martes, 29 de septiembre de 2009

La alfombra persa

El encanto de la belleza estriba en su misterio; si deshacemos la trama sutil que enlaza sus elementos, se evapora toda la esencia.

Friedrich Schiller

Me sentía como una alfombra persa a su lado. Tenía la sensación de haber sido adquirida en un puesto del zoco de algún lugar lejano, donde se exige regatear y que se compra con la desconfianza de haber sido estafado. Era como una preciosa alfombra de seda, con cálidos colores y que daba un toque de distinción y exotismo a cualquier estancia de su casa. Un objeto de lujo que todos los amigos admiraban al entrar en el salón y que él se desvivía contando la anécdota de cómo, dónde y por cuánto la compró. Al principio, todo estaba dispuesto en torno a mí. Acariciaba la superficie con suavidad, disfrutaba de cada destello que el sol producía en ella y aplanaba cualquier arruga que por descuido se formara. Aunque pronto el diseño se haría repetitivo, los colores se apagarían y no casaría con los muebles nuevos. En un primer momento, por cariño, simplemente se le daría una nueva ubicación. Después quedaría arrumbada con el resto de objetos inútiles de su vida. Aún no estaba en eso, pero sé que llegaría ese instante, que se cansaría de mí, como se cansó de las otras cosas que le aburrían. Un destino marcado, un problema sin solución, porque se quedó prendado de los colores, de la simetría del dibujo, del rico tejido. Sin pararse a pensar, que una alfombra no es más que nudos y nudos atados para siempre a la urdimbre y la trama del telar. Nudos que están pero no parecen, nudos que nunca se podrán desatar.

24 comentarios:

Arezbra dijo...

Soy un firme defensor de los nudos que amarran para siempre y que nunca se deshacen para quedarse hechos hilo.
Sí que es cierto que la novedad trae euforia, pasión, "ganas de cambiar la alfombra", pero seguro que hay tejedores eternos,que hilan e hilan y atraen y acercan su alfombra para ellos.Que duermen besando nucas y haciendo nudos con los brazos sobre un pecho.
Es verdad, Capri...creamos que sea cierto.
Un abrazo

Zoé dijo...

Estoy de acuerdo con Arezbra, Capri!!!
Es importante conservar la ilusion y no caer en la desconfianza.
Es importante creer que todo es posible, sea cual sea tu edad, tu condicion, tus ganas...
Y los dias que te vengas abajo, pues procura sacarle el aspecto positivo o verle la gracia al asunto! A mi ni siquiera me intentaron comprar de rebajas... directamente me hubieran cambiado por un camelo ;-p
Muy bonito tu post!
Un beso
PD- mi teclado no tiene acentos, sorry!!

Merche Pallarés dijo...

Volveré con calma a leerte con atención. Ahora, simplemente, quería dejarte mis besotes, M.

El futuro bloguero dijo...

Una historia preciosa y triste, porque verse arrumbado no es fácil, ni para una alfombra.

Y fijate que me gusta como has construido la historia sin entrar en que la alfombra está para ser pisada, o contandonos momentos gloriosos sobre esa alfombra, etc.

Hay nudos que son para siempre, efectivamente.

Bonita entrada, sí señor

Lúcida dijo...

Me encantó la historia, lo que esconde... y la culminó el primer comentario.

besos

Uno dijo...

La autoestima. Si tu no te sientes como una alfombra ajada nadie te tratará nunca como a una alfombra ajada. Y, a poco que te quiera, nunca tampoco te verá así.
Me ha EN CAN TA DO.

Vivian dijo...

De las citas que he ido descubriendo y redescubriendo en este blog, ésta que nos traes hoy es una de las que más me ha gustado, y la manera como la cita adquiere prolongación a través del relato me parece fascinante.

Esta vez mi opinión discrepa de la de otros comentaristas, las mujeres florero (alfombra en este caso) en la mayoría de los casos son concientes de que lo son. Consentir ser mujer florero, por conveniencia, no significa ser tonta. No es cuestión de autoestima, es cuestión de ser realista…

La foto, preciosa, misteriosa, sugerente…

Como siempre, un placer leerte.

Un beso

Capri c'est fini dijo...

*Arezbra, todos somos un poco alfombra, llenos de nudos que hemos ido haciendo a lo largo de nuestra vida, nudo que nos atan a gente, a lugares, a cosas... y creo, sinceramente, que hay tejedores eternos que hacen su obra maestra y descansan tranquilo para siempre. Los hay, seguro, la cantidad, no la sé. Un abrazo.

*Zoé, yo también estoy de acuerdo, hay que conservar la ilusión pase lo que pase... porque sin ella, la vida se convierte en un rutinario pasar insoportable. Y sobre todo, no pienses que hay rebajas en eso del amor, simplemente malas compras (si seguimos con la metáfora). Y no te preocupes por los acentos de tu teclado... Un beso.

*Besos recibidos, Merche, vuelve cuando quieras, aquí siempre tienes tu sitio. Más besos para ti.

*Futuro bloguero, no hace falta incidir en lo que todo sabemos de la función de una alfombra, no? sois inteligentes para que ande hablando perogrulladas. Otra cuestión es que a veces nos convertimos en objetos por otras personas, queriendo una utilidad, asumiendo una posesión... Un abrazo.

*Lúcida, gracias, me gusta eso de no dar todas las pistas... dejar algo escondido para dar que pensar. Me alegro de que te haya gustado. Un beso.

*Uno, no creo que siempre sea una cuestión de autoestima... como yo lo veo, en este caso, son los ojos de él los que la hacen sentirse una preciosa alfombra persa. No ella, no es su culpa, ni su responsabilidad. Fue él quien no vio que había debajo del tejido. Un abrazo.

*Vivian, me alegro tanto que disfrutes de las citas y de las imágenes, porque me llevo siempre un buen rato buscándolas y hasta que no encuentro lo que quiero decir no paro... y no siempre es fácil. Gracias por apreciarlo. Y estoy de acuerdo contigo, las mujeres florero casi siempre son conscientes de serlo y acceden a ello por ventajas económicas, en su mayoría. No me dan ninguna pena. Pero en el caso de la alfombra persa, no lo he visto así. Ella se resiste, pero conoce su relación. No creo que ella quiera, sabiendo cual es el final que le corresponde, ser una alfombra por muy bonita que sea. Un beso.

molano dijo...

Preciosa metáfora la de la alfombra.
Redondo el relato.

Le poinçonneur dijo...

Demoledor retrato de ciertas relaciones.

Merche Pallarés dijo...

¡Muy buena metáfora! Me ha encantado el relato. Hoy en dia los nudos se deshacen con demasiada facilidad y superficialidad. Besotes, M.

Capri c'est fini dijo...

*Gracias Molano. Un abrazo.

*Poiçonneur, si nos ponemos a diseccionar las relaciones encontraremos situaciones demoledoras, sin duda. Un abrazo.

*Merche, todos tenemos nudos y nudos que no queremos y no podemos desatar... todos llegamos a conformar una alfombra. Pero hay que ser consciente de esos nudos si se quiere llegar al fondo de la vida de alguien y no sólo pararse en lo primero que se ve. Un beso.

senses or nonsenses dijo...

cada vez hay más gente que tiene la misma facilidad de cambiar de alfombras como de calzoncillos.
así que, por si acaso, mejor no acumular demasiado polvo...

un abrazo.
(había escrito 'un polvo', jajajaja, ...en vez de abrazo)

CRISTINA dijo...

Muy bonito el post.
Y la foto preciosa.

Un abrazo Capri

PATSY SCOTT dijo...

Me ha encantado -todo, la imagen, la metáfora de la alfombra, la cita de Schiller y tu historia. Muy sugerente.
He pensado en Penélope que esperando a Ulises, vuelve a tejer lo que desteje un día tras otro, atando y desatando nudos para que el tapiz sea siempre nuevo y diferente.

Capri c'est fini dijo...

*Senses, yo no entiendo esa manía de querer cambiar continuamente, sobre todo en algo tan importante como las relaciones. Tiene que ver con el egoísmo propio, creo. Y me he hartado de reír con tu lapsus, me alegro que me desees un polvo, no sabía que se me notara necesitado, jejejej Un abrazo y un buen polvo para ti también.

*Gracias Cristina. Me gustó mucho esa foto desde que la vi. Un beso.

*Gracias Patsy, la historia del tejer y destejer de Penélope es preciosa, una de mis favoritas de la mitología clásica. Y es que los clásicos ya tocaron casi todos los temas y nosotros sólo hacemos humildes variaciones de ellos. Me alegro de que te haya gustado. Un beso.

Lula Fortune dijo...

Es el momento de comprender que la alfombra es mágica y que si te subes encima y dices las palabras adecuadas, saldrás volando por la ventana. Definitivamente libre.
Besos.

dvd dijo...

La urdimbre de los sentimientos... Qué cosas tan lejanas en estos tiempos, cuánto desperdiciado en lo cotidiano...
Qué lujo de relatos en tiempos de crisis...

pe-jota dijo...

Por muy fuertes que sean los nudos de las alfombras, por muy lujosas que estas sean y muy dignas de admiración, no pasan de ser objetos materiales que pueden ser adquiridos, los seres humanos no somos objetos, no somos algo que se pueda arrumbar cuando nos hemos cansado, no debemos dejar que nos conviertan en el capricho de alguien, nuestros sentimientos y nuestra dignidad no los debería de impedir, pero la vida está ahí, y cuántas veces hemos asistido a situaciones como la que describes, triste pero cierto, nuevamente pones el dedo en la llaga de las relaciones humanas, humanas por llamarlas de alguna manera, al menos en este caso.

Capri c'est fini dijo...

*Lula, eso sería estupendo... salir volando en la alfombra, aunque desgraciadamente no deja de ser más que un sueño que sólo sucede en los cuentos. Un beso.

*DVD, la crisis es sólo financiera, al menos eso pienso yo. No tiene porque afectar a cosas que no se rigen por el dinero. Los sentimientos, sin embargo, no viven los altibajos de la crisis, forman parte de nuestra naturaleza. Es como el oro, un valor fijo. Un abrazo.

*Pe-jota, tienes razón, no somos objetos pero en esta sociedad capitalita y consumista en la que vivimos tendemos a cosificar todo, incluso los que no son cosas. Es uno de los grandes pecados de la modernidad, creer que todo está en el mercado, que todo es útil para algo. Yo soy de la opinión que hay cosas que por más que tengan un precio colgando nunca debe pagarse. Un abrazo, interesante reflexión.

Ainhoa dijo...

Interesante relato, aunque hay algunas cosillas que no entiendo muy bien. Parece que a este personaje no le gusta la situación en la que se encuentra, sin embargo no hace nada y no me queda muy claro el porqué de esa resignación. ¿Por qué está tan segura de que su destino está marcado y es inamovible? Hablar de ello le daría más cuerpo al relato. Además, hay algo que me desconcierta al comienzo, cuando dice que se siente como una alfombra que se compra después de regatear y con la seguridad de haber sido estafado, ¿por qué dice eso? ¿Ella cree que además es una estafa? Esta mujer tiene serios problemas de autoestima :-)
Es un relato con imágenes muy potentes y la idea es muy buena; en mi humilde opinión, necesita un pelín más de trabajo para que las palabras bonitas o las imágenes sugerentes no se coman la historia.
Un besazo.

Capri c'est fini dijo...

*Ainhoa, si no te queda claro algo del relato, es porque no lo he debido de explicar bien. Simplemente ella se sentía resignada porque es él quien la ve de esa manera, como un objeto. De tal manera que sería él quien debería cambiar esta concepción, algo que se le antoja muy difícil. No es que ella se sienta una estafa; es la misma sensación de quien compra algo en un regateo y no sabe con seguridad si ha hecho un buen negocio o ha pagado más de la cuenta. Es decir, cierta desconfianza... En cualquier caso, son demasiadas explicaciones, que debería haber solucionado en el relato mismo. Estaré más atento para la próxima.

Un beso.

Justo dijo...

Yo creo que los nudos acaban deshaciéndose... no hay nada que hacer. Ya te hablé, creo, alguna vez, de una de mis novelas de cabecera, Bella del Señor, que demuestra que la llama del amor se apaga de forma inexorable..

Otra cosa es la ternura y el cariño y otro tipo de amor que puede ser más grande si quieres pero que no es el inicial. -Yo he tenido una relación de 20 años, o sea que...-

Precioso texto -sería interesante conocer la versión del comprador de la alfombra, hecha por ti,seguro que algún matiz cambiaba...

Un beso

Capri c'est fini dijo...

*Justo, sin haberme leído Bella del Señor y sin haber tenido una relación tan larga (oh Dios, 20 años, qué barbaridad), yo también estoy de acuerdo contigo, el amor se va transformando y muta en otra cosa por el paso del tiempo. Llámalo amor maduro, o cariño, o mero compañerismo, pero nada es como empieza.
Y en cuanto a tu sugerencia, pues no sería malo plantearselo, una versión contraria... por supuesto que cambiaría mucho la visión.

Un abrazo.