¿Es el hombre sólo un fallo de Dios, o Dios sólo un fallo del hombre?
¡Qué curioso que haya santidad en una semana, como que haya lugares santos o libros sagrados! Si hago un poco de memoria de mis clases de religión, tiene sentido. El incipiente cristianismo recurrió a las festividades romanas para no hacer desconfiar a los recién convertidos. Y el Imperio Romano propuso estas fiestas religiosas basadas en factores nada sagrados como el ciclo lunar, las estaciones o las fases de los cultivos. Otras religiones también han hecho coincidir sus festividades religiosas con hechos similares. Por eso, no voy a hacer aquí ni media crítica a la Semana Santa aunque tampoco voy a meterme en discusiones espirituales. Santo es el descanso como fiesta, santo es la oportunidad de salir de la rutina unos días, santo es olvidarse de los problemas cotidianos. Sé que no todo el mundo puede sumergirse en esta santidad toda una semana, ni que ésta coincida con la fijada formalmente. También comprendo que moverse como ovejas de un mismo redil en las mismas fechas no es del gusto de todos. Para todos aquéllos, creyentes y no creyentes, santos y demonios, puritanos, barrabases, judas, vírgenes, ermitaños, místicos o ascetas buscad vuestra semana santa, y si no es posible, días, horas o minutos en los que se pare el tiempo, en los que se aproveche para buscar dentro de uno mismo las fuerzas que nos alivien de la carga de la vida. Refugio espiritual que a veces hace falta, sin liturgias, ni ritos, ni confesiones, ni penitencias, sólo tiempo santo para reflexionar, para bajarse de la existencia y pararse a pensar en dónde ir, cómo hacerlo o si es necesario todo lo que nos rodea, por ejemplo.
Imagen: Ciudad Vieja de Jerusalén, lugar santo por excelencia para tres religiones, en el que parece que, en vez de compartir su santidad, luchan por apropiársela por su interés más excluyente.



