domingo, 24 de agosto de 2008
El nido de pájaro
viernes, 15 de agosto de 2008
Carmensita
viernes, 8 de agosto de 2008
China
Imagen: Detalle de la Ciudad Prohibida, Pekín.
Vídeo: Música tradicional china con imágenes del país.
martes, 8 de abril de 2008
Shanghai, años 30
Los callejones de Shanghai son polvorientos salvo cuando llega el monzón que se convierten en auténticos barrizales. Están repletos de gente. Hay vendedores ambulantes, grupos de refugiados rusos harapientos, puestos de ropavejeros judíos, chinas vestidas a la occidental. En la mañana los clubes duermen su letargo para despertarse por la noche con luces y un reguero variopinto de clientes. Las avenidas son compartidas por el tranvía, caballos, bicicletas con motor, rickshaws e incluso algún diplomático Rolls-Royce. Siempre hay gente en las calles de Shanghai, todo está en venta, artesanía, té, frutas, telas... todo, si existe, se vende en Shanghai.
Del Shanghai de entreguerras no queda nada ya, como tampoco del París de la Belle Époque o del México revolucionario. Es un lugar mítico que fue la capital comercial de Oriente, punto de mira geoestratégico para las potencias y hogar de multitud de refugiados que llegaron huyendo de distintos conflictos. Como una fotografía, quieta, estancada, ya sólo existe en los libros y en el cine. Últimamente he visto tres películas ambientadas exactamente en ese momento y lugar:
La condesa rusa (James Ivory, 2005), la visión occidental de un Shanghai sumido en las intrigas internacionales y la vorágine de la espera tensa de la II Guerra Mundial. La ciudad es escenario de la historia de una aristócrata rusa (Natasha Richardson) exiliada por la Revolución bolchevique que sobrevive a duras penas y un ex-diplomático ciego (Ralph Fiennes) descreído del mundo que monta un club donde aislarse del mundo y su drama personal.
La joya de Shanghai (Zhang Yimou, 1995), los ojos de pequeño Shuisheng, que llega del campo a trabajar de criado para el patrón Tang, descubren el Shanghai de la lucha de las mafias del opio. Servirá a Joya (Gong Li), la artista más conocida de la ciudad y amante de Tang, que arriesgará su vida de mantenida al enamorarse.
Deseo, peligro (Ang Lee, 2007), la época dorada de Shanghai termina con la invasión japonesa de la ciudad. Este crepúsculo rodea la historia de deseo y amor entre el señor Yee (Tony Leung), alto mando del gobierno colaboracionista y la joven señora Mak (Wei Tang), espía al servicio de una célula revolucionaria que pretende acabar con Yee. El amor servirá de obstáculo para este objetivo.
Tres historias de amor con un escenario común, la cosmopolita y corrupta Shanghai, la que ya no existe.
lunes, 10 de marzo de 2008
La resistencia y el deseo
Un guarda amablemente levanta la valla que limita el distrito gubernamental de Shanghái para dejar salir a la señora Wak. Nadie lo sabe pero tiene una cita clandestina. Insegura, vigilando que no la sigan, se dirige a contactar con la célula de la resistencia a la que pertenece. Ella no es la opulenta señora Wak sino Wong Chia Chi, una estudiante revolucionaria que ha tenido que infiltrarse en casa del señor Yee, miembro del gobierno-títere impuesto por Japón. La resistencia conoce la debilidad de Yee por las mujeres pero también sabe de su extremada desconfianza, dos chicas fueron descubiertas anteriormente y ejecutadas en el acto. Pero Wong Chia Chi ha llegado donde las otras fracasaron, vive en casa de Yee, juega al mahjong con su esposa y además es su amante. Sin embargo, este plan de espionaje perfecto se va deshaciendo poco a poco cuando ella descubre que Yee es algo más que un tirano colaboracionista, es el hombre que ama.
Las historias de amor en tiempos de guerra son muy comunes; debe ser que las dificultades agudizan los deseos de los amantes. Y esta es una historia de amor y deseo, repleta de dificultades. Ella es una espía revolucionaria, él, un jerarca del gobierno, dos enemigos, pero surgen entre ellos un amor irracional que Ang Lee plasma a la manera del cine más clásico, como deben ser filmadas las grandes historias de amor. Pero no sólo es eso, es además la historia de un deseo irrefrenable, animal, cuando sabes que lo último que deberías hacer es dejarte llevar por la pasión. Es miedo por ser descubierto. Son mentiras, a la esposa, a la resistencia, al mundo que los rodea. Es un mundo lleno de obstáculos para reunir a ambos, desnudos, en una cama. Quien piense que sólo es sexo, decirle que creo que no existe una prueba de amor tan incondicional como ese "Vete" ahogado, que Wong Chia Chi le dice al Sr. Yee cuando están en la joyería. Nada de violines, ni puestas de sol. Sólo por eso, merece la pena una película así.