudiante, Jan Zajíc, hizo exactamente lo mismo en el mismo lugar. Sobre los adoquines, dos cuerpos calcinados demostraron al mundo que hay estaciones que anidan dentro de nosotros, bien sean melancólicos otoños o resplandecientes primaveras y que éstas nunca finalizan. No hay bombas, ni represiones, ni tanques, ni torturas que acaben con ellas.

1ª imagen: Almendros en flor frente a la iglesia de San Nicolás de Praga.
2ª imagen: Monumento conmemorativo a Jan Palach y Jan Zajíc, en la plaza Wenceslas de la capital checa.

martes, 5 de agosto de 2008

La verdad al desnudo

Quien quiera enseñarnos una verdad, que no nos la diga: que nos sitúe de modo que la descubramos nosotros.


La verdad duele pero también nos hace libres. Con la verdad, uno se siente más seguro, sin nada que esconder, sin ataduras. Eres honesto si sigues a la verdad. Pero a veces se nos presenta la verdad velada, sin poder apreciarla en todo su esplendor. Vestida con ricos ropajes que distraen de la piel desnuda. La verdad adornada, la media verdad, que es frecuentemente más peligrosa que la mentira. Esta verdad vestida nos manipula, nos presiona para que actuemos en su defensa, sin saber que es torticera y egoísta. Por eso debemos procurar arrancar la ropa a la verdad, que con sus pechos al aire nos indique el camino. Luego uno puede elegir si seguirlo o no. En eso, cuenta también la libertad, la propia capacidad de decisión.

Que mejor idea que utilizar la reproducción de la pintura La Verdad desvelada por el Tiempo (Giovanni Battista Tiepolo, 1743) como fondo del lugar donde se conceden las ruedas de prensa de un gobierno. Es el lugar indicado donde un político debe decir la verdad y así lo pensaron en Italia. Pero La Verdad del cuadro de Tiepolo ahora parece no gustar al gobierno de Berlusconi, porque es una Verdad muy impúdica y muy ligera. ¿Qué va a pensar el pobre espectador italiano si ve un pecho junto a la cara del presidente? A ver si cree que el gobierno italiano se reúne en algún lugar pecaminoso... Pues la solución es simple. Nada de cambiar el enfoque de la cámara, lo mejor es proveer a la Verdad de un mojigato velo que tape sus turgencias. Como en la vieja historia de Il Braghettone, que tapó los desnudos de El Juicio Final de la Capilla Sixtina, Berlusconi se ha colocado la mitra papal y se ha erigido en sumo pontífice de la decencia. Menos mal que Italia lo tiene a él. Desde luego, el siglo XVIII fue un pozo de libertinaje. Este Tiepolo era un lascivo y no se puede consentir a estas alturas. Tomemos ejemplo en España y vistamos los desnudos cuerpos que Tiepolo nos dejó pintados en los techos del Palacio Real, no vayamos a pervertir a los turistas japoneses que lo visitan. Guardemos la moral, que un pecho es un pecho, aunque sea de la Verdad. Ahora me voy un rato a la playa a lapidar mujeres en top less, que ando aburrido.

Imagen: Original de La Verdad desvelada por el Tiempo, que se conserva en el Museo Civici de Vicenza.

martes, 27 de mayo de 2008

Estrellas cosidas a la ropa

Como niños que creen en la vida,
muchos se estremecen ante el espectáculo de la nieve
en un extraño país
necesitando algún tiempo para comprender
la clase de frío que les asalta.

Max Frisch (sobre los inmigrantes italianos en Suiza)

Italia recibió a los artistas venidos de todo el mundo durante el Renacimiento, era el destino del Grand Tour para los ingleses en el siglo XIX que llegaron a formar colonias en ciudades como Florencia, reunía a los excéntricos ricos de la Jet Set internacional en la Costa Esmeralda o Amalfitana y millones de turistas recorren cada año sus calles y plazas. Pero parece que el Gobierno de Silvio Berlusconi, recientemente elegido, busca que los extranjeros lleguen a Italia, consuman, compren postales y se vayan. Han decidido que no se puede aguantar más con tanto inmigrante ilegal, que además no son rubios ni con ojos azules, ni siquieran traen dinero. Lleguen en patera o en avión, los que no tengan papeles serán delincuentes y como delincuentes serán expulsados del país. Además los que se atrevan a alquilar alguna vivienda a éstos, correrán la misma suerte, el delito, por favorecer la estancia de los indeseables. Es que ya no se puede pasear por las calles de Roma...
En Nápoles tienen otro problema, hábilmente solucionado por el gobierno del empresario. Hay asentamientos de gitanos rumanos, que claro, afean el entorno y encima nadie conoce de que viven, seguramente de robar. Una cosa es la Camorra, que es de allí y otra, estos rumanos. Los gitanos tampoco son rubios y visten con harapos. Para eso, el gobierno controlará los poblados para que no salgan a relacionarse con los napolitanos. Es mejor que estén vigilados por lo que puedan hacer, está claro. Si incumplen las leyes, pueden ser detenidos y conminados en centros de detención durante 18 meses. Espero que la UE no se ponga pesada y esgrima la libertad de movimiento que tienen declarada todos los ciudadanos incluidos los rumanos; éstos que se muevan por donde quieran pero no en Italia. Yo, desde aquí, además, propondría a Berlusconi que hiciera algo con el atuendo de los gitanos que da muy mala imagen, que luzcan algo distintivo para que la población de bien los reconozcan, no sé, estrellas de diferentes colores, triángulos o brazaletes cosidos a la ropa. Como algún gitano de esos puede que no tenga los rasgos que denoten su raza, el sistema de clasificación sería muy buena idea. Así todos estarían más tranquilos sabiendo quienes son. Y si viven todos en un mismo sitio, también mejor, que nunca se sabe que puede ocurrir.

La Historia de la Humanidad es la historia de los movimientos migratorios. La emigración italiana ha sido un caso singular, se estima que desde fines del siglo XIX hasta los años 70 más de 30 millones de italianos salieron de su país en busca de nuevas oportunidades laborales, fundamentalmente a Estados Unidos, Argentina, Brasil y Centroeuropa. En la actualidad, hay aproximadamente 15,7 millones de italoamericanos y entre 15 y 20 millones de argentinos que en distinto grado tienen también esta ascendencia italiana. Menos mal que no se toparon con gobiernos como el de Berlusconi.

domingo, 25 de mayo de 2008

Eurovisión 2008: la Gran Madre Rusia

Cause I’ve got something to believe in

Believe (Dima Bilan, 2008)

Ganó Rusia. La Gran Madre Rusia, aunando a sus hijos sobre su regazo, se llevó el premio. Lo decían muchos y se cumplió, no era casualidad que Rusia llevara algunos años rozando el primer puesto. Iba con toda su artillería para arrasar en Europa. Los más críticos dirán que votan siempre a los mismos, pero en ese caso saldría siempre el mismo ganador y cada año es uno distinto (por ahora). Eso sí, se cumple las pautas, los diez primeros puestos con distinto orden se reparten la clasificación y los países de Europa Occidental no tienen nada que rascar y tienen su Eurovisión propia para eludir el último puesto. Cosas de vecinismo geográfico, la afinidad cultural o vete tú a saber. Hablando de canciones, ha habido de todo, las clásicas baladas un poco ñoñas, las chicas cañonazos contorsionándose como lagartijas con sus lentejuelas, los bailecitos imposibles, los raros, la cuota hortera... Me divierte todo eso, unido como un guiso, aunque claro está, sólo para comer una vez al año. Las canciones de esta Eurovisión han muerto la noche de la final pero cumplieron su función efímera de entretener por un día. En 2009, vendrán más y ocurrirá un poco de lo mismo, siempre con alguna sorpresa para que el espectáculo no decaiga. Pero así es el juego y el sábado desde el Kremlin, Putin se habrá sentido por un momento el zar de todas las Rusias con Europa rendida a sus pies. Ya me hubiera gustado a mí verle la cara de satisfacción en ese momento.

viernes, 23 de mayo de 2008

Eurovisión

Good evening Europe, this is Madrid calling. Here are the results of the spanish votes...

...et finalement, Royaume-Uni, douze points (léase ...e finalmon, guayominí duce puá). Durante años fue la única forma en España de oír hablar en la tele en inglés o en francés o de escuchar algo relacionado con Noruega o Finlandia, por ejemplo. Siempre he asociado Eurovisión con la risa y creo que ese escaparate divertido aún está vigente. No estoy de acuerdo con esos que le auguran un triste final, hoy hay más países que nunca y las audiencias siguen siendo enormes. Tampoco con los que critican la falta de calidad, hay que ir caso por caso, yo nunca suscribiría por completo ninguna lista de éxitos musicales. No puedo dejar de relacionarlo, asimismo, con mi infancia, cuando me sentaba a ver las votaciones en las que conectaban por teléfono desde lugares tan desconocidos para mí como Ankara, Nicosia o Reikiavik. Y es que lo de menos era la música, eso es lo que pensaba en aquellos tiempos y aún lo sigo pensando un poco. Eurovisión es pura geoestrategia europea, el bloque ex-soviético, el balcánico, el nórdico, el báltico... y un muestrario de modas de cada país, se lleva lo folk, lo exótico, la balada... Cada país se pone su mejor máscara para que el resto vea la armonía y prosperidad de su nación, aunque esté comido por los problemas. Pero Eurovisión es así, ya van 53 ediciones, este año se celebra en Belgrado con record de participación: 43 países!!! desde el Cáucaso más pegado a Asia hasta las costas atlánticas más occidentales. Luego se dirá lo de siempre, que es imposible ganar esta especie de caos multinacional, pero es que es difícil poner de acuerdo a 43 personas, imagina 43 países tomando una decisión. Después de dos semifinales para hacer criba de este enorme número de canciones, han quedado 25 en una final este próximo sábado en la que se batirán el cobre. No pienso hacer pronósticos, aquí cada cual va a su aire, las casas de apuestas, los llamados "eurofans", las encuestas de internet... Sólo voy a poner el vídeo de mi favorita. No ganará, estoy seguro, ni siquiera quedará bien, pero me gusta su ritmo. Que la disfruten...



Vídeo: Francia - Sébastien Tellier - Divine

domingo, 11 de mayo de 2008

El Mayo de la libertad

Después de lo que hemos vivido durante este mes, ni el mundo, ni la vida volverán a ser como eran.

Daniel Cohn-Bendit (junio de 1968)

En la plaza de La Sorbona, los jóvenes se congregan todos los días. La asamblea revolucionaria corea sus consignas: la revolución es necesaria, la imaginación al poder. La utopía sobrevuela la plaza, tocando las cabezas de cada uno de los estudiantes: todo es posible. Los objetivos son infinitos, las reivindicaciones múltiples: necesitamos abolir el autoritarismo, el aburrimiento es contrarrevolucionario, dejen salir a los borregos de sus rediles, seamos realistas, pidamos lo imposible. La utopía se extiende como una mancha de aceite, la Universidad, las calles del Barrio Latino, las fábricas, los intelectuales, el país entero... Mientras en otro lugar de París, el viejo general mira cansado al cielo y se lamenta, esta Francia no es la misma que liberamos de la Guerra. Eso no lo puede evitar ni él, ni nadie. Las ansias de cambio llegan tarde para el general. Los estudiantes, los sindicatos, el Partido Comunista, los anarquistas van tomando la ciudad, las barricadas vuelven a asentarse en la vieja París. Las estructuras comienzan a crujir, no son posibles los parches, están podridas. La policía carga contra el sueño, pero nadie deja de soñar. Pueden detener a Dany el Rojo, a los 8 líderes estudiantiles, a los 30.000 de Nanterre, al pueblo entero pero el Arco del Triunfo es suyo, rojo, rojinegro o de cualquier color. La chispa ya está encendida. Saca del suelo los adoquines, lánzalos, defiende tus ideales, bajo ellos está la playa, ancha y extensa, buena para todos. Luego llegó el tiempo de la decepción, de las traiciones, del fracaso, pero hubo un Mayo de la libertad, en 1968, en que las personas gritaron y lucharon por el cambio.

Han pasado 40 años, los ideales se han olvidado, de aquel Mayo sólo queda la nostalgia y el recuerdo. Aún se discute sobre si fue un fracaso absoluto o nuestra sociedad es heredera del 68. ¿Todo sigue igual desde entonces? Claramente, no. Algunos problemas siguen sin solución hoy, otros han cambiado de lugar o de gravedad y han nacido nuevos. Pero lo más importante, ¿se ha perdido el espíritu de lucha? De vez en cuando resurgen destellos de lucha ciudadana, como contra la guerra, esa misma y cruel guerra que sigue azotando el mundo sea en Vietnam o en Iraq o contra las injusticias, contra las dictaduras que permiten que el pueblo muera de hambre, contra la represión, contra la violencia... Pero los engranajes están oxidados y verdaderamente cuesta moverlos. Aún quedan adoquines en la calles, suelo contra en que se estampa la sangre y las ilusiones de los inocentes, pero debemos pensar que la arena de playa también siguen intacta ahí abajo, lista para que la destapemos.

martes, 25 de marzo de 2008

La mujer del César

Augusto gobernaba el mundo, pero Livia gobernaba a Augusto.


Livia, Mesalina, Agripina, Popea, Cesonia, Octavia, Atia, Calpurnia... grandes nombres, hoy vacíos de contenido, mujeres que existieron en una época y de las que sólo quedan los retratos imperiales normalmente idealizados que guardan los museos. Los textos las describen como personificaciones del ideal de la madre Roma: la matrona fuerte, valiente, modesta, ingeniosa, piadosa, fértil y casta. Salvo que cayeran en desgracia, entonces se las consideraban como mujeres intrigantes, promiscuas, frívolas y ambiciosas. En realidad no sabremos nunca como eran, si honradas esposas o malévolas víboras. Como casi todos los personajes de la Historia, su verdadero ser se pierde por el camino y sólo llega hasta nuestros días la imagen deformada.

El cine y la literatura cuando recrean el mundo antiguo optan por la deformación y se ceban especialmente en estas mujeres que acompañan al héroe militar o al gran político. Casi nunca son las protagonistas, como no lo fueron de la Historia, pero son los elementos fundamentales para componer una época decadente y atractiva. Es un mayor aliciente plasmarlas como sibilinas mujeres que movían en la sombra los destinos del Imperio. Así están en todas las intrigas palaciegas, los banquetes envenenados, los susurros cómplices de obras como Yo, Claudio (Robert Graves, 1934, novela y Herbert Wise, 1976, serie de TV), Calígula (Tinto Brass y Bob Guccione, 1977) o la más actual Roma (2005-2007, serie de TV).

Acabo de ver esta última, que me ha gustado mucho, ahonda en las ya contadas conjuras romanas, con una República desintegrándose con muchos candidatos para aprovechar los pedazos. Dejo un vídeo de una escena previa a la coronación de César Augusto donde Atia (Polly Walker), su madre y Livia (Alice Henley), su esposa, se odian mucho, mucho.