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viernes, 27 de mayo de 2011

Sol de Justicia

Defenderemos nuestra isla, cueste lo que cueste. Lucharemos en las playas, lucharemos en los lugares de desembarco, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en los montes. No nos rendiremos jamás. […] y les romperemos las cabezas con botellas de soda porque no tenemos armas.

Winston Churchill (1940, exhortación ante la batalla de Inglaterra en la II Guerra Mundial)

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Barra de bar, dos cervezas, dos hombres de mediana edad hablan:

- ¿Has visto la que hay montada en la Puerta del Sol?

- Menuda panda esos de Sol. Mucha democracia y mucho cuento es lo que tienen. Los querría ver yo en nuestra época. Las cosas están mal, eso se sabe, y lo que hay que hacer es trabajar para mejorarlas. Unos vagos, te lo digo yo.

- Bueno, es verdad, hay mucha crisis y eso a quien más afecta es a los jóvenes. Lo sé por mis hijos.

- Pero no compares a tus hijos con los desarrapados de Sol. Tus hijos tienen estudios, son gente educada, no van a tener problemas para encontrar trabajo. Además, enseguida que cambien el gobierno, la situación pasará. Lo que no sé es como se permite que acampen ahí, en pleno centro, donde todas las familias pasean. Ahora ni se podrá pasar por ahí. ¿Quién se creen para darse ese permiso?

- ¿Crees que la policía debería desalojarlos? Son muchos…

- Claro, la policía está para cumplir la ley. No van a ser ellos menos que nadie. Indignados, indignados, más indignado estoy yo con ellos. Y además, ¿qué piden? ¿que vayamos todos a la comuna? ¿qué piden?

Se dirige al camarero que estaba escuchando la conversación y le hace la misma pregunta. Él piensa para sí: No piden nada, exigen justicia. Pero se hace el mudo y se va a ordenar algo en la cocina sin contestar.

Hay en un momento en la vida que tienes que saltar indignado por las cosas que realmente importan. Igual no te tocan directamente a ti, pero escuchas cada día historias dramáticas e incluso trágicas de personas que te rodean y piensas que, en algún momento futuro, podrías ser tú quien estuviera contándoselo a otra persona. A veces nos escudamos en la palabra mágica “crisis” que lo explica todo, pero otras veces necesitamos explicaciones. Creo que eso ha pasado en la Puerta del Sol de Madrid. Mucha indignación acumulada que se ha derramado en forma de acampada. Ahora llega el momento de las propuestas. Da gusto ver a personas proponiendo soluciones e ideas en plena calle. Gente de todo tipo y condición, como las que nos cruzaríamos por la calle sin darnos cuenta de que están y que se esmeran en hablar al resto. Otra cosa diferente es que los que gobiernan, representantes del pueblo para más señas, reciban, debatan y aprueben o denieguen estas propuestas. Pero al menos, da la satisfacción de comprobar que no todo está perdido, que hay gente que bajo su apariencia cotidiana, tiene iniciativa y arrojo para cambiar algo. Eso me reconforta, al menos eso. Sé que es poco y que las revoluciones no surgen de esta manera. Quizá sea sólo una pequeña gota de agua en un océano, pero es nuestra gota y tenemos derecho a exponerla con indignación y respeto.

martes, 15 de septiembre de 2009

Divino

¡Cuanto olvidamos! Creemos que el tiempo es siempre nuestro tiempo. O que el tiempo fue unos cuantos nombre célebres, que conocemos y a veces olvidamos también. Como si el mundo -antes de nosotros- hubiera estado vacío, sin nadie casi.


Eres divino, querido Max, escuchaba a menudo. No era insigne, ni eminente, pero sí divino. Aunque esto es lo que oía cuando estaba presente. A sus espaldas los comentarios eran muy a menudo crueles e hirientes, algo que a Max no le importaba. Estaba orgulloso de su mala prensa, de su supuesta vida disoluta, la cual era más aburrida de lo que todos pensaban. Pero eso le daba caché y acceso a los sitios más refinados y exclusivos de Madrid, saraos y cócteles de la gente guapa, recepciones de la nobleza y demás eventos. Asiduo del Palace, delicado, esnob e insoportablemente moderno, clamaba por el histórico aburrimiento y gravedad del país. El lujo y la frivolidad, sin embargo, se esfumaron de la Gran Vía, La Croisette de Cannes o la medina de Tánger. Se acabó la decadente belle époque, los locos veinte y llegaron los años duros. Con ese mundo ya en el olvido, murió el perverso Max Moliner.

Divino (Luis Antonio de Villena, 1994) tiene un gran mérito: se sumerge en un país, en un mundo, que no existe y que nunca jamás volverá y lo hace con valentía y con tino, describiendo como decayeron conceptos que ya no suenan a nadie, como decadentismo, esteticismo, art decó, cuplé, libertinaje o music hall. Como se pasó de la bonanza y la superficialidad de los años veinte al puritanismo y miseria de los cuarenta es el tema clave de Divino, a través de la vivencia de Max Moliner, escritor galante y mundano, encerrado en un mundo que no podía pervivir con la llegada de los fascismos, la Guerra Civil Española o la Segunda Guerra Mundial. Decora su vida con encuentros con personajes reales de aquel momento, como Dalí y Gala, Tórtola Valencia, Antonio de Hoyos y Vinent, Luis Escobar o Jean Cocteau. He leído que Villena se inspiró en Álvaro Retana para crear a su Max, personaje de vida interesantísima, pionero de la modernidad en un país que no estaba preparado para ello. El propio Luis Antonio de Villena, del que nunca había leído nada antes (salvo algún poema) parece un buscador profesional de vidas, intelectual atípico y perfecto asistente del mundillo literario. Esto, por supuesto, no es más que una suposición por mi parte, quizá no alejada de aquellas que recibía Max Moliner y que engordaban su leyenda negra. Probablemente igual de injusta. Aunque quizá fuese eso lo que me hizo leer este libro.

miércoles, 15 de abril de 2009

Extramuros

En un instante ante el lecho de mi hermana, ante su rostro tan gastado y mezquino, debió de recordar qué tiempos eran aquellos que corrían a la vez ruines y recios, qué años de soledad para el alma y el cuerpo miserable.


Extramuros se oía la campana del convento, que aún sin salir el sol, levantaba a las hermanas. En el claustro, un silencioso barullo de hábitos conducía a la capilla para el primer rezo. Monjas pálidas y huesudas por los muchos sufrimientos que Dios Nuestro Señor les había mandado en aquellos aciagos días. En la capilla, caras somnolientas prestaban poca atención a las oraciones. Allí faltaban algunas, carne de enfermería, cosa normal traída por el hambre, la debilidad y la peste. Pero esa mañana, una ausencia turbaba a una de las hermanas, que no podía esconder su nerviosismo. Ella, su compañera del alma, no la flanqueaba como solía. Pensó en la noche, rezó por sus pecados y por su flaqueza de ánimo por haber sido convencida a llevar a cabo ese plan descabellado. Nada podía negarle a ella, eso lo sabía y confiaba que Él, ser de eterna misericordia, perdonara sus impulsos y no fuera condenada a la eternidad. Las sienes le latían descontroladamente. Cuando el oficio acabó, corrió presurosa a la celda de su hermana. Allí la encontró con los ojos entreabiertos, floja de fuerzas, con un brazo colgando de su humilde catre. De la palma de su mano, un reguero de sangre manaba formando un pequeño charco en el suelo de piedra. Su grito de impresión rompió el silencio de la casa y acudió casi toda la comunidad con la priora a la cabeza. Ésta sentenció: Son las llagas de Nuestro Señor Jesucristo. Éste fue el comienzo de su propia desgracia.

Extramuros (1978) es una estupenda novela del escritor español Jesús Fernández Santos, que fue galardonada con el Premio Nacional de Narrativa. El libro fue adaptado al cine por Miguel Picazo en 1985 interpretando a sus protagonistas Carmen Maura y Mercedes Sampietro. Ambientada en la España de final del reinado de Felipe II, cuenta la historia de dos monjas en un convento azotado por el hambre y la sequía. Viven tal situación de penuria, viendo morir a muchas de sus compañeras, que idean una manera de llamar la atención mediante unos falsos estigmas en una de ellas. La repercusión es tal, que comienzan a llegar al convento una legión de peregrinos y la fama de santidad de la religiosa recorre los secos parajes del reino hasta la corte. A pesar del escepticismo de la priora, que ve peligrar su cargo, comienza a prosperar el convento. Incluso, el duque benefactor de la casa compromete mejoras con la condición de que su hija profese allí. Pero los caprichos de dama cortesana hacen que ésta pronto se enfrente con la santa. Esta rivalidad llegará a los oídos del Tribunal del Santo Oficio.

Extramuros no sólo está fantásticamente bien escrita, con el lenguaje propio de su época, haciendo que sea a la vez realista y lírica, sino que toca temas profundamente actuales: el amor entre las dos monjas, unidas por el miedo al pecado, la situación de hambruna del país donde los pícaros sobreviven y la lucha de poder entre los egos de la santa, la priora y la huéspeda bajo los ojos represores de la Inquisición. Es impresionante el retrato del amor enfermizo y dependiente que hace de la monja narradora, que no sólo ayuda a la santa a crear sus falsos estigmas, sino que mantiene el secreto a pesar del miedo al castigo divino. Es un amor a prueba de todo, que no se tambalea ni cuando la fama de su amada la hace más fría y distante y que la convierte en un ser sin alma cuyos ojos sólo ven por los ojos de la otra. Ni toda una sociedad encerrada en la religión y la superstición, quemada por el mismo sol que agrieta los campos, impedirá que el amor más sacrificado se escape libre, extramuros.

Imagen: Ruinas del convento de San Agustín Extramuros en Madrigal de las Altas Torres (Ávila).

viernes, 20 de febrero de 2009

La concejala antropófaga

No hay nada más democrático que el placer.


Desde luego, ¡qué mal vista está la antropofagia! La gente se escandaliza por cualquier minucia. No digo yo el comerse a alguien enterito con vísceras y todo, en plan Hannibal Lecter, sino comerse a una persona a bocaditos, a pequeños sorbos, ir chupándolo hasta quedar saciada. Bueno, bueno, todos a lo que se lo cuento se llevan las manos a la cabeza, pero es puro tabú social. Debe ser como resucitarte en vida, que ya está una harta de todo. Porque al final todo es lo mismo, en el sexo y en la vida, una sucesión de posturas que llegas a un momento en que por fuerza tienes que repetir. ¿Tú que dices? Yo lo tengo clarísimo pero no hago carrera de esta idea. Debería escribir un libro, algo impactante. Porque yo ideas tengo muchas, ufff, un puñado y todas muy originales. Podría ser un libro de autoayuda. Yo es que siempre he tenido una marcada vocación pública. Pues, ¡anda que no me he ido yo a la cama con tíos sólo por hacer favores! Bueno, esto ya está. ¿Te apetece?
Salió de la cocina con dos vasos hasta arriba de gazpacho. No contestaba porque se había puesto los cascos para escuchar música. Suspiró y le alargó el vaso con cara de palo.

Yo pensaba que el Almodóvar de Pepi, Luci, Bom y de Mujeres... se había muerto en una fiesta en Los Ángeles, pero por lo visto sigue por ahí, escondido tras las tramas de sus historias tristes. Y eso lo demuestra La concejala antropófaga, un cortometraje que se ha sacado de la manga durante el rodaje de su nueva película: Los abrazos rotos. Ha aprovechado un personaje secundario de la misma para dar vida a Chon (Carmen Machi), una singular concejala con un no menos singular discurso. Resume el humor más propio del director y entronca con sus primeras películas en un monólogo deslenguado, soez, ordinario. Calificativos que, en cualquier otro caso, serían peyorativos, tratándose de Almodóvar son un plus de comedia, de la que estaba un poco alejado últimamente. Un divertido caramelo pop para hacernos boca esperando el largo.




La concejala antropófaga

jueves, 27 de noviembre de 2008

Gloria a Gloria

Sobre la soledad hoy yo me desdigo

No hay soledad perfecta,
eso es un fraude;
ser y no estar (es duro)
ser y no estar con la persona amada.

Porque hay que estar, y ser junto a su cuerpo;
(poetas tristes dejaros de bobadas)
no decir: que la tarde y su presencia
en la ausencia
pasa a ser perfume de alborada...

Tan sólo la verdad es poesía.
La soledad, una cabronada.


Acababa de aprender a leer. Era, en esa época donde los cumpleaños se celebraban con tarta y caramelos y un montón de niños. No era el mío, sino el de una compañera de clase. Cada cual le dio su regalo y ella los abrió como una princesa caprichosa en una montaña de papel de envolver. Entre gritos y carreras de los demás, yo cogí un libro dejado entre el resto de regalos. En su portada, en grandes letras amarillas, ponía GLORIA FUERTES y ese nombre se me quedó grabado. Me pareció gracioso. Leí las primeras páginas. Nunca había leído nada igual, teatro en verso, pero es que nunca había leído nada, nada de nada. La fiesta acabó como todas las fiestas, con gracias dichas desde la puerta y cartuchos de golosinas para cada invitado. A la semana siguiente, volví a esa misma casa. No es que tuviera especial interés en jugar con esa niña, sino que quería terminar el libro. Mientras ella peinaba su muñeca, yo leía. Cuando terminé, me sentí como un conquistador español poniendo una bandera en una isla ignorada. Tuve consciencia, en ese mismo instante, de que era el primer libro que leía y que no sería el último. Como así ha sido.

Hoy, 27 de noviembre hace diez años que Gloria Fuertes murió. Su ausencia aún se nota, porque no existen escritores como ella. Gloria nacida para poeta o para muerto, escogió lo difícil y luego se murió. Gloria, poeta de los niños, y por eso ninguneada por los escritores de las altas cumbres, a pesar de que sabía ponerse seria y adulta, aunque seria no me la imagino nunca. Gloria, que nació para nada o para soldado, escogió lo difícil, ser apenas nada en el tablado. Pero lo que Gloria no se dio cuenta al escoger es que la nada es el todo de muchos, de demasiados. Pobres niños sin ti, maestra, pobres niños adultos sin tus letras, sin tu voz cascada en mil batallas, sin tus versos escritos en madrugada. Ya sin humo, sin historias, sin papeles arrugados, no hay soledad perfecta, tú misma lo dijiste, entre tantas cosas sabias. No hay soledad sin olvido tampoco, por eso, yo no te olvido, Gloria. Hoy, te cuento algo que seguro que te gustaría: aún me dura esa misma curiosidad que me llenaba el cuerpo cuando leí ese primer libro, me pasa impepinablemente cuando abro cualquier libro para leer. Soy afortunado por no perderla. Gracias Gloria.

sábado, 18 de octubre de 2008

No sólo huesos

Podrán golpearme, romperme los huesos, matarme, tendrán mi cádaver, pero no mi obediencia.



Huesos, 206 huesos, tibias, rótulas, esqueletos mondos o llenos de polvo, todos iguales, como los huesos de todos, con el mismo destino, descansar para ir desintegrándose y convertirse en tierra y olvidarse en el subterráneo del mundo que existe encima de ellos. Todos los huesos son iguales, cráneos de desaparecidos argentinos o chilenos, largos fémures judíos, bosnios, musulmanes, kosovares o georgianos, costillas tibetanas, camboyanas o guatemaltecas, columnas armenias o ruandesas. Todos, antaño llenos de vida, hombres y mujeres murieron y fueron ocultados por órdenes de los represores, de los intolerantes, de los malditos que pensaron que era más fácil acabar a tiros con los que pensaban diferente, con los que les incomodaban. Y escondieron esos huesos como pruebas de sus crímenes, en cunetas, en pozos, en agujeros, para que, sin nombre ni razones, fueran olvidados y se deshicieran en la tierra para siempre. Por eso, las generaciones no pueden olvidarlos, porque hacerlo sería cumplir la voluntad de los dictadores, reyezuelos, militares salvapatrias, algunos de los cuales descansan, curiosamente, en tumbas de mármol. Se lo debemos a los hijos, a los nietos, a las familias de los que buscan esos huesos, a los que no dejaron llorar la muerte de sus seres queridos, a los que sufrieron la persecución sólo por estar próximos a los que hoy son sólo huesos.

El 16 de octubre de 2008, un auto del juez Garzón ordenó la apertura de 19 fosas comunes de represaliados del régimen franquista, como parte de un sumario por Crímenes contra la Humanidad. Se estima según los documentos aportados que la cifra puede ascender a 114.266 personas que desaparecieron entre el 17 de julio de 1936 y diciembre de 1951, de las que casi un tercio fueron asesinadas en Andalucía. Obviamente, los responsables de dichos crímenes ya son huesos también y el peso de la ley llega tarde para ellos, pero al menos las familias podrán localizar a los que fueron enterrados para ser olvidados. No entiendo ni los silencios cómplices, ni las negativas interesadas a un acto de sentido común como esta mínima reparación para los que las heridas no podían cicatrizar.

viernes, 3 de octubre de 2008

Vicky, Cristina y el país de los tópicos

A todos nos atraen las mujeres excitantes, aventureras y sexualmente intrépidas, pero es más fácil vivir con otro tipo de mujer, con la que puedes construir un hogar, tener hijos y encontrar el equilibrio. La mujer impulsiva es muy seductora, pero te termina rompiendo el corazón.


Vicky (Rebecca Hall) es sensata, prudente y busca un amor sereno del que pueda disfrutar toda la vida. Cristina (Scarlett Johansson) quiere sorpresa, pasión, un hombre que le remueva la realidad y la saque de este mundo. Vicky y Cristina son dos mujeres insatisfechas que buscan un país donde sus sueños se hagan realidad. Pero los países nunca son como nos los imaginamos, ni siquiera la Manhattan que sueña Woody Allen es como él cree que es. Siempre hay mucho más. Y es este el problema de teorizar con los tópicos. Está bien para dar una pincelada, pero el tópico es desconocimiento y ninguna obra se debería basar en éste. Todas las mujeres y todos los hombres son como Vicky y Cristina, queremos pasión y serenidad, sentido y sensibilidad y cuando tenemos lo uno añoramos lo otro e incluso queramos ambas cosas a la vez. Si una muere de amor por un pintor bohemio e intelectual, esta situación nunca puede ser definitiva, porque llega un momento en que la experimentación nos cansa y queremos algo más convencional. Si la otra tiene un novio formal a la antigua usanza, es lógico que quiera sentir en su propio cuerpo un amor arrebatado y prohibido. Los seres humanos somos así de contradictorios. Incluso diría más, esta argumentación se viene abajo porque es una generalización y como todas, hacen aguas cuando encuentran a una persona que no la cumple.


Temía que Woody Allen se dejara embaucar para rodar en España, pero si lo pienso bien: ¿en qué puede perjudicar jugar a los tópicos en el país de los tópicos? Barcelona, como paradigma del paraíso romántico, como ha sido usada Roma o París anteriormente. España como patria de artistas donde se bebe buen vino y se ama apasionadamente, una vez más. El dulce sonido de la guitarra iluminando la noche, la arquitectura de Gaudí o el sobrio prerrománico asturiano son elementos que pueden deslumbrar perfectamente a dos turistas estadounidenses buscando sueños. Los recuerdos de un Don Juan (Javier Bardem), pintor esta vez, a la gresca con una Carmen (Penélope Cruz) racial y pintora también. ¿Que qué me parece esta ensalada de ingredientes mediterráneos? Pues agradable y curiosa, por ver que es lo que andan pensando de España fuera, pero sinceramente falta de contenido por abusar de ideas un poco trilladas. Es lo que tiene juguetear con los tópicos. Y al menos, esta vez, los españoles nos hemos librado de ser toreros o flamencos, somos intelectuales y librepensadores y hablamos bien en inglés, que eso ya es todo un gran paso.


Vídeo: Giulia & los Tellarini - Barcelona
de la banda sonora de Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen, 2008)

lunes, 28 de julio de 2008

Barrio de Maravillas

La realidad es una hidra de cien cabezas o es, más simplemente, un cuerpo con innumerables puntos de vista.


Madrid 1914; Elena e Isabel leyeron en el periódico en grandes letras:

DECLARACIÓN DE GUERRA DE ALEMANIA A RUSIA. MOVILIZACIÓN GENERAL EN FRANCIA.

Tan grandes y asustados titulares que recorrían todo el barrio de boca en boca, exactamente igual como cuando hacía un par de años asesinaron a Canalejas en plena Puerta del Sol. Noticias que no entendían, pero con las que se transmutaban las caras de los que la recibían. Nada comparables a los requiebros de Luisito desde la farmacia en el chaflán de la calle San Andrés y San Vicente. Nada a las penas de la pobre Piedita, ni a los aires de gran señora de doña Laura. Eso eran noticias de verdad, de adultos, noticias de las que cambian el mundo. Aunque Elena sólo supo de su importancia cuando volvió a Madrid y ya no existía el barrio. Sí las calles, las casas, la farmacia pero no el Barrio de Maravillas donde vivió su adolescencia, plagada de pucheros, libros viejos y patios ruidosos. En ese momento, por lo bajinis, las vecinas en la pollería aún comentaban la última representación de gran María Guerrero.

Rosa Chacel sufrió el exilio, dejó Madrid en 1938 y no volvió definitivamente hasta 1974, donde residió hasta su muerte. El primer libro que publicó a su regreso fue Barrio de Maravillas (1976). Me imagino que el barrio de Malasaña en los 70 distaba mucho del de principios del siglo XX, pero no necesito pintarlo desde la realidad sino desde su recuerdo. Precioso homenaje a un mundo, un barrio y una España que se consumieron con los años y la Historia. No se dedicó Chacel a grandilocuencias, ni a hazañas, simplemente describió a precisas pinceladas la vida que disfrutó, llenas de serenos, hojalateros, míseras profesoras de piano, fisgonas vecinas, niñas pobres que vivían como ricas y fiestas de carnaval de papel de seda. Como las hacendosas costureras de su edificio, en pequeñas puntadas nos remata un barrio entero, barrio de un Madrid hoy dedicado a la postmodernidad, lejano y ajeno. Una novela que demuestra que no todo el exilio es olvido, que por una vez también quedaron maravillas.

Imágenes: Azulejos de la Farmacia Juanse, fundada en 1892, en pleno barrio de Malasaña.

miércoles, 2 de julio de 2008

Euforia

Nada es tan contagioso como el entusiasmo.


Gritos, saltos, carreras desenfrenadas, abrazos, estalla la euforia. La gente se va arremolinando en plazas hasta formar una muchedumbre amorfa, los coches pasan vociferando y tocando el claxon. Se va creando una hermandad espontánea entre perfectos desconocidos. Banderas al aire, o brazos en alto, botellas de las que todos beben. Es el tiempo de desfasar, de hacer lo que nunca habías hecho, se asaltan las fuentes, se corean nombres, se aúlla en la madrugada. Es curioso ver a la euforia actuar, ver cómo se va contagiando, cómo pasa de media sonrisa a sonora carcajada. Necesitamos la euforia de vez en cuando, necesitamos pensar que no habrá un mañana y que somos dueños de la noche. También somos conscientes que esa euforia es corta y algo estúpida, pero no podemos dejar de participar. El entusiasmo es gratuito y no se presenta muy a menudo en esta sociedad gris y rutinaria, por eso salimos a festejarlo sin pensar. Hay varias razones para que salte algo así, aunque quizá la razón es lo de menos, porque por unas horas la razón está fuera de juego. Lo importante es que las personas excepcionalmente se ven invadidas por la felicidad, sonríen, se abrazan, se besan y eso en sí mismo, ya es un espectáculo. Cuando vuelve a salir el sol, la vida se retoma, los autobuses siguen su ruta, los trabajadores caminan como zombies y la euforia es recogida por el servicio de limpieza municipal.

No soy muy futbolero, pero es imposible abstraerse a un estallido de alegría como el del domingo, cuando la selección de fútbol de España ganó la Eurocopa. Participé como uno más, con los ojos bien abiertos, observándolo todo. Hoy cuando ya ese momento es historia, me ha parecido interesante evocar las horas en que la gente salió a la calle a celebrarlo. Cada gesto, cada grito histérico, cada banderola al viento merece un análisis en sí mismo. Se necesitan momentos así para comprobar que no todo está perdido, que el ser humano de las ciudades no ha cambiado el corazón por un piedra que late, que seguimos vivos a pesar de todo. Fue por el fútbol, pero no sólo por eso, también fue por esquivar la rutina, por dar un toque de color (rojo esta vez) a las grises vidas que llevamos, por saltarnos una noche el protocolo y por enloquecer. Lo merecemos de vez en cuando.

domingo, 15 de junio de 2008

Expo Zaragoza 2008

And it's a hard, it's a hard, it's a hard, it's a hard,
it's a hard rain's a-gonna fall.


El agua es la vida, no invento nada. Sin ella no podemos sobrevivir, bebemos de ella y somos ella. Como las cosas importantes, nos damos cuenta de su valía sólo cuando nos falta. Sea agua dulce, salada, mineral, de lluvia, de pozo, sea sobre la hierba, en una botella o en un lago, el agua nos da fuerza, la necesitamos. Por eso, debemos cuidar el agua, como se cuida de lo más preciado. Y en una Tierra cada vez más poblada, el agua siempre escasea. Estamos tan acostumbrados a abrir un grifo y que el agua mane sin preocupación, que no nos acordamos de lo que cuesta que llegue a nosotros. Desde las nubes, nos alivia el ambiente que nuestra inconsciente contaminación produce. Satisface a las plantas y animales que se convertirán en nuestros alimentos. Calma nuestra sed. Limpia nuestra ropa, nuestra piel. Sin ella, somos desierto. Por eso, más que el agua se merezca una exposición, nuestra consciencia necesita un recordatorio. No podemos dejarlo correr.

El 14 de junio de 2008 se inauguró la Exposición Internacional de Zaragoza cuyo lema es Agua y Desarrollo Sostenible. Durante 3 meses, se dedicará un recinto entero a explicar la necesidad y la función del agua y los métodos para protegerla. Los diferentes países mostrarán al público su visión del precioso líquido. No sé sabe si las buenas intenciones de un acontecimiento multitudinario como éste luego se verán reflejadas en la realidad, pero puede ser un punto de partida interesante para reflexionar y concienciarnos sobre la importancia del agua. Cuidar del agua y su reparto equitativo debería ser uno de los puntos destacados de la política de todos los estados. Digo debería ser porque actualmente no lo es, sólo esperamos a la suerte de la lluvia, sentados, sin hacer nada. Si persistimos en esto, moriremos de sed en un planeta seco, yermo, sin vida.


Vídeo: Canción oficial de la Expo Zaragoza 2008: Amaral - Llegará la tormenta.
Imagen: Torre del Agua en la inauguración de la exposición.

jueves, 12 de junio de 2008

Los alimentos perecederos

Es una violacion de la ley natural que un puñado de hombres estén colmados de cosas superfluas mientras la multitud padece hambre.


Rápidas carreras para agarrar el último pedazo de carne, empujones, codazos, malas miradas. Las muchas personas que entran en el supermercado se dan de bruces con estanterías vacías. Se desata la histeria. A grandes zancadas, se escudriña un pasillo detrás de otro en busca de algún alimento solitario que haya pasado desapercibido. Esta búsqueda sólo es interrumpida por los gritos de alegría de algún afortunado que ha encontrado una lata de sardinas o de mejillones en conserva. La mayoría maldice su suerte y se queja lastimosamente con las manos en la cabeza. ¿Qué vamos a hacer? piensan al unísono. El gran espacio del supermercado, en otro día rebosante de productos, hoy se llena únicamente de caras de preocupación. Caras que irán adelgazándose más y más, hasta perder la expresión, como animales hambrientos, no habrá en su camino ni amigos, ni familia. La multitud decepcionada va abandonando el edificio, lentamente, arrastrando los pies, mientras avisa a los retrasados que ya no hay nada que rascar allí. Deambulan por las calles, rebuscan en la basura, asaltan comercios. Los más precavidos esconden como tesoros sus sobras, pan mohoso, fruta medio podrida. Los niños miran a sus padres con desesperación, mientras las tripas rugen. No hay nada que comer.

La huelga del transporte en España ha resucitado el fantasma del desabastecimiento de alimentos. Creo que de manera muy prematura, porque si bien faltan algunas cosas, aún los comercios tienen lo suficiente para ir tirando. Pero es que sin la leche desnatada Omega 3 o el pan de molde integral no somos nada. El consumo de gasolina ha crecido en estos días por miedo a la escasez y eso que desde que el petróleo está por las nubes, se compra el combustible como si fuera néctar de los dioses. Y mientras, los alimentos se estropean en sus centros de distribución y se tiran, al no haber transporte que los acerquen al consumidor. Todo esto ocurre en plena crisis alimentaria mundial. Luego acabará la huelga y todo volverá a su lugar y en unos meses nadie se acordará de esto. Sin embargo, viendo el temor inaudito de la gente a no tener que comer cuando aún hay casi de todo, me pregunto, ¿qué ocurriría si sucede algo verdaderamente grave? Como una nueva guerra mundial, un golpe de estado, un desastre nuclear o algo así. Pues sería el caos, la ley de la jungla, no quiero ni imaginármelo. El precio de la gasolina sube pero aún más la tontería del Primer Mundo. Donde realmente faltan alimentos, nuestros melindres deben resultarles de lo más chistoso.

jueves, 5 de junio de 2008

Wallada

Nuestro estado social no deja ver lo que de sí pueden dar las mujeres. Parecen destinadas exclusivamente a dar a luz y amamantar a los hijos y ese estado de servidumbre ha destruido en ellas la facultad de las grandes cosas. He aquí por qué no se ve entre nosotros mujer alguna dotada de virtudes morales.

Averroes (siglo XII)

Wallada sabía lo que era pavonearse, por algo vivió en Medina Azahara, en la corte. Entre esclavas y eunucos, le enseñaron a gustar y gustarse embellecida. Por eso, se vestía esplendorosa para recibir en su casa a los intelectuales de todo Al-Andalus. Allí se leían poemas, se debatía sobre la decadencia del Califato y se educaba a las hijas de los poderosos en poesía, canto y caligrafía. Toda la élite cultural y política de Córdoba conocía su casa. Wallada no pasaba desapercibida como mujer, una belleza que no usaba velo, sorprendía a todos con sedas de Bagdad y se atrevía a participar en los duelos de completar versos, exclusivamente masculinos. Quizá por esto las malas lenguas la denominaron "la perversa". Disfrutaba de una independencia ganada, o más bien, comprada a base de dinero y de contactos, por eso, Wallada nunca podía decepcionar. Entre aires de incienso, sus ojos azules reinaba en el salón ante la vista de todos. Esta mirada donde nacieron las miradas y los astros. Puso sus letras al servicio de su propia persona, tanto para seducir como para denunciar la traición del amor no correspondido e inspiró algunos de los mejores versos de su época. Murió anciana, sabiendo del ocaso del Califato, el día en que las tropas almorávides entraron en Córdoba. Con ella, murió la ciudad más destacada culturalmente de la Edad Media en Europa. Hoy nos quedan sus versos.

La princesa Wallada bint al-Mustakfi o Wallada la Omeya (994-1091), hija de Muhammad III, fue la figura más reconocida de una gran generación de poetisas andalusíes surgidas alrededor del Califato del Córdoba entre los siglos X y XI. Wallada significa la que alumbra, sin duda, un nombre perfecto para una fuerte personalidad que escribió tanto poemas amorosos como crueles sátiras. Se cuenta de ella que vestía una túnica con una orla bordada en oro que decía:
Por Alá, que merezco cualquier grandeza
y sigo con orgullo mi camino.
Doy gustosa a mi amante mi mejilla
y doy mis besos para quien los quiera
.
En una sociedad islámica, toda una trasgresora declaración de principios de un mujer interesante, olvidada en la bruma de la Historia.

domingo, 20 de abril de 2008

Rosario, dinamitera

Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación,
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.

Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario,
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.

Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.


El 17 de abril murió en Madrid Rosario Sánchez Mora, Rosario dinamitera, desde que Miguel Hernández le dedicara este poema en plena Guerra Civil Española. Rosario fue una joven miliciana en el Quinto Regimiento del Ejército de la República. Allí, en batalla, la dinamita le arrancó el brazo derecho a los 17 años, la guerra le arrebató a su marido y la victoria franquista su libertad. Sin saber nada de artillería, luchó con todas sus fuerzas en el asedio del Madrid del No pasarán, como otras milicianas, que participaron por primera vez en un frente. Pasó por la cárcel y tuvo que sacar adelante a sus hijas vendiendo tabaco de contrabando en la plaza de Cibeles durante la posguerra. Rosario fue un símbolo del bando perdedor: ex-combatiente, condenada por traición, comunista, republicana y mujer; calificativos todos prohibidos por la represión franquista. A punto de cumplir 90 años, ha muerto esta mujer valiente; que su memoria y la del resto de milicianas perdure por siempre en las palabras del poeta.

viernes, 28 de marzo de 2008

Maestro Azcona

Qué estupidez esa del final feliz como garantía del taquillazo. ¿Lo tiene Romeo y Julieta?


El verdugo no quiere matar, él sólo quiere un piso con su señora, tranquilidad, pero los pisos están por las nubes. El abuelo quiere un cochecito para fardar con sus amigos. Un empresario catalán quiere contactos para hacer prosperar su negocio por eso va a una cacería aunque no sepa ni disparar un tiro. El marqués de Leguineche quiere recuperar la vida cortesana en su palacete de Madrid pero ya no hay corte aunque haya rey. La compañía de teatro quiere representar La corte del faraón sin problemas con la censura y el comisario pide una paella para el largo interrogatorio. Loli sólo quiere casarse con Leonardo a pesar del turismo y de la muerte de la madre de éste. ¡Vivan los novios! Hildegart Rodríguez quiere una sociedad igualitaria sin discriminación de género pero también quiere encontrar el amor. Carmela y Paulino, variedades a lo fino, sólo quieren aplausos para su espectáculo sean rojos o franquistas. Flor de Otoño quiere vivir sin que su pasado de chico bien sea una losa para su vida. Todos estos deseos de un país en blanco y negro estuvieron un día en la cabeza del guionista, luego plasmados en papel, en la boca de los actores después y de ahí a la cabeza de los espectadores.

Yo quiero que maestros como Rafael Azcona nunca dejen de existir y que las películas suplan la falta de presupuesto con ideas. Quiero que los verdugos no quieran matar y quiero que en los países aunque haya lo mínimo para comer, no deje de existir el humor. Maestro, espero que la muerte viniera a verle vestida de guardia civil subida en una barca y que la acompañara con una sonrisa.

martes, 18 de marzo de 2008

El monasterio de las Descalzas Reales

...dejaron de mano al mundo y sus falsas apariencias de señorío, con harto triunfo de la religión.


La piedra del suelo brilla como si estuviera mojada. El aire silencioso se acomoda en los rincones. Hay 33 capillas en el claustro alto, 33 por la edad en que murió Cristo y por ser el número máximo de monjas del Monasterio. Cada una de ellas cuando ingresa elige una capilla de la que se encargan de por vida, la cuidan, rezan frente a ella. "Esto no es un museo, es una clausura" nos advierte el guía. "Accedemos a una mínima parte del monasterio por deseo expreso de las religiosas y con licencia especial del Vaticano." Estos muros no fueron concebidos para ser visitados, sino para olvidarse del mundo. Por eso, los bulliciosos turistas guardamos silencio, sólo cortado por algún murmullo de admiración. Donde ahora paseamos, las grandes damas de la nobleza e incluso de la Casa Real española, cambiaban las sedas y los brocados por el hábito marrón de las clarisas. Ofrecían para ingresar una lujosa dote para la comunidad, frescos, lienzos, marfiles, dorados, tapices que hoy llaman la atención en las paredes blancas, en la madera o en el barro cocido de las salas. Mujeres que podían disfrutar de la vida acomodada la sustituyeron por la meditación y un jergón de paja para dormir. Aún hay mujeres enclaustradas como éstas en pleno centro de Madrid, en el Monasterio de las Descalzas Reales, cuidan de un huerto, limpian el suelo dos veces al día y rezan, como si nada hubiera cambiado desde que se abriera este lugar en 1559.

Cuando pones el pie en la calle, entras de golpe en el siglo XXI, lleno de prisas, de carreras, de citas; no andamos quietos ni un segundo, no hay que perder el tiempo... pero esto no siempre es así. Al lado de la frenética calle Preciados, de la Puerta del Sol, sobrevive el siglo XVI encerrado en el Monasterio de las Descalzas Reales.