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domingo, 17 de mayo de 2009

Eurovisión 2009

I'm in love, with a fairytale
even though it hurts.

Fairytale (Alexander Rybak, 2009)

Se acabó la fiesta, se apagaron las luces, las voces. Moscú se quedó en silencio. Los fuegos de artificio, las lentejuelas, los gritos, las banderas pasaron. Ya forman parte del recuerdo. Un año más. Esta vez, unánimemente, se eligió al ganador, Alexander Rybak, que representaba a Noruega. Quizá sea la hora de la reflexión, del análisis de las votaciones, de arañar el significado de cada voto, pero creo que una vez pasado todo el festival, todo lo que se pueda decir es inútil. Podremos decir lo que queramos, pero finalmente si entramos en el juego, después no podemos quejarnos del resultado. Eurovisión reúne un poco de todo cada año siempre dando una vuelta de tuerca para no aburrir a nadie. Así que, hubo música, espectáculo, vecinismo, votaciones justas e injustas, como cada edición y emoción, aunque quizá este año menos ante la aplastante rotundidad del ganador noruego. Así es el juego, un divertimento para pasar una noche divertida, oyendo canciones y artistas que jamás hubieran traspasado sus fronteras de no existir este concurso musical. Pero claro está que en Eurovisión sólo una canción gana y el resto son perdedoras, clasificadas mejor o peor, para el que le importe eso. Al menos oficialmente así es, porque la música tiene el enorme mérito de tocarnos a cada uno de una manera diferente. Así cada cual tiene su propio ganador, sin premios, ni trofeos, nada más que simples baratijas que no tienen valor alguno. No queda más que dar la enhorabuena al campeón y a seguir viviendo y escuchando.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El presentador de informativos

Los periodistas dicen algo que saben que no es verdad con la esperanza de que, si lo siguen diciendo, acabará siéndolo.


Esto ha sido todo por hoy. Para más información, consulten nuevas ediciones del informativo. Recito esto con mi mejor voz neutral. Sintonía final y focos fuera. Recojo mis folios, me quito el maquillaje en el camerino y me subo al coche sin decir una palabra a nadie. Este no era el trabajo que yo había imaginado. Me siento mal por quejarme, siquiera por pensar en quejarme. Cualquier compañero mataría por la silla que yo hoy ocupo. Eso sin contar a todos aquellos que sufren en trabajos precarios. No, no tengo derecho a quejarme, por eso callo. Hoy incluso, camino de casa, me han parado dos veces en la calle para felicitarme. Sigue así, lo haces muy bien o te vemos en todos los días. Palabras que deberían honrarme pero lo único que hacen es ahondar más en mi herida. Sólo cuento lo que me dicen. Yo únicamente pongo la cara y la voz a las noticias. A veces ni me interesan, pero debo poner cara de interés. Otras veces, sirvo de portavoz de medias verdades interesadas, insidiosas siempre hacia los mismos y que favorecen justo a los contrarios. Ni siquiera estoy de acuerdo con aquello que digo, pero leo y callo todos los días. Hoy hubiera gritado en medio de la emisión, pero no lo he hecho. Hubiera dicho que esa noticia no era del todo como la había leído, que hay grandes huecos que no somos capaces de tapar y temas que no interesan, que recibimos telefonazos con presiones para dar "otro enfoque" que sea más positivo. Hoy hubiera contado que cuando llego a mi casa abro la puerta y el gélido abrazo de la soledad me recibe todos los días. Lo hubiera dicho, pero no lo he hecho, soy cobarde, me confieso. Soy un cuerpo vacío, sólo una voz que lee. Soy un hombre sin contenido.

domingo, 25 de mayo de 2008

Eurovisión 2008: la Gran Madre Rusia

Cause I’ve got something to believe in

Believe (Dima Bilan, 2008)

Ganó Rusia. La Gran Madre Rusia, aunando a sus hijos sobre su regazo, se llevó el premio. Lo decían muchos y se cumplió, no era casualidad que Rusia llevara algunos años rozando el primer puesto. Iba con toda su artillería para arrasar en Europa. Los más críticos dirán que votan siempre a los mismos, pero en ese caso saldría siempre el mismo ganador y cada año es uno distinto (por ahora). Eso sí, se cumple las pautas, los diez primeros puestos con distinto orden se reparten la clasificación y los países de Europa Occidental no tienen nada que rascar y tienen su Eurovisión propia para eludir el último puesto. Cosas de vecinismo geográfico, la afinidad cultural o vete tú a saber. Hablando de canciones, ha habido de todo, las clásicas baladas un poco ñoñas, las chicas cañonazos contorsionándose como lagartijas con sus lentejuelas, los bailecitos imposibles, los raros, la cuota hortera... Me divierte todo eso, unido como un guiso, aunque claro está, sólo para comer una vez al año. Las canciones de esta Eurovisión han muerto la noche de la final pero cumplieron su función efímera de entretener por un día. En 2009, vendrán más y ocurrirá un poco de lo mismo, siempre con alguna sorpresa para que el espectáculo no decaiga. Pero así es el juego y el sábado desde el Kremlin, Putin se habrá sentido por un momento el zar de todas las Rusias con Europa rendida a sus pies. Ya me hubiera gustado a mí verle la cara de satisfacción en ese momento.

viernes, 23 de mayo de 2008

Eurovisión

Good evening Europe, this is Madrid calling. Here are the results of the spanish votes...

...et finalement, Royaume-Uni, douze points (léase ...e finalmon, guayominí duce puá). Durante años fue la única forma en España de oír hablar en la tele en inglés o en francés o de escuchar algo relacionado con Noruega o Finlandia, por ejemplo. Siempre he asociado Eurovisión con la risa y creo que ese escaparate divertido aún está vigente. No estoy de acuerdo con esos que le auguran un triste final, hoy hay más países que nunca y las audiencias siguen siendo enormes. Tampoco con los que critican la falta de calidad, hay que ir caso por caso, yo nunca suscribiría por completo ninguna lista de éxitos musicales. No puedo dejar de relacionarlo, asimismo, con mi infancia, cuando me sentaba a ver las votaciones en las que conectaban por teléfono desde lugares tan desconocidos para mí como Ankara, Nicosia o Reikiavik. Y es que lo de menos era la música, eso es lo que pensaba en aquellos tiempos y aún lo sigo pensando un poco. Eurovisión es pura geoestrategia europea, el bloque ex-soviético, el balcánico, el nórdico, el báltico... y un muestrario de modas de cada país, se lleva lo folk, lo exótico, la balada... Cada país se pone su mejor máscara para que el resto vea la armonía y prosperidad de su nación, aunque esté comido por los problemas. Pero Eurovisión es así, ya van 53 ediciones, este año se celebra en Belgrado con record de participación: 43 países!!! desde el Cáucaso más pegado a Asia hasta las costas atlánticas más occidentales. Luego se dirá lo de siempre, que es imposible ganar esta especie de caos multinacional, pero es que es difícil poner de acuerdo a 43 personas, imagina 43 países tomando una decisión. Después de dos semifinales para hacer criba de este enorme número de canciones, han quedado 25 en una final este próximo sábado en la que se batirán el cobre. No pienso hacer pronósticos, aquí cada cual va a su aire, las casas de apuestas, los llamados "eurofans", las encuestas de internet... Sólo voy a poner el vídeo de mi favorita. No ganará, estoy seguro, ni siquiera quedará bien, pero me gusta su ritmo. Que la disfruten...



Vídeo: Francia - Sébastien Tellier - Divine

martes, 25 de marzo de 2008

La mujer del César

Augusto gobernaba el mundo, pero Livia gobernaba a Augusto.


Livia, Mesalina, Agripina, Popea, Cesonia, Octavia, Atia, Calpurnia... grandes nombres, hoy vacíos de contenido, mujeres que existieron en una época y de las que sólo quedan los retratos imperiales normalmente idealizados que guardan los museos. Los textos las describen como personificaciones del ideal de la madre Roma: la matrona fuerte, valiente, modesta, ingeniosa, piadosa, fértil y casta. Salvo que cayeran en desgracia, entonces se las consideraban como mujeres intrigantes, promiscuas, frívolas y ambiciosas. En realidad no sabremos nunca como eran, si honradas esposas o malévolas víboras. Como casi todos los personajes de la Historia, su verdadero ser se pierde por el camino y sólo llega hasta nuestros días la imagen deformada.

El cine y la literatura cuando recrean el mundo antiguo optan por la deformación y se ceban especialmente en estas mujeres que acompañan al héroe militar o al gran político. Casi nunca son las protagonistas, como no lo fueron de la Historia, pero son los elementos fundamentales para componer una época decadente y atractiva. Es un mayor aliciente plasmarlas como sibilinas mujeres que movían en la sombra los destinos del Imperio. Así están en todas las intrigas palaciegas, los banquetes envenenados, los susurros cómplices de obras como Yo, Claudio (Robert Graves, 1934, novela y Herbert Wise, 1976, serie de TV), Calígula (Tinto Brass y Bob Guccione, 1977) o la más actual Roma (2005-2007, serie de TV).

Acabo de ver esta última, que me ha gustado mucho, ahonda en las ya contadas conjuras romanas, con una República desintegrándose con muchos candidatos para aprovechar los pedazos. Dejo un vídeo de una escena previa a la coronación de César Augusto donde Atia (Polly Walker), su madre y Livia (Alice Henley), su esposa, se odian mucho, mucho.