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jueves, 18 de septiembre de 2008

El obelisco de Aksum

Sólo hay una manera de poner término al mal, y es el devolver bien por mal.


Un bloque de piedra puede ser piedra y además un símbolo. Cuando un bloque de piedra traspasa el mar para decorar la plaza de una ciudad desconocida, o la ser estrella de una museo, deja de ser únicamente una piedra. Cuando un país quiere recuperar una grandeza, hace años perdida, puede entrar en una espiral de fechorías, donde hay muertes de inocentes, robos y saqueos. Ir detrás de un delirio sólo trae consecuencias funestas. La Historia, esa que se escribe con mayúsculas, se compone de grandes nombres tallados en mármol y desprecia los nombres anónimos, los que sufrieron sin que su sufrimiento sirviera para algo, aquéllos cuyas muertes sólo fue un hecho biológico dentro de la inmensidad del Universo.

Todo esto significa el obelisco de Aksum, botín de la invasión italiana de Abisinia en pleno auge del fascismo. Un gran pedazo de granito labrado de 1700 años y 25 metros de altura, que desde el año 1937, lucía en la plaza de la Porta Capena de Roma, enfrente de la sede de la FAO y del Circo Máximo. Mussolini lo arrebató de su placidez de siglos en tierras africanas como emblema de la superioridad italiana en el que iba a ser el germen del nuevo Imperio. Después de una ardua restauración y un difícil traslado, el 4 de septiembre de 2008 se reerigió en su ubicación original en Aksum (Etiopía), saldando una deuda que ya duraba 70 años. Un símbolo de los desmanes del fascismo que afortunadamente el gobierno italiano ha solucionado.

Esto me lleva a pensar en otras reclamaciones de patrimonio cultural: en los famosos mármoles del Partenón o la piedra de Rosetta del Museo Británico, en el bello busto de Nefertiti del Museo de Berlín, en el Altar de Pérgamo, también en Berlín o en los leones alados asirios del Louvre o del Museo Metropolitano. Todo ello fruto del saqueo colonial, símbolos de imperios aprovechados por otros imperios para destacar su poderío ante el mundo. Joyas que se encuentran a cientos de kilómetros de sus lugares de origen y que nos hacen pensar por que tienen aún el poder de retenerlas. Y parece ser que nadie da el paso para solucionar paradojas del mundo como la de que en Roma haya más obeliscos egipcios que en el propio Egipto o que para conocer el arte griego clásico lo mejor es ir al Museo Británico. Aplaudo la noble decisión italiana de devolver a los etíopes su obelisco. Con ella, la misma piedra que en Roma sólo podía ser causa de vergüenza del ratero fascismo, vuelve hoy a convertirse en una obra de arte.

jueves, 28 de agosto de 2008

El ocaso de Pompeya

Todo yace sumergido en llamas y triste ceniza. Ni los dioses hubieran tenido poder para hacer algo parecido.


No podía durar mucho tiempo. Nuestro fin estaba escrito en las rocas del interior de la Tierra. Pero no pensé que me iba a tocar a mí. Yo, que soy un honrado artesano, que nací bajo la sombra del gran Padre Vesubio y que no tengo nada que ver con los sucios burdeles, ni con el culto a Baco, voy a sucumbir bajo la nube de polvo y muerte que sale de su caldera. Él, el que dio sombra a Pompeya, el que concedió fertilidad a la tierra hasta convertir el vino de sus laderas en néctar divino, hoy, cansado de nuestros abusos, hará caer su cólera sobre nuestras desdichadas osamentas. Ni el auxilio del Apolo, cuyo carro ha desaparecido bajo la niebla de fuego, ni el más poderoso rayo de Júpiter contendrán la furia del monte, que ruge en sus adentros, dando la voz de aviso a los que serán sus víctimas. No queda nada más que hacer, ni ruegos, ni quejas, ni apenas lágrimas. Pompeya pagará sus pecados bajo la ceniza purificadora del infierno. La ciudad, que miraba altiva, luciendo su prosperidad, quedará enterrada por el fuego y la piedra, extinguida como una plaga. La Humanidad enterrará también su recuerdo. Nunca nadie volverá a acordarse de Pompeya.

Pero se equivocaron los que pensaron así, Pompeya volvió a nacer a finales del siglo XVIII con el inicio de la Arqueología moderna. Nació una ciudad totalmente detenida en el tiempo, justamente el 24 y 25 de agosto del 79 dC. Surgieron de repente, casas, tiendas, templos, esculturas y frescos, como nunca se habían visto antes. Con toda su fuerza originaria rescatada de entre las cenizas, Pompeya se convirtió en un símbolo, muestra del urbanismo romano y de su forma de vida, cuestiones difíciles de estudiar cuando se trata de civilizaciones antiguas. Hoy, 1979 años después, Pompeya se prepara para una nueva erupción, que esta vez supondrá la destrucción definitiva de la ciudad. No será el Vesubio esta vez, sino el dinero. Es curioso que en la ciudad donde se encontró una inscripción que decía Salve, lucrum (Bienvenido, dinero), el turismo descontrolado y la falta de mantenimiento terminen por acabar con ella. Cada año se pierden al menos 150 m² de frescos y yesos y unas 3000 piezas de piedra acaban desintegrándose. El gobierno italiano ha declarado el estado de emergencia en el yacimiento, que paradójicamente lleva a cabo medidas de restauración desde 1978. Se pierde lo ya excavado, pero también el tercio que queda sin hacerlo al ser usado como vertedero ilegal de las basuras excedentes de Nápoles. Pompeya vuelve a estar en manos del destino. Alea jacta est.

martes, 5 de agosto de 2008

La verdad al desnudo

Quien quiera enseñarnos una verdad, que no nos la diga: que nos sitúe de modo que la descubramos nosotros.


La verdad duele pero también nos hace libres. Con la verdad, uno se siente más seguro, sin nada que esconder, sin ataduras. Eres honesto si sigues a la verdad. Pero a veces se nos presenta la verdad velada, sin poder apreciarla en todo su esplendor. Vestida con ricos ropajes que distraen de la piel desnuda. La verdad adornada, la media verdad, que es frecuentemente más peligrosa que la mentira. Esta verdad vestida nos manipula, nos presiona para que actuemos en su defensa, sin saber que es torticera y egoísta. Por eso debemos procurar arrancar la ropa a la verdad, que con sus pechos al aire nos indique el camino. Luego uno puede elegir si seguirlo o no. En eso, cuenta también la libertad, la propia capacidad de decisión.

Que mejor idea que utilizar la reproducción de la pintura La Verdad desvelada por el Tiempo (Giovanni Battista Tiepolo, 1743) como fondo del lugar donde se conceden las ruedas de prensa de un gobierno. Es el lugar indicado donde un político debe decir la verdad y así lo pensaron en Italia. Pero La Verdad del cuadro de Tiepolo ahora parece no gustar al gobierno de Berlusconi, porque es una Verdad muy impúdica y muy ligera. ¿Qué va a pensar el pobre espectador italiano si ve un pecho junto a la cara del presidente? A ver si cree que el gobierno italiano se reúne en algún lugar pecaminoso... Pues la solución es simple. Nada de cambiar el enfoque de la cámara, lo mejor es proveer a la Verdad de un mojigato velo que tape sus turgencias. Como en la vieja historia de Il Braghettone, que tapó los desnudos de El Juicio Final de la Capilla Sixtina, Berlusconi se ha colocado la mitra papal y se ha erigido en sumo pontífice de la decencia. Menos mal que Italia lo tiene a él. Desde luego, el siglo XVIII fue un pozo de libertinaje. Este Tiepolo era un lascivo y no se puede consentir a estas alturas. Tomemos ejemplo en España y vistamos los desnudos cuerpos que Tiepolo nos dejó pintados en los techos del Palacio Real, no vayamos a pervertir a los turistas japoneses que lo visitan. Guardemos la moral, que un pecho es un pecho, aunque sea de la Verdad. Ahora me voy un rato a la playa a lapidar mujeres en top less, que ando aburrido.

Imagen: Original de La Verdad desvelada por el Tiempo, que se conserva en el Museo Civici de Vicenza.

martes, 27 de mayo de 2008

Estrellas cosidas a la ropa

Como niños que creen en la vida,
muchos se estremecen ante el espectáculo de la nieve
en un extraño país
necesitando algún tiempo para comprender
la clase de frío que les asalta.

Max Frisch (sobre los inmigrantes italianos en Suiza)

Italia recibió a los artistas venidos de todo el mundo durante el Renacimiento, era el destino del Grand Tour para los ingleses en el siglo XIX que llegaron a formar colonias en ciudades como Florencia, reunía a los excéntricos ricos de la Jet Set internacional en la Costa Esmeralda o Amalfitana y millones de turistas recorren cada año sus calles y plazas. Pero parece que el Gobierno de Silvio Berlusconi, recientemente elegido, busca que los extranjeros lleguen a Italia, consuman, compren postales y se vayan. Han decidido que no se puede aguantar más con tanto inmigrante ilegal, que además no son rubios ni con ojos azules, ni siquieran traen dinero. Lleguen en patera o en avión, los que no tengan papeles serán delincuentes y como delincuentes serán expulsados del país. Además los que se atrevan a alquilar alguna vivienda a éstos, correrán la misma suerte, el delito, por favorecer la estancia de los indeseables. Es que ya no se puede pasear por las calles de Roma...
En Nápoles tienen otro problema, hábilmente solucionado por el gobierno del empresario. Hay asentamientos de gitanos rumanos, que claro, afean el entorno y encima nadie conoce de que viven, seguramente de robar. Una cosa es la Camorra, que es de allí y otra, estos rumanos. Los gitanos tampoco son rubios y visten con harapos. Para eso, el gobierno controlará los poblados para que no salgan a relacionarse con los napolitanos. Es mejor que estén vigilados por lo que puedan hacer, está claro. Si incumplen las leyes, pueden ser detenidos y conminados en centros de detención durante 18 meses. Espero que la UE no se ponga pesada y esgrima la libertad de movimiento que tienen declarada todos los ciudadanos incluidos los rumanos; éstos que se muevan por donde quieran pero no en Italia. Yo, desde aquí, además, propondría a Berlusconi que hiciera algo con el atuendo de los gitanos que da muy mala imagen, que luzcan algo distintivo para que la población de bien los reconozcan, no sé, estrellas de diferentes colores, triángulos o brazaletes cosidos a la ropa. Como algún gitano de esos puede que no tenga los rasgos que denoten su raza, el sistema de clasificación sería muy buena idea. Así todos estarían más tranquilos sabiendo quienes son. Y si viven todos en un mismo sitio, también mejor, que nunca se sabe que puede ocurrir.

La Historia de la Humanidad es la historia de los movimientos migratorios. La emigración italiana ha sido un caso singular, se estima que desde fines del siglo XIX hasta los años 70 más de 30 millones de italianos salieron de su país en busca de nuevas oportunidades laborales, fundamentalmente a Estados Unidos, Argentina, Brasil y Centroeuropa. En la actualidad, hay aproximadamente 15,7 millones de italoamericanos y entre 15 y 20 millones de argentinos que en distinto grado tienen también esta ascendencia italiana. Menos mal que no se toparon con gobiernos como el de Berlusconi.