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martes, 14 de junio de 2011

Los laberintos

Mi cabeza es un laberinto oscuro. A veces hay como relámpagos que iluminan algunos corredores. Nunca termino de saber por qué hago ciertas cosas.

El túnel (Ernesto Sabato, 1948)

Suponía que tenía que ser de día. Había perdido la noción del tiempo y las paredes del laberinto, altas, de hormigón y sin grietas, no dejaban ver la luz del sol. Pasado ya los momentos de angustia, de gritos infructuosos de ayuda, mi mente se enfrió y se esforzó en exclusiva en buscar la salida. Como no disponía del hilo de Ariadna, ni de las migas de pan de Pulgarcito. Utilicé la vieja estrategia para salir de un laberinto; seguir siempre la misma pared y tarde o temprano encuentras el final. Aún sin saber si este laberinto tenía salida, fue apoyando la mano a la pared que quedaba a mi derecha. Al principio a ritmo normal, pero conforme caminaba, mi cuerpo excitado me pedía ir más rápido. Casi sin aliento, no sé ni el tiempo que pasé doblando esquinas, sorteando recovecos y atravesando largos corredores. Aunque me sentía desfallecido, cuando vi un gran hueco al final del túnel invadido de luz, corrí con  lágrimas que rodaban, esquivas, por mi cara. Ahí estaba al fin… Respiré. El sol estaba en lo más alto. No me importaba que mis ojos quedaran cegados ante ese derroche de luz. Me sentí joven de nuevo. Justo ahí, había un pequeño césped con un banco de piedra en medio. Me senté para recuperar el aliento. Frente a él, tres puertas hechas de setos, cada una coronada con un dintel de piedra con unas palabras grabadas:

AL FINAL     ESTÁ     LA SALIDA

Así descubrí que ése no era el final de un laberinto, sino el principio de otro. Mi laberinto estaba dentro de otro más grande cuyas paredes eran vegetales. Lloré, pataleé, me lamenté, clamé al cielo por mi mala suerte… Desorientado, tomé de nuevo rumbo y me adentré en este gran laberinto. Ahora el sol que ansiaba me abrasaba la piel.

Los laberintos son símbolos muy potentes, utilizados en todas las épocas, para representar el enigma, la desorientación de la vida, los dilemas… El día 30 de abril nos dejó una mente lúcida y laberíntica del mundo de la literatura: Ernesto Sabato, uno de los mejores narradores argentinos del siglo XX. Por esas cosas de las casualidades, homenajeando a este gran escritor, hoy (y no cuando murió, por diferentes razones circunstanciales) escribo sobre laberintos y me doy cuenta de otra gran efeméride, también sobre el fallecimiento, también sobre otro grande de la literatura y también argentino. Hoy 14 de junio, hace 25 años de la muerte de Jorge Luis Borges. Dos nombres verdaderamente ilustres, aficionados ambos a los laberintos y que han escrito algunos de los textos en castellano más bellos de la Historia. Esto es mucho decir, soy consciente, pero creo que no me equivoco. Así que sirva desde aquí mi homenaje a Sabato y Borges, por lo que dejaron escrito y vivido; y por lo que fueron. Cualquiera de sus obras tienen la magia de lo que está escrito con inteligencia. Son laberintos en los que merece la pena entrar y perderse absolutamente.

martes, 17 de mayo de 2011

Madame Mao

Yo era el perro enojado de Mao. A quien él dijese que había que morder, yo le mordía.

Jiang Qing

Madame Mao

La noche antes del juicio pensó en Mao. Sabía que el día siguiente iba a ser muy duro. Conocía el sistema mejor que nadie. Retransmitirían el juicio a toda la nación para que la humillación fuese mayor y el castigo asustara a todo el pueblo. Así sabrían de lo que es capaz la Gran República Popular. ¿Contrarrevolucionaria? Aún no lo podía creer. Ella había sido alabada como madre de la Revolución Cultural, el apoyo de Mao, la cara visible de las mujeres chinas. Hoy, sin embargo, todo ha cambiado. La nueva China que diseñamos no se parecía a ésta. El comunismo ya no lucía en los carteles exhortando a los ciudadanos. Ahora sólo se usa cínicamente el retrato oficial de Mao, cuando todos sus sucesores han traicionado su espíritu. Pensó en el aburguesamiento de los actuales líderes, en el ansia de poder, en los años dorados, pero nada de eso podía salvarla ya. No se decidía en si defenderse fieramente o adoptar un profundo silencio, resignándose a un castigo ya dictado de antemano. La Revolución Cultural había fracasado, el Gran Salto Adelante se había convertido en un nuevo paso atrás. Ahora su vida no valía nada. Estaba preparada.

Jiang Qing fue la cuarta y última esposa de Mao Zedong. Encarnó el ideal de mujer maoísta y fue líder e ideóloga de la Revolución Cultural China. Era la compañera perfecta y la camarada leal. A la muerte del Gran Timonel, sirvió de chivo expiatorio por el ala más reformista del Partido Comunista Chino, que en ese momento ascendió al poder. Después de décadas de culto a la persona de Mao era imposible revertir sus consecuencias y se detuvo, encarceló y enjuició a sus más fieles colaboradores. Se les llamó la Banda de los Cuatro y Jiang Qing estaba entre ellos. Como forma de escarmiento público, el juicio, con cargos de intento de golpe de estado y de contrarrevolución, se retransmitió en la televisión pública. Madame Mao, como en Occidente se la denominaba despectivamente, se mantuvo impertérrita ante las acusaciones y decidió defenderse a sí misma en un juicio que ya estaba decidido de antemano. Fue condenada a muerte, por supuesto, aunque su pena se conmutó por cadena perpetua, como signo de la misericordia de la República Popular. Murió el 14 de mayo de 1991, hace ahora veinte años. El régimen informó de su suicidio, un final supuestamente expiatorio para una mujer que construyó la faceta más renovadora (y a la vez sangrienta y censora) de la China comunista. Vivió las dos caras del poder en su persona y pagó su osadía.

Ayer se cumplió el 45 aniversario del inicio de la Revolución Cultural China. Cuando me sumerjo en la Historia, siempre termino llegando a la conclusión que los grandes acontecimientos siempre traen aparejadas pequeñas historias personales como ésta, que tienen el mismo interés, al menos,  que las más grandes hazañas y las más terribles desgracias.

domingo, 8 de noviembre de 2009

La caída del muro

¡Nosotros somos el pueblo! ¡Que caiga el muro!

Manifestaciones en Leipzig (sept-oct. de 1989)

Hay símbolos que parece que van a durar eternamente, hasta que llega un día en que se resquebrajan y caen, y con él todo lo que significaban. El muro no sólo separaba una ciudad, sino dos mundos que estaban condenados a no entenderse, pero que podían hacerlo. El hormigón, el alambre de espino, los guardias resguardaban el infierno con su enfadado semblante. Era una división hecha pared, roca contra la que se enfrentaban los atrevidos, hierro que supuso frío y muerte. Muchos nacieron con su furioso ceño vigilante, por eso es normal que no creyeran que se podía vivir sin él. Muchos tiñeron de sangre sus paredes. Muchos soñaron con que se desmoronaba y pudieron comprobar como ese sueño se hacía realidad. Supongo que hubo también quien quería verse atrapado bajo la sombra del muro. Pero por fin llegó el día deseado, en que la sinrazón no se soportaba más, que los cimientos cedieron ante los gritos y se cambiaron alambradas por abrazos. Ese día no fue el fin definitivo del muro. Ya no existe físicamente, pero sí en el interior de las personas. Berlineses o no, cada día hay que luchar contra el muro que alzamos, contra el que nos separa, que nos divide, que nos acribilla.

Noche fría de noviembre en Berlín, picos, mazas, martillos y piquetas acabaron con los más de 28 años de vergüenza del muro. Una noche feliz de reconciliación entre los mismos berlineses que fueron durante esos años enemigos irreconciliables. Miles de personas consiguieron traspasar su férrea guardia y unos 200 murieron intentándolo. Tras su caída, el Telón de Acero fue oxidándose y sus países como piezas de dominó terminaron por caer. 20 años después, su recuerdo sigue presente en muchos otros muros construidos o que se planean construir, que intentan contener lo incontenible: el ansia del ser humano por vivir, por escapar, por alcanzar una libertad pisoteada por la mente perversa del poder. Hoy aún existen muros visibles e invisibles ante nuestros ojos. Muros que deben caer, muros que tenemos que derribar.

lunes, 17 de agosto de 2009

Woodstock

Woodstock fue un cúmulo de circunstancias donde todo lo que tenía que haber salido mal, salió bien.

David Fricke

Venía de la compra en coche. Se había aprovisionado para la visita de su hijo, su nuera y sus nietos. Se paró en un semáforo. Encendió la radio. My Generation de The Who. Y asintió satisfecha. Recordó la fecha en la que estaba. Cerró los ojos. En los últimos sones de la canción, el locutor dijo que la dedicaba a aquellos locos de la era de Acuario cuarenta años después. Se miró en el espejo retrovisor. Sus ojos habían perdido brillo, los rodeaban profundas arrugas. Pero cada vez que escuchaba esa canción se veía con veinte años, con su melena rubia decorada con flores y un vestido ancho que le gustaba mucho. Y recordaba, sin tener que mencionarlo la radio o la televisión, el barrizal de Woodstock, la gente apretada en los conciertos, la música, sus amigos. Pero sabía que poco quedaba de aquella chica cuarenta años más tarde, poco más que un recuerdo, como poco quedaba de aquel mundo inocente que aún creía en el cambio. El mundo que los jóvenes moverían hacia la paz, donde el amor sería la divisa. Ideas que ahora sonrojarían incluso a los niños y que aquella chica en su momento las convirtió en su credo. Y de repente, el coche de atrás la sacó de su recuerdo con un hosco claxon que le indicaba que el semáforo ya se había puesto. Paz y amor, pensó. Sonrió y siguió su camino a casa.

Este blog sesentófilo, melómano y amante de los lugares que fueron y desaparecieron, no podía pasar el cuarenta aniversario del festival de Woodstock, momento clave no sólo en la música de final del siglo XX sino en su historia en general. Porque Woodstock unió a toda una generación que creyó en utopías en las que ya nadie cree y porque el festival puso punto y final a una década prodigiosa. Transcurrió en una granja en Bethel (Estado de Nueva York) entre el 15 y el 18 de agosto de 1969 y congregó a medio millón de personas, cuando sólo se esperaban unos 60.000. Más allá de él, muchas cosas cambiaron, porque no hay nada duradero en este mundo, y los hippies de Woodstock se reconvirtieron y se diluyeron. Cuarenta años después se alzan algunas voces críticas diciendo que se ha creado un mito falso alrededor del festival. Puede ser, porque los que no vivimos un hecho histórico tendemos a exagerarlo. En cualquier caso, sea un hito o un simple concierto, la memoria de Woodstock permanecerá como el fin de la efímera era hippy en el mundo.

Vídeo: Actuación de The Who tocando My Generation en el festival de Woodstock de 1969.

lunes, 29 de junio de 2009

El cuervo

Todo lo que vemos o parecemos es solamente un sueño dentro de un sueño.

Edgar Allan Poe

En una noche cerrada, de lluvia tempestuosa, frío que cala hasta los huesos, de soledad y silencio, cualquier cosa puede suceder. Los ojos no pueden, no quieren quitar la vista de las letras impresas. Miras por la ventana y el fulgor de un rayo ilumina por un segundo la negrura del exterior. ¿Hay alguien ahí? La imaginación puede producir una mala pasada. Eres consciente. De repente, una ventana se abre furiosa y te sobresalta. El pulso se dispara y tratas de tranquilizarte. La cierras lentamente pugnado contra el viento. A través del cristal intentas distinguir algo. Algo más que el agua cayendo en torrente del cielo, algo más que las nubes que encapotan la noche. Un nuevo fulgor. Sobre el árbol que agita sus ramas en el jardín, un pájaro que se camufla con su negro plumaje mira la ventana, tranquilo, impertérrito, como si la tormenta no fuera con él. Apenas lo puedes ves, pero imaginas sus garras afiladas, sus ojos insensibles, su vuelo feroz. Te sientes observado. Por eso, aseguras que todo esté cerrado, aferrándote a la débil confianza de una habitación sin posibilidad de entrada. Ni salida. Y vuelves al sillón, recoges el libro e intentas concentrarte de nuevo. Pero no eres capaz. Lo cierras de golpe y tembloroso, acaricias las letras grabadas de la portada. Apenas tres: POE.

Creador de relatos en un tiempo en que se escribían largas novelas, pionero e iniciador del género de terror, este año se dedica a Edgar Allan Poe, conmemorándose el 200 aniversario de su nacimiento. Por eso tenía que hacerle un pequeño homenaje a su obra, en la que destacan cuentos como Los crímenes de la calle Morgue, El escarabajo de oro, La verdad sobre el caso del señor Valdemar, El corazón delator o poemas como Annabel Lee o El cuervo. Misteriosas y oscuras palabras como lo fue su malograda vida marcada por el sufrimiento, el alcohol y la locura. Contienen todas ellas los ingredientes básicos de lo que consideramos actualmente el misterio, el terror, el suspense, por lo que influyó no sólo en la literatura sino en otras artes como el cine. Hoy, dos siglos después, Poe continua vigente y el aniversario es, como en este tipo de efemérides, una excusa más para que volvamos a sus escritos originales. Nada mejor que las fuentes para darnos cuenta de su importancia y modernidad. Gracias a su creatividad, cosas y animales, en principio tan inocentes, como una carta, un pozo y un péndulo, un barril de amontillado o un gato negro se convirtieron en historias inquietantes. Si sois de fácil pesadilla, os advierto que no os adentréis en este mundo. Sólo lo diré una vez. Nunca más.

sábado, 6 de junio de 2009

El hombre de Tian'anmen

Los héroes del pueblo son inmortales.

Mao Zedong (Inscripción del obelisco de la plaza de Tian'anmen)

¿Dónde estarás hoy? ¿Qué será de tu vida? Callado pero firme, oponiendo débil carne a grueso metal, allí te alzaste, sin nombre, sin discurso. Tú solo, pequeño, diminuto en la plaza más grande del mundo. Esa plaza gobernada el miedo y la represión. Feroz héroe del pueblo que jamás saliste endiosado en un monumento alzando tu puño, ni tu hoz, ni tu martillo, sólo tú, sin armas más que tus brazos, sin fuerzas más que las de tus palabras. Enfrentado a la grandeza de las mecánicas orugas de los tanques, no desfalleciste por más que la sombra de Mao cayera sobre tu espalda. Débil hombre determinado a cambiar el rumbo sin saber que millones de ojos estarían pendientes de ti, de tu obstinación, de tu valor. Únicamente por permanecer de pie, resistiendo, el mundo te guarda respeto. Un sencillo gesto de soledad para decir a todos que China sigue viva, que nadie puede controlar los designios de millones de personas secuestrando sus mentes y sus vidas. No hay dragón, por muchos años que pasen, que pueda con un hombre rebelde como tú.

Estos días se cumplen el vigésimo aniversario de la masacre de Tian'anmen, de la que aún hoy no se conoce con seguridad cuántas personas murieron a manos de gobierno chino. Sangre inocente derramada, como otras veces, por intentar forzar la maquinaria, por tratar de torcer la dirección de las agujas del reloj, por querer parar los engranajes. Este hombre es símbolo de todos aquellos que murieron allí, reivindicando libertad. Este minúsculo hombre sin nombre del que nada se conoce, ni siquiera hoy, me hace pensar en lo ridículo que pareceremos los que pretendemos cambiar las cosas sentados en nuestros sofás o frente a una pantalla de ordenador. Los que hablamos y hablamos sin cesar polemizando sobre lo que está bien o mal y nunca saldremos de los seguros muros de nuestro hogar. A todos nosotros, el hombre de Tian'anmen no da un ejemplo de valentía que ninguno podremos jamás en la vida ni siquiera probar.
Paradójicamente, las palabras del viejo Mao en el obelisco de la plaza adquieren una nueva dimensión brindando la inmortalidad al hombre frente al tanque. Sin embargo, veinte años después, el partido comunista sigue queriendo dominar la vida de millones de chinos. Ilusa idea que cada dictadura cree posible sin caer en la cuenta que la mente es libre y que no hay consignas, ni libros rojos, ni purgas, ni represiones que puedan cambiar este hecho. Y aunque ya son décadas de comunismo en China, hubo un día que frente al poder absoluto de los emperadores y ante la tumba del Gran Timonel, un hombre se hizo fuerte y dijo NO.

domingo, 15 de febrero de 2009

Primer aniversario

A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.

Oscar Wilde

Bienvenidos señoras y señores, niños y niñas, al mayor espectáculo del mundo. Admiren la isla que desaparece en un mar de celofán sin dejar rastro. Disfruten con las habilidades de nuestros acróbatas chinos y su espectacular número del nido de pájaro. Tenemos las mayores obras de arte, que podrán ver como si estuvieran sentados en su propio salón, desde antigüedades pompeyanas hasta la más delicadas lacas de lejano Shanghai. Observen un lujo digno de una corte imperial, perfectas orquídeas, juncos salvajes... Creerán que el tiempo se ha cambiado en nuestra compañía. Debatan con el auténtico hombre teórico y toda su retahíla de pros y de contras. Palpiten con los encantos de Carmensita, nuestra princesa omeya, escuchen a la misteriosa contadora de historias de seis palabras, asómbrense con el perro ruso que habla, con el león africano procedente de las procelosas tierras de Aksum, con Gloria, la domadora de hormigas. Gentes de toda clase y condición se darán cita aquí: piratas, indios, venecianos, muñecas rusas, siamesas... Se deslumbrarán con este viaje espiritual y su vida no será la misma desde entonces. No se resistan, no querrán escapar, vengan con sus amigos o con sus amantes, da lo mismo, es una ocasión única que no podrán aceptar en el futuro. Les garantizamos que se quedarán mudos por todas las maravillas que les vamos a ofrecer y comprobarán cómo no podrán despedirse jamás de nosotros.

Hace un año, Capri se terminó y con ella tantas cosas que pensé que no sobreviviría al cataclismo. Pero no fue así. Me monté en una barca con cuatro cosas que pude rescatar e inicié un periplo en busca de algún otro lugar. Pronto se fueron uniendo a mí muchas personas, que me aportaron inspiradoras ideas y diálogos más que inteligentes. Gente tan dispar y desde sitios tan insospechados que jamás en la vida hubiera podido ni siquiera pensar en conocerlos. Aún me sigo maravillando con esta pequeña magia que nos acerca. Gracias a ellos la barca sigue su rumbo por los siete mares sin temor a que naufrague. Y espero que la travesía sea tan rica y provechosa como lo fue este primer año. Muchas gracias a todos los que en algún momento decidieron pararse a escuchar las historias de este viaje. Estoy eternamente en deuda con ellos.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Gloria a Gloria

Sobre la soledad hoy yo me desdigo

No hay soledad perfecta,
eso es un fraude;
ser y no estar (es duro)
ser y no estar con la persona amada.

Porque hay que estar, y ser junto a su cuerpo;
(poetas tristes dejaros de bobadas)
no decir: que la tarde y su presencia
en la ausencia
pasa a ser perfume de alborada...

Tan sólo la verdad es poesía.
La soledad, una cabronada.


Acababa de aprender a leer. Era, en esa época donde los cumpleaños se celebraban con tarta y caramelos y un montón de niños. No era el mío, sino el de una compañera de clase. Cada cual le dio su regalo y ella los abrió como una princesa caprichosa en una montaña de papel de envolver. Entre gritos y carreras de los demás, yo cogí un libro dejado entre el resto de regalos. En su portada, en grandes letras amarillas, ponía GLORIA FUERTES y ese nombre se me quedó grabado. Me pareció gracioso. Leí las primeras páginas. Nunca había leído nada igual, teatro en verso, pero es que nunca había leído nada, nada de nada. La fiesta acabó como todas las fiestas, con gracias dichas desde la puerta y cartuchos de golosinas para cada invitado. A la semana siguiente, volví a esa misma casa. No es que tuviera especial interés en jugar con esa niña, sino que quería terminar el libro. Mientras ella peinaba su muñeca, yo leía. Cuando terminé, me sentí como un conquistador español poniendo una bandera en una isla ignorada. Tuve consciencia, en ese mismo instante, de que era el primer libro que leía y que no sería el último. Como así ha sido.

Hoy, 27 de noviembre hace diez años que Gloria Fuertes murió. Su ausencia aún se nota, porque no existen escritores como ella. Gloria nacida para poeta o para muerto, escogió lo difícil y luego se murió. Gloria, poeta de los niños, y por eso ninguneada por los escritores de las altas cumbres, a pesar de que sabía ponerse seria y adulta, aunque seria no me la imagino nunca. Gloria, que nació para nada o para soldado, escogió lo difícil, ser apenas nada en el tablado. Pero lo que Gloria no se dio cuenta al escoger es que la nada es el todo de muchos, de demasiados. Pobres niños sin ti, maestra, pobres niños adultos sin tus letras, sin tu voz cascada en mil batallas, sin tus versos escritos en madrugada. Ya sin humo, sin historias, sin papeles arrugados, no hay soledad perfecta, tú misma lo dijiste, entre tantas cosas sabias. No hay soledad sin olvido tampoco, por eso, yo no te olvido, Gloria. Hoy, te cuento algo que seguro que te gustaría: aún me dura esa misma curiosidad que me llenaba el cuerpo cuando leí ese primer libro, me pasa impepinablemente cuando abro cualquier libro para leer. Soy afortunado por no perderla. Gracias Gloria.

jueves, 28 de agosto de 2008

El ocaso de Pompeya

Todo yace sumergido en llamas y triste ceniza. Ni los dioses hubieran tenido poder para hacer algo parecido.


No podía durar mucho tiempo. Nuestro fin estaba escrito en las rocas del interior de la Tierra. Pero no pensé que me iba a tocar a mí. Yo, que soy un honrado artesano, que nací bajo la sombra del gran Padre Vesubio y que no tengo nada que ver con los sucios burdeles, ni con el culto a Baco, voy a sucumbir bajo la nube de polvo y muerte que sale de su caldera. Él, el que dio sombra a Pompeya, el que concedió fertilidad a la tierra hasta convertir el vino de sus laderas en néctar divino, hoy, cansado de nuestros abusos, hará caer su cólera sobre nuestras desdichadas osamentas. Ni el auxilio del Apolo, cuyo carro ha desaparecido bajo la niebla de fuego, ni el más poderoso rayo de Júpiter contendrán la furia del monte, que ruge en sus adentros, dando la voz de aviso a los que serán sus víctimas. No queda nada más que hacer, ni ruegos, ni quejas, ni apenas lágrimas. Pompeya pagará sus pecados bajo la ceniza purificadora del infierno. La ciudad, que miraba altiva, luciendo su prosperidad, quedará enterrada por el fuego y la piedra, extinguida como una plaga. La Humanidad enterrará también su recuerdo. Nunca nadie volverá a acordarse de Pompeya.

Pero se equivocaron los que pensaron así, Pompeya volvió a nacer a finales del siglo XVIII con el inicio de la Arqueología moderna. Nació una ciudad totalmente detenida en el tiempo, justamente el 24 y 25 de agosto del 79 dC. Surgieron de repente, casas, tiendas, templos, esculturas y frescos, como nunca se habían visto antes. Con toda su fuerza originaria rescatada de entre las cenizas, Pompeya se convirtió en un símbolo, muestra del urbanismo romano y de su forma de vida, cuestiones difíciles de estudiar cuando se trata de civilizaciones antiguas. Hoy, 1979 años después, Pompeya se prepara para una nueva erupción, que esta vez supondrá la destrucción definitiva de la ciudad. No será el Vesubio esta vez, sino el dinero. Es curioso que en la ciudad donde se encontró una inscripción que decía Salve, lucrum (Bienvenido, dinero), el turismo descontrolado y la falta de mantenimiento terminen por acabar con ella. Cada año se pierden al menos 150 m² de frescos y yesos y unas 3000 piezas de piedra acaban desintegrándose. El gobierno italiano ha declarado el estado de emergencia en el yacimiento, que paradójicamente lleva a cabo medidas de restauración desde 1978. Se pierde lo ya excavado, pero también el tercio que queda sin hacerlo al ser usado como vertedero ilegal de las basuras excedentes de Nápoles. Pompeya vuelve a estar en manos del destino. Alea jacta est.

martes, 19 de agosto de 2008

El final de la primavera

Nuestra desgracia servirá para iluminar al mundo.


Hubo un lugar en 1968, donde la primavera no terminó hasta el mes de agosto, una primavera excepcionalmente larga. Fue en Praga, en la extinta Checoslovaquia. Sin aviso previo, las flores, que aún no se había marchitado, soportaban estoicas los meses. Las personas de la calle celebraban las agradables temperaturas, aún con la extrañeza de que el pesado verano no cayera sobre ellos. Se organizaron bailes populares y la alegría se apoderó de la ciudad. Pero ya entrado agosto, la situación se estaba prolongando demasiado. Un sesudo comité en Moscú decidió que la primavera en Praga debía terminar. Sería por decreto si hacía falta. Daba igual que el ardiente sol no luciera o que las flores surgieran en cada pedazo de tierra. Podría ocurrir que la primavera se contagiara al resto de países y esa posibilidad no podían consentirla más tiempo. El 20 de agosto de 1968, la persistente primavera fue fulminada a golpe de tanque. Se pisotearon las flores, ráfagas de fuego soviético surcaron el cielo, intentando parar la suave brisa primaveral, los praguenses fueron obligados a bañarse en las aguas del Moldava como ocurría cada verano y finalmente las tropas impusieron el curso normal de las estaciones. En la calle se rehuía hablar de la larga primavera, nadie se atrevía ni siquiera a citarla aunque en el fondo todos sabían que el verano impuesto también caería, como caen todas las estaciones, sólo era cuestión de tiempo.

Pero como las imposiciones no convencen a todos por completo, algunas personas seguían sin ver el verano por ningún lado. Es más, la primavera se les instaló en el corazón de tal manera que eran incapaces de sentir ni calores agobiantes, ni fríos extremos. Nadie comprendía su situación, como aquejados de una extraña enfermedad, ni en su propia ciudad, ni en el Este, ni en el Oeste. La mayoría de éstos, enterraron su sentir por miedo a ser rechazados, otros huyeron, buscando aires nuevos. Ninguna opción era fácil. Sin embargo, Jan Palach, estudiante de 20 años, optó por el camino más crudo. Sin poder resistirlo más, el 19 de enero de 1969 prendió fuego a su cuerpo a los pies de la escalinata del Museo Nacional de Praga. El 25 de febrero, otro estudiante, Jan Zajíc, hizo exactamente lo mismo en el mismo lugar. Sobre los adoquines, dos cuerpos calcinados demostraron al mundo que hay estaciones que anidan dentro de nosotros, bien sean melancólicos otoños o resplandecientes primaveras y que éstas nunca finalizan. No hay bombas, ni represiones, ni tanques, ni torturas que acaben con ellas.

1ª imagen: Almendros en flor frente a la iglesia de San Nicolás de Praga.
2ª imagen: Monumento conmemorativo a Jan Palach y Jan Zajíc, en la plaza Wenceslas de la capital checa.

domingo, 11 de mayo de 2008

El Mayo de la libertad

Después de lo que hemos vivido durante este mes, ni el mundo, ni la vida volverán a ser como eran.

Daniel Cohn-Bendit (junio de 1968)

En la plaza de La Sorbona, los jóvenes se congregan todos los días. La asamblea revolucionaria corea sus consignas: la revolución es necesaria, la imaginación al poder. La utopía sobrevuela la plaza, tocando las cabezas de cada uno de los estudiantes: todo es posible. Los objetivos son infinitos, las reivindicaciones múltiples: necesitamos abolir el autoritarismo, el aburrimiento es contrarrevolucionario, dejen salir a los borregos de sus rediles, seamos realistas, pidamos lo imposible. La utopía se extiende como una mancha de aceite, la Universidad, las calles del Barrio Latino, las fábricas, los intelectuales, el país entero... Mientras en otro lugar de París, el viejo general mira cansado al cielo y se lamenta, esta Francia no es la misma que liberamos de la Guerra. Eso no lo puede evitar ni él, ni nadie. Las ansias de cambio llegan tarde para el general. Los estudiantes, los sindicatos, el Partido Comunista, los anarquistas van tomando la ciudad, las barricadas vuelven a asentarse en la vieja París. Las estructuras comienzan a crujir, no son posibles los parches, están podridas. La policía carga contra el sueño, pero nadie deja de soñar. Pueden detener a Dany el Rojo, a los 8 líderes estudiantiles, a los 30.000 de Nanterre, al pueblo entero pero el Arco del Triunfo es suyo, rojo, rojinegro o de cualquier color. La chispa ya está encendida. Saca del suelo los adoquines, lánzalos, defiende tus ideales, bajo ellos está la playa, ancha y extensa, buena para todos. Luego llegó el tiempo de la decepción, de las traiciones, del fracaso, pero hubo un Mayo de la libertad, en 1968, en que las personas gritaron y lucharon por el cambio.

Han pasado 40 años, los ideales se han olvidado, de aquel Mayo sólo queda la nostalgia y el recuerdo. Aún se discute sobre si fue un fracaso absoluto o nuestra sociedad es heredera del 68. ¿Todo sigue igual desde entonces? Claramente, no. Algunos problemas siguen sin solución hoy, otros han cambiado de lugar o de gravedad y han nacido nuevos. Pero lo más importante, ¿se ha perdido el espíritu de lucha? De vez en cuando resurgen destellos de lucha ciudadana, como contra la guerra, esa misma y cruel guerra que sigue azotando el mundo sea en Vietnam o en Iraq o contra las injusticias, contra las dictaduras que permiten que el pueblo muera de hambre, contra la represión, contra la violencia... Pero los engranajes están oxidados y verdaderamente cuesta moverlos. Aún quedan adoquines en la calles, suelo contra en que se estampa la sangre y las ilusiones de los inocentes, pero debemos pensar que la arena de playa también siguen intacta ahí abajo, lista para que la destapemos.

miércoles, 23 de abril de 2008

Treinta

Cuando se tienen veinte años, uno cree haber resuelto el enigma del mundo; a los treinta reflexiona sobre él, y a los cuarenta descubre que es insoluble.


Me parece el colmo del narcisismo dedicar una entrada al cumpleaños de uno mismo, pero todos comprenderéis que la cifra es significativa y lo merece. 30, treinta, treinta años... siempre fue una fecha clave para mí, siempre me decía cuando llegue a los treinta haré o habré hecho tal cosa o seré de tal o cual manera y ese momento ha llegado irremediablemente. ¿Dónde está el paroximo que me tenía que entrar? ¿dónde las convulsiones? ¡Humm, no noto nada extraño! Citando a un gran amigo, tienes dos opciones ante este acontecimiento: deprimirse o celebrarlo y como los tratamientos contra la depresión son largos y las píldoras adictivas, es mejor celebrarlo. Aún no sé ni bien que voy a hacer pero voy a dedicar la semana completa a celebrarlo de forma especial. Hoy, exactamente, hace treinta años, 23 de abril, el Día del libro, nací yo. ¿Queda algo de ese niño? Supongo que mucho, la esencia, aunque los treinta te cargan de muchas cosas, buenas y malas, manías, anécdotas, recuerdos, amigos que se fueron, otros que vinieron, en definitiva, todo lo que me hace que yo sea así en este momento determinado. No quiero caer en el tan televisivo: No voy a cambiar o Sigo siendo el mismo, me repugna. Hoy puedo decir que nunca acerté con las predicciones que hice sobre los treinta, así que en lo sucesivo procuraré dejar la videncia amateur. Mientras tanto, sonrío a la vida, contento, treinta es una cifra bonita, me haré a la idea de ello, al menos.

Como parte de la celebración y para seguir con el narcisimo, me dedico un vídeo musical: Crime de Nawjajean. Is this a crime?