Perfecta, está perfecta, absolutamente perfecta. Increíble. Brillante. Está divina. Mejor no lo ha podido hacer. Su entrada en Hollywood ha sido por todo lo alto y esta noche estará en la ceremonia de los Oscars. Ha tenido críticas fabulosas en las revistas especializadas. También sabemos que acaba de contratar a unos de los agentes más importantes de Estados Unidos. Si quiere seguir allí, lo va a necesitar. Estaremos pendientes de ella. No duden en verla en su última película. Es perfecta para ese papel, parece que ha nacido para hacerlo. Felicitamos a...lunes, 29 de septiembre de 2008
Perfecta
Perfecta, está perfecta, absolutamente perfecta. Increíble. Brillante. Está divina. Mejor no lo ha podido hacer. Su entrada en Hollywood ha sido por todo lo alto y esta noche estará en la ceremonia de los Oscars. Ha tenido críticas fabulosas en las revistas especializadas. También sabemos que acaba de contratar a unos de los agentes más importantes de Estados Unidos. Si quiere seguir allí, lo va a necesitar. Estaremos pendientes de ella. No duden en verla en su última película. Es perfecta para ese papel, parece que ha nacido para hacerlo. Felicitamos a...miércoles, 24 de septiembre de 2008
El traductor simultáneo
Salí tarde del curso de alemán. Habíamos quedado en una cafetería del centro. Todos estaban allí cuando yo llegué:domingo, 21 de septiembre de 2008
El otoño
jueves, 18 de septiembre de 2008
El obelisco de Aksum
Un bloque de piedra puede ser piedra y además un símbolo. Cuando un bloque de piedra traspasa el mar para decorar la plaza de una ciudad desconocida, o la ser estrella de una museo, deja de ser únicamente una piedra. Cuando un país quiere recuperar una grandeza, hace años perdida, puede entrar en una espiral de fechorías, donde hay muertes de inocentes, robos y saqueos. Ir detrás de un delirio sólo trae consecuencias funestas. La Historia, esa que se escribe con mayúsculas, se compone de grandes nombres tallados en mármol y desprecia los nombres anónimos, los que sufrieron sin que su sufrimiento sirviera para algo, aquéllos cuyas muertes sólo fue un hecho biológico dentro de la inmensidad del Universo. Todo esto significa el obelisco de Aksum, botín de la invasión italiana de Abisinia en pleno auge del fascismo. Un gran pedazo de granito labrado de 1700 años y 25 metros de altura, que desde el año 1937, lucía en la plaza de la Porta Capena de Roma, enfrente de la sede de la FAO y del Circo Máximo. Mussolini lo arrebató de su placidez de siglos en tierras africanas como emblema de la superioridad italiana en el que iba a ser el germen del nuevo Imperio. Después de una ardua restauración y un difícil traslado, el 4 de septiembre de 2008 se reerigió en su ubicación original en Aksum (Etiopía), saldando una deuda que ya duraba 70 años. Un símbolo de los desmanes del fascismo que afortunadamente el gobierno italiano ha solucionado.
Esto me lleva a pensar en otras reclamaciones de patrimonio cultural: en los famosos mármoles del Partenón o la piedra de Rosetta del Museo Británico, en el bello busto de Nefertiti del Museo de Berlín, en el Altar de Pérgamo, también en Berlín o en los leones alados asirios del Louvre o del Museo Metropolitano. Todo ello fruto del saqueo colonial, símbolos de imperios aprovechados por otros imperios para destacar su poderío ante el mundo. Joyas que se encuentran a cientos de kilómetros de sus lugares de origen y que nos hacen pensar por que tienen aún el poder de retenerlas. Y parece ser que nadie da el paso para solucionar paradojas del mundo como la de que en Roma haya más obeliscos egipcios que en el propio Egipto o que para conocer el arte griego clásico lo mejor es ir al Museo Británico. Aplaudo la noble decisión italiana de devolver a los etíopes su obelisco. Con ella, la misma piedra que en Roma sólo podía ser causa de vergüenza del ratero fascismo, vuelve hoy a convertirse en una obra de arte.
lunes, 15 de septiembre de 2008
Hormiguero
Era un domingo con un sol resplandeciente y las cuatro paredes de mi casa, tristes y grises, me empujaron a la puerta. Quería estar sólo, así que una vez bajo el umbral, grité: "ahora vuelvo" y salí como alma que lleva el diablo por temor a una respuesta. Necesitaba el aire puro del campo y me dirigí a la afueras. Siempre voy allí cuando he tenido alguna duda que resolver, para que la Naturaleza me inspirara, no siempre con buena fortuna. Conocía una peña plana que, junto a un árbol, era el mejor sitio para pensar. Una vez allí, sumergido en mis cábalas, reparé en que, a mis pies, se alzaba un poderoso hormiguero. En su boca, el trasiego era frenético. Hormigas y hormigas entraban y salían nerviosas. Me imaginé su interior; salas repletas de hormigas, unas encima de otras. Hormigas obreras construían, sin cesar, más recovecos y reconstruían los destrozos causados por las lluvias del invierno. Las largas galerías congregaban a miles, millones de hormigas en su infinito ir y venir. Pequeñas hormigas infantiles aprendían el arte de recolectar comida o de excavar la tierra. En una sala majestuosa, la hormiga reina administraría los asuntos del hormiguero. Cercanas, vi otras entradas, con más y más hormigas. Entretenido con esto, la noche se me hizo encima y volví a mis cuatro paredes, tristes y grises. Allí, me esperaba mi mujer, con las antenas levantadas y las patas en jarra:-¿Dónde has estado, holgazán? Me tenías preocupada.
Abatí los hombros. Mi mujer tenía razón. La urbanización de las afueras estaba fuera de nuestro alcance: las cuotas de la hipoteca, la comunidad, los impuestos... Decidido, dejo la poesía definitivamente y mañana mismo, me pongo en serio a buscar trabajo. Date cuenta, muchacho, eres una hormiga adulta.-En la afueras, querida, he visto que están construyendo mucho por allí. Ya es hora de que dejemos el alquiler del piso y nos decidamos a comprar algo. Es una zona bonita. Mucha gente se ha mudado.-¿Estás seguro? Contigo parado y mi trabajo en la empaquetadora de pipas, no sé si podemos permitírnoslo.
miércoles, 10 de septiembre de 2008
León el Africano
Roma, 14 de febrero de 1519: Dos pesadas puertas se abren frente a él. Acompañado de dos guardias suizos, entra en la enorme sala que contiene la biblioteca del Castillo de Sant' Angelo. De pie, frente a él, Francesco Guicciardini, gobernador de Módena, le sonríe. La expresión de su cara le tranquiliza. Exhorta a los guardias a que se retiren. De repente, la puerta de fondo se abre. Su Santidad, éste es su regalo. Se arrodilló ante aquel hombre vestido de rojo y blanco que le puso ambas manos en la espalda, indicándole que se levantara. Un hombre de arte y sabiduría es siempre bienvenido a Nuestro lado, no como servidor, sino como protegido. Conversaron de forma amena, pausada. Notó un brillo de especial interés en los ojos de Papa. Le ofreció una habitación en el mismo castillo, indicando que pidiera cualquier cosa que le hiciese falta. Aún no entendía qué hacía allí, ni cómo sería de utilidad. Y así, Hasan bin Muhammed al-Wazzan al-Fasi, hijo del exilio granadino, bautizado como Juan León de Médicis, se convirtió en León el Africano.
Conoció el fundamentalismo de los Reyes Católicos frente la babilónica Roma de los príncipes de la Iglesia. Vivió la mística peregrinación a La Meca frente a los decadentes harenes de los sultanes. Sufrió la intolerancia religiosa pero también disfrutó de la conciliación de las tres religiones del Libro. Tuvo una vida verdaderamente digna de una novela. Una persona que merece por derecho propio permanecer en el recuerdo de la Historia.domingo, 7 de septiembre de 2008
Las muñecas rusas

Es difícil saber que es lo que se debe hacer. Si te dejas llevar por la manada, corres el riesgo de verte en un lugar incómodo, haciendo algo que en la vida hubieras dicho que harías. Con las relaciones pasa lo mismo, uno nunca sabe. Se debe huir del bienintencionado consejo ajeno, pero a veces es más sencillo que te susurren la solución a tener que buscarla por ti mismo. Además solemos buscar un prototipo, creado en nuestra mente, que difícilmente se encuentra sobre la Tierra. Esta es el primer problema. Queremos hallar una especie de Frankenstein, hecho de retazos de diferentes cualidades que creemos inmejorables, pero que nunca se darán en una única persona. Luego existen otros ingredientes que no podemos olvidar, como nuestra propia receptividad en un momento dado o incluso el simple hecho de ver que es lo que hay delante de tus ojos. Parece una tontería, pero a veces, las pistas dejan de serlo para convertirse en evidencias y aún así seguimos ciegos. Con todos estos obstáculos, hablar de parasiempres nos hace sentir un escalofrío que recorre cada músculo de nuestro cuerpo. Es lógica esta inseguridad cuando conocemos a alguien. ¿Es la persona definitiva? ¿Hemos concluido la búsqueda? ¿Es la última muñeca rusa?
Xavier (Romain Duris) vive en el caos. A su alrededor, las cosas tampoco pintan bien para casi nadie. A pesar de que ha cumplido su sueño de ser escritor, malgasta su talento en guiones malos para la televisión, pequeños artículos o como negro para biografías de famosos. Sentimentalmente tampoco anda mejor, ninguna historia le dura. Una chica tras otra, ve como la estabilidad es imposible. ¿Cuál es el problema? Camino de los 30, comienza a planteárselo todo. Lo que antes eran firmes decisiones, ahora pueden ser estrepitosos errores. ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Será esta nueva chica la relación definitiva? ¿o ésta está detrás de alguien que conozco muy bien? Preguntas y más preguntas de difícil solución.
Y es que nadie dijo que vivir sería fácil. Las relaciones flotan en un mar donde nadie habla el mismo idioma. Luchamos contra nuestros propios defectos, nuestro egoísmo, nuestra incomprensión, por no hablar de la gente que no rodea. Se supone que llegar a la madurez implica compromiso, equilibrio, solidez... pero nada de esto es posible, por temor a la rutina. Aceptamos con desgana el desorden pero no queremos vernos viviendo la vida de nuestros padres. Los días pasan como balas y pocas cosas mejoran. Pero hay que despertar, los príncipes y las princesas sólo existen en los cuentos de hadas y que yo sepa, no estamos viviendo en un castillo.
jueves, 4 de septiembre de 2008
El amor es ruido
El amor es ruido, el amor es dolor. El amor es un campo de batalla, donde todo vale. El amor es tristeza, que sentimos una y otra vez. El amor persiste con el paso de los años, o no es amor. El amor es la verdad, el sentimiento que no es egoísta, que nos mejora. Sin embargo, por amor se mata, y por amor, también se muere. Es abierto y nos hace hacer cosas que nunca hubiéramos imaginado ni en nuestros sueños más bizarros. Evoluciona, nos eleva y llega un momento en que se quiebra, destruyendo todo lo que creó. El amor se esconde entre nubes, en las esquinas de la ciudad y hay personas que nunca lo encontrarán. Son personas que están ciegas, aunque sus ojos funcionen perfectamente. El amor es (o puede) ser sublime, pero nos empeñamos en vulgarizarlo hablando siempre de él, invocándolo. El sentimiento se transforma en sentimentalismo. Dicen que todas las canciones hablan de amor, puede ser, porque la música se lleva bien con él. Le da melodía a nuestra historia. Entonces, ¿el amor lo es todo? No sé si todo, pero sí que se ha descrito con todos los calificativos del mundo.