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domingo, 11 de octubre de 2009

El señor Chow

No miró hacia atrás. Era como si se hubiera subido en un tren muy largo rumbo a un futuro somnoliento, a través de la insondable noche.

2046
(Wong Kar-wai, 2004)

El señor Chow salió de la redacción con desgana. Caminó. Los pasos sobre el asfalto le retumbaban en la cabeza. Tenía la contradictoria sensación de querer llegar y no hacerlo a la habitación 2046 del hotel Oriental de Hong Kong. No era cualquier lugar. En 2046 se viven los recuerdos perdidos, nada cambia nunca en 2046. Y eso era lo que desesperadamente buscaba el señor Chow. Cuando se ha amado con tal intensidad, todas las mujeres son una, la amada, la buscada, Su Li-zhen, se decía una y otra vez. Y aunque salía y entraba de la habitación, asumía que estaba atrapado en ella, que sus paredes encerraban aquel enigma que una se le cruzó en la vida. Todo el camino, estuvo planeando una nueva historia para escribir, porque su editor le apremiaba. El señor Wang le saludó amistosamente en la puerta del hotel y le preguntó cómo le había ido el día. Contestó algo banal y se dirigió hacia la habitación. Acarició levemente la placa con el número y de nuevo se sintió perdido.

El señor Chow (Tony Leung) aparece en las tres películas (Days of being wild, In the mood for love y 2046) de la trilogía de Wong Kar-wai sobre el Hong Kong de los 60, pero es en los dos últimas donde es el protagonista. Periodista, novelista de tres al cuarto y sobre todo amante, el señor Chow deambula en un mundo rutinario plagado de recuerdos. Sufriente, con los ojos tristes, se da cuenta como su esposa se va distanciando cada vez más de él, siéndole infiel con el marido de su vecina. Es precisamente a ella, Su Li-zhen (Maggie Cheung), a quien entrega su amor. Surge entre ellos una relación de complicidad, reconfortando las mutuas heridas de la traición. Es algo puro, porque ni Chow, ni Su Li-zhen quieren ser como sus parejas. Pero el raudal de sentimientos es incontenible y el señor Chow decide marcharse a Singapur para olvidarla. Al cabo de los años, vuelve a Hong Kong, ha cambiado, vive una vida golfa y se prohíbe sentir amor. En la habitación 2046 del hotel Oriental, donde quedaba con Su Li-zhen, se instalará. El recuerdo de aquella mujer le obsesiona, todas son la misma, la única que amó.

No podría ponerle ni un sólo inconveniente a In the mood for love y 2046 (Wong Kar-wai, 2000 y 2004, resp.), absolutamente ninguno. En mi opinión son películas redondas, que cuanto más las veo, más me gustan y eso me pasa con muy pocas. La historia, la forma de narrarla, la estética, la delicadeza de sus imágenes, la música, las interpretaciones... en conjunto dos excelentes películas. Y podría pasarme horas analizando detalles, el secreto guardado en un agujero del templo de Angkor Wat, los sinuosos qipaos de las mujeres, la sensación de decadencia y de rutina... pero serían palabras ridículas con las que apenas alcanzaría a describirlos. Lo único útil que podría decir es que os dejarais encerrar en la habitación 2046 y lo comprobareis.

Vídeo: Imágenes de las dos películas con la pieza de Shigeru Umebayashi, Yumeji's theme de la banda sonora de In the mood for love.

viernes, 3 de octubre de 2008

Vicky, Cristina y el país de los tópicos

A todos nos atraen las mujeres excitantes, aventureras y sexualmente intrépidas, pero es más fácil vivir con otro tipo de mujer, con la que puedes construir un hogar, tener hijos y encontrar el equilibrio. La mujer impulsiva es muy seductora, pero te termina rompiendo el corazón.


Vicky (Rebecca Hall) es sensata, prudente y busca un amor sereno del que pueda disfrutar toda la vida. Cristina (Scarlett Johansson) quiere sorpresa, pasión, un hombre que le remueva la realidad y la saque de este mundo. Vicky y Cristina son dos mujeres insatisfechas que buscan un país donde sus sueños se hagan realidad. Pero los países nunca son como nos los imaginamos, ni siquiera la Manhattan que sueña Woody Allen es como él cree que es. Siempre hay mucho más. Y es este el problema de teorizar con los tópicos. Está bien para dar una pincelada, pero el tópico es desconocimiento y ninguna obra se debería basar en éste. Todas las mujeres y todos los hombres son como Vicky y Cristina, queremos pasión y serenidad, sentido y sensibilidad y cuando tenemos lo uno añoramos lo otro e incluso queramos ambas cosas a la vez. Si una muere de amor por un pintor bohemio e intelectual, esta situación nunca puede ser definitiva, porque llega un momento en que la experimentación nos cansa y queremos algo más convencional. Si la otra tiene un novio formal a la antigua usanza, es lógico que quiera sentir en su propio cuerpo un amor arrebatado y prohibido. Los seres humanos somos así de contradictorios. Incluso diría más, esta argumentación se viene abajo porque es una generalización y como todas, hacen aguas cuando encuentran a una persona que no la cumple.


Temía que Woody Allen se dejara embaucar para rodar en España, pero si lo pienso bien: ¿en qué puede perjudicar jugar a los tópicos en el país de los tópicos? Barcelona, como paradigma del paraíso romántico, como ha sido usada Roma o París anteriormente. España como patria de artistas donde se bebe buen vino y se ama apasionadamente, una vez más. El dulce sonido de la guitarra iluminando la noche, la arquitectura de Gaudí o el sobrio prerrománico asturiano son elementos que pueden deslumbrar perfectamente a dos turistas estadounidenses buscando sueños. Los recuerdos de un Don Juan (Javier Bardem), pintor esta vez, a la gresca con una Carmen (Penélope Cruz) racial y pintora también. ¿Que qué me parece esta ensalada de ingredientes mediterráneos? Pues agradable y curiosa, por ver que es lo que andan pensando de España fuera, pero sinceramente falta de contenido por abusar de ideas un poco trilladas. Es lo que tiene juguetear con los tópicos. Y al menos, esta vez, los españoles nos hemos librado de ser toreros o flamencos, somos intelectuales y librepensadores y hablamos bien en inglés, que eso ya es todo un gran paso.


Vídeo: Giulia & los Tellarini - Barcelona
de la banda sonora de Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen, 2008)

jueves, 31 de julio de 2008

Viaje espiritual

Pase lo que pase al final, dijo ella, no quiero perderte como amigo. Él la miró a los ojos: Te prometo que nunca seré tu amigo, en ningún caso, jamás. Su voz se quebró. Si follamos, mañana estaré hecha polvo. Eso no me importa, dijo él y le quitó la blusa por la cabeza. Te quiero, dijo ella, nunca te hice daño a posta. Él asintió. Me da igual. Al final no viajaría a Italia.


Buscamos lo desconocido en un tren, con una actitud abierta, diciendo sí a todo aunque sea chocante y pueda doler. ¿De acuerdo? Buscamos unir de nuevo los lazos entre nosotros. ¿Por qué no nos hablamos desde hace un año? Justo desde la muerte de papá. ¿No son esas las gafas de papá? Sí, él quiso que yo las tuviera. Pero si están graduadas, no sé cómo puedes ver. ¿Qué te ha pasado en la cara? Eso no importa. Os quiero, nunca os lo digo, pero sois las personas más importantes de mi vida. ¿Qué es eso que tomas? El calmante más fuerte de la India. Dame. Ten cuidado, no se puede tomar más de una gota. ¿Queréis leer un cuento que escribí en Francia? ¿Es muy largo? No importa. Quien quiera sopa que levante la mano. Me pone esa azafata. Déjame el cuento. ¿Se supone que es triste? Eso creo. No me entusiasma esa parte en la que empiezo a gritarle al mecánico. Eso no pasó. Son personajes ficticios. Perdonadme, voy al baño. Y en el baño releyó el cuento, no podía contener las lágrimas.

Cuando uno tiene hermanos entiende todas estas frases inconexas, sea en un tren en la India o montado en una moto. A veces los hermanos pierden el contacto y necesitan de unos raíles para reconducirse. Viaje a Darjeeling (Wes Anderson, 2007) ahonda en las relaciones familiares, aunque claro está, de forma muy peculiar. Francis (Owen Wilson), el mayor, tiene la cara destrozada, ha organizado el encuentro y busca su sentido de la vida. Peter (Adrien Brody) se plantea con terror cómo será su futuro como padre del hijo que va a tener. Jack (Jason Schwartzman), el pequeño, acaba de romper una relación y está deshecho. Los tres viajan en el Darjeeling Limited, un tren que atraviesa el Himalaya. Pararán para encontrar la espiritualidad en templos llenos de dioses de colores chillones, en humaredas de incienso, mercados abarrotados y millones de cigarrillos. Pero el destino final es encontrar a su madre (Anjelica Huston), ausente durante años, que es misionera en un monasterio en las montañas.

Psicotrópica, pop, colorista y caótica, como la India pero entregada y sincera, Viaje a Darjeeling ha sido para mí una revelación. Tiene unos diálogos inteligentísimos, buena y mala leche en su humor y profundidad de contenido, algo muy extraño en una comedia. Pero es que no es comedia del todo, porque su punto de inflexión es dramático y tremendamente amargo. Habla de relaciones familiares, que son las más difíciles, por el hecho de que son impuestas por la sangre. Habla del sentido de la vida, que no se puede planificar en itinerarios plastificados. Habla del amor perdido, de las responsabilidades de la edad y de cómo debemos asumir quienes somos, aquí y en todo momento, para mirar al pasado sin rencor y al futuro con esperanza. Feliz viaje y feliz encuentro.


La banda sonora es otra de las joyas de la película. Mezcla canciones de los 70 con música de películas indias. Para muestra, os invito a escuchar la canción final: Les Champs-Élysées de Joe Dassin.

lunes, 2 de junio de 2008

Planes de fuga

La libertad de la fantasía no es ninguna huida a la irrealidad; es creación y osadía.


Hay días en que te mereces una fuga, incluso una temporada viviendo de fugitivo. Pensar por dónde y cómo, los peligros de cada posible salida, la adrenalina de ser atrapado... Hay días en que los grilletes se hacen especialmente dolorosos, normalmente ni te das cuenta de ellos, pero a veces los notas completamente cerrados, oprimiéndote las muñecas. En esos días, ni la luz que entra por el ventanuco te consuela porque son las migajas que mendigas en comparación con el inmenso sol. Reflexionas, una huida a lo grande, sin que los carceleros se den cuentan de mi ausencia hasta que sea demasiado tarde. Palpas la pared de la celda como si no fuera real, los contornos rugosos del muro e imaginas que son de papel, fáciles de traspasar. Y fuera hallas la libertad, concepto que sólo adquiere sentido a ese lado de la pared. Todas las celdas no son iguales, porque van cambiándote de una a otra para evitar que traces el plan que te saque de allí. Algunas de ellas son tan deprimentes que los planes de fuga se desbaratan enseguida, y por más que arañes el duro hormigón no avanzas ni un centímetro. En esos días, te reconfortas pensando que la verdadera cárcel está fuera o que el cielo, cuando salgas, no será tan azul como creías. Pero a la mañana siguiente sigues con lo trazado en tu plan. Sin desaliento, calculas las opciones sin que nadie lo perciba. A veces, sueñas, tumbado en el jergón, que lo consigues y que nunca quieres volver a estar encerrado. Crees que despiertas, con las pupilas bien abiertas para acostumbrarte a la penumbra de esas cuatro paredes, a seguir excavando hasta hacer el agujero por el que veas el mundo real. Sin embargo sólo es un sueño; la fortaleza, prisión o calabozo en el que estás, siguen en pie sin solución. Simples falsas esperanzas de escapar y romper con todo, porque los muros son inexpugnables y las medidas de seguridad a prueba de fugas. Y todo sigue igual.


Para hacer más amena la fuga, lo mejor es tararear la marcha de La gran evasión
(John Sturges, 1963) de Elmer Bernstein.

viernes, 30 de mayo de 2008

Los comensales silenciosos

¿Qué clase de personas se sientan en un restaurante y no se dicen nada?
Los matrimonios.

Nos miramos, bajas los ojos escrutando el tenedor. Para aliviar la incomodidad miro al infinito haciendo que busco al camarero. Pero tengo un cuarto de tu rostro en el filo de mi reojo, dulce, sincera, estoica, aguantas esta situación. Me acuerdo hace algunos años que nos hubiéramos enzarzado en una conversación infinita, me mostrarías esos ojos curiosos, claros, donde hoy sólo hay cuencas vacías. Pediríamos otra botella de vino para alargar aún más el momento, nos reiríamos del mundo y de las parejas que no tienen nada que decirse. Recorrería con mis sílabas cada centímetro de tu cuerpo, parando sólo para tomar aire y seguir. Hoy pedimos con desgana la comida, intercambiamos frases protocolarias que no significan nada. Cada uno con su plato por delante, dejamos pasar el tiempo lento y pesado, rumiando reproches. No hay fuerzas ni para verbalizarlos, permanecen intactos en nuestro interior. ¿En qué momento se rompió esto? Parece difícil saberlo, pienso, además ya da igual, no hay manera de recomponerlo. Te levantas. ¿A dónde vas? Tranquilo, al cuarto de baño. Y la veo alejarse, con su bolso en ristre, en silencio, como yo me voy alejando de ella, como el sonido de su voz que me parece cada vez más extraño, como el recuerdo de las comidas junto a ella, rodeados por multitud de gente, pero sólo junto a ella. Hoy como solo, sólo yo. Ella también.

Joanna (Audrey Hepburn) y Mark (Albert Finney) son los protagonistas absolutos de Dos en la carretera (Stanley Donen, 1967). Desde su feliz encuentro hasta que el matrimonio ve como se va desmoronando su vida en común, se suceden las escenas en un único espacio, el sur de Francia, durante los cinco viajes que Mark y Joanna realizan. Cada una de estas escenas, genialmente ligadas, son pistas para resolver el puzzle de la vida matrimonial. Surgen todos los problemas, los hijos, las infidelidades, el aburguesamiento, la rutina... Aún no sumergidos en ellos, observan, sin llegar a creer que les pueda ocurrir, como una pareja en silencio en un restaurante es la perfecta imagen de un matrimonio.

La música de Henry Mancini completa, como un personaje más, esta visión crítica del matrimonio, sus peligros y sus ventajas. Mancini la consideraba como su mejor trabajo para el cine.

martes, 1 de abril de 2008

Mi lista

-¿Me das permiso para que vaya a casa, prepare la lista y te llame luego para dártela? No tardaré más de una semana, te lo prometo.

-Oye, si no se te ocurre nada, tampoco es grave. Ya haré yo una lista de mis cinco preferidos de los viejos tiempos del Groucho, o algo parecido. ¿De acuerdo?

-¿Cómo? ¿Qué ella hará una? ¿Qué me va a robar mi única ocasion de publicar una lista en un periódico, en una revista, donde sea? ¡No, ni hablar!



Me encantan las listas, los más vendidos, los mejores según la crítica, los más buscados... Rectifico, me encanta leer las listas pero odio hacerlas. Cada vez que hago una, termino, la releo y me parece una locura de lista, falta lo que quería poner, sobra todo, me paso dos días pensando en ella, la rectifico y por fin la doy por cerrada. Al cabo de los días, milagrosamente, se me viene a la cabeza unos cuantos elementos fundamentales que le faltaban a mi lista y me doy cuenta que era una mierda infame. Acaba hecha una bola en la papelera. Hace poco leyendo el blog de una gran amiga, ella retaba a quien quisiera a seguir su ejemplo y hacer la lista de Las 50 canciones de todos los tiempos. Me parece una misión faraónica pero yo a ella le digo siempre que sí y ya estoy en las mismas.

Aviso a críticos: Mi lista es mía, no sigue ningún criterio temporal o de preferencia, no es representativa de nada en absoluto y probablemente si mañana eligiera 50 canciones serían otras bien distintas. He dejado fuera grandes cosas, gente que me gusta mucho, preciosas canciones, porque ya 50 me parece un número demasiado ajustado.

Air - Playground love
Andrés Calamaro – Cuando te conocí
Angélique Kidjo – Ces petits riens *
Audrey Hepburn – Moon River
Björk –All is full of love
Blur – Song 2
Bob Dylan - Blowin' in the wind
Bunbury – Lady Blue
Claude Debusssy – Arabesque nº1
Coldplay – Trouble
Coralie Clément - L'ombre et la lumière
Damien Rice - Blower's daughter
Édith Piaf - Non, je ne regrette rien
Elastica – Connection
France Gall - Poupée de cire, poupée de son
Georg Friedrich Häendel – Sarabande
Ismael Serrano – Instrucciones para salvar el odio eternamente
Jorge Drexler – Antes
Julie Delpy – A waltz for a night

Julieta Venegas – Acaríciame
Keren Ann – Surannée *
La casa azul – Como un fan
Lenny Kravitz – Rock and roll is dead
Lisa Loeb - Stay (I missed you)
Los fresones rebeldes – Al amanecer
Los Planetas – Cumpleaños total
Madonna - Ray of light
Madredeus – Alfama

Maria Callas – Un bel dì, vedremo
Mercedes Sosa - Alfonsina y el mar
Michael Nyman - The heart asks the pleasure first
Moby – Porcelain
Mono – Life in mono
Nina Simone - My baby just care for me
Nirvana – Smells like teen spirit
Oasis – Champagne Supernova
REM - Imitation of life
Rialto – Monday Morning 5:19
Soda Stereo – Zoom
Suede – Lazy
Tata Vega - Miss Celie's blues
The Beatles – Strawberry Fields Forever
The Cardigans – Lovefool
The Dandy Warhols - Bohemian like you
The Smashing Pumpkings – 1979
The Verve – Bittersweet symphony

Travis - Why does it always rain on me
Vanessa Paradis – Dis lui toi que je t'aime
Virginia Glück – Si tú quieres
Yann Tiersen – La valse d'Amelie

*No he encontrado los videos de estas intérpretes, así que he enlazado con versiones.

sábado, 1 de marzo de 2008

Cuando hay más muros que el de Berlín

¿Cómo pudo un chiquillo afeminado del Berlín Este Comunista convertirse en el internacionalmente ignorado compositor que tienen frente a ustedes?



Una banda de punk se pasea por los antros más infames de la América profunda, son Hedwig and the angry inch, siguen la gira de un excéntrico nuevo talento de la música Tommy Gnosis, que curiosamente canta las mismas canciones que el grupo. ¿Quién es Hedwig? Algo más que una peluca rubia con mucho descaro. Se sube al escenario y comienza a contar su historia: un chico atrapado en un cuerpo y atrapado en el ferreo comunismo de Berlín oriental. Son muchas trabas para una persona corriente. Hedwig canta con rabia todo lo que pasó hasta llegar a ese momento, el marine yanki que le hizo operarse para escapar del país, como ese marine la abandonó, como tuvo que sobrevivir con un único talento: la música. Cuando más confiada estaba, llegó el amor en forma de jovencito lleno de sueños, pero en esos sueños Hedwig no estaba incluida. El chavalín exprimió todo el saber de Hedwig y sus canciones y se vendió a una discográfica y al triunfo. Ahora Hedwig lo persigue por todo el país para vengarse, o simplemente encarar a quien un día se fue y la abandonó. Hoy el muro de Berlín ha caído, ese día los alemanes se abrazaban felices por el acontecimiento, pero los muros siguen siendo otros, los invisibles, los que resisten, los que siguen separando a los hombres; muros que construimos todos los días y que muy pocas veces echamos abajo.

Hedwig and the angry inch es un musical, pero no es igual a ningún musical que haya visto, mezcla canciones, con ilustraciones, sueños con la cruda realidad de un transexual. Es tan original e inteligente que me ha llamado mucho la atención, lo que podía haber sido una película más sobre un tema ya tratado muchas veces se convierte en una rareza digna de ver. Os dejo el tema central "The origin of love" para que disfrutéis con él.


lunes, 25 de febrero de 2008

La vida en rosa

Quand il me prend dans ses bras, il me parle tout bas, je vois la vie en rose.



En el duermevela he escuchado esta preciosa canción en el Kodak Theatre muchas veces esta madrugada como símbolo casi infalible de haber sido una gala de los Oscars muy europea. Que Hollywood siempre ha mirado a Europa como granero de talentos es de todos conocido, Greta Garbo, Ingrid Bergman, Marlene Dietrich son algunos de los muchos ejemplos de intérpretes europeos ya incluidos en el imaginario de las estrellas hollywoodienses. Y la gala de los Oscars 2008 ha destacado por esa curiosidad, los premios de interpretación no han sido para ningún estadounidense: un irlandés y un español, una francesa y una inglesa en su palmarés. Lo cual para mí es doblemente meritorio. Hollywood sabe como nadie que necesita caras nuevas para su ingente producción y cuando no las encuentra en casa, debe recurrir a exportarlas. No voy a hablar más de la pica en Flandes del Oscar de Bardem porque hoy ya se han encargado los medios de comunicación de contárnoslo. Me parece muy merecido y además estaba en la película adecuada en el momento adecuado, lo cual es una ayuda inestimable. Muchos lo daban por hecho pero hasta que no se palpa lo dorado en las manos, supongo, que no se cree. Si premiar a un español es algo excepcional no lo es en el caso de Daniel Day-Lewis y Tilda Swinton, porque sí es habitual para irlandeses y británicos acceder a estos premios debido al idioma. En cualquier caso, él era el favorito por derecho propio y en cuanto a ella, fue una sorpresa para casi todos (incluso para mí, aunque quería que ganara). La propia Swinton se veía sobrepasada por el momento y subió al escenario con una cara de interrogante. Ambos justos ganadores. Y para finalizar, la categoría más abierta era la de mejor actriz protagonista que finalmente obtuvo Marion Cotillard. Aplausos, muchos aplausos por el valor de la Academia de Hollywood por premiar una interpretación en francés. Fuera de la máscara de Édith Piaf, Marion es un bellezón y me cautivaron esas manos tapándose la boca de asombro al escuchar su nombre para subir al escenario. Hoy, me quedo con ella, escuchando a Piaf, olvidándome del negro que suele vestir a la vida, para sumirme en esos ojos emocionados por los que hoy verá la vida en rosa.