¿Pone todo eso en la medallita?
En Los Ángeles, durante los años 20, no había bandidos enmascarados, ni caravanas por el desierto. Ya no quedaban vaqueros del Viejo Oeste más que en las películas. Allí y entonces, no era habitual ver a un guerrero hindú, y menos que se tocara la ceja cuando estaba nervioso, ni cúpulas orientales que explotaban, ni hordas de ejércitos tenebrosos, ni derviches turcos, ni estanques de nenúfares. Sin embargo, todo eso existía en un hospital, dentro de la cabeza de una niña, Alexandria (Catinca Untaru). Con el brazo escayolado y pocas ganas de quedarse quieta en su cama, la pequeña conoce a Roy (Lee Pace), un especialista de escenas de acción de Hollywood también ingresado. Él le contará la historia de los cuatro hombres que se enfrentaron al Gobernador Odio. Alexandria pondrá su imaginación para recrearla.
Hay películas que pasan desapercibidas por el gran público y uno no sabe muy bien porqué. Éste es el caso de The Fall. El sueño de Alexandria (Tarsem Singh, 2006). ¿Por qué la taquilla está siempre copada de grandes superproducciones hechas en serie? me pregunto a veces y sin embargo películas como ésta quedan relegadas. Original, con unas imágenes fascinantes y una curiosa mezcla de realidad y ficción que en el cine da siempre mucho juego, The Fall aprovecha magistralmente los recursos de la fantasía. Usa los colores en beneficio de la historia: grandes brochazos de colores vivos para lo más imaginativo, blancos y negros brillantes para los recuerdos y sepias cálidos para la realidad. La preciosa música de Krishna Levy acompaña justamente a las escenas y la ambientación de vestuario y decorados es increíble.
Necesitamos cuentos, historias, necesitamos vivir otras vidas, sentir el sol ardiente del desierto y la brisa fría del mar aunque ni conozcamos el desierto, ni el mar. Quizás no es esencial, pero sí necesario. ¿Por qué rechazamos la imaginación en la edad adulta? Es curioso, parece que la imaginación sólo está destinada a la infancia, donde la fomentamos y avivamos en los niños. Pero traspasada una edad, la vamos dejando de lado, creyéndola impropia e incompatible con la madurez. No hay que ser insensatos, una roca es una roca, por más que la miremos, pero también puede ser un pedazo de meteorito del espacio exterior o provenir de una excavación arqueológica en el interior del Perú que cruzó el océano para posarse en nuestras manos. Todo es posible dentro de nosotros. No digo que la imaginación sea la panacea para alcanzar la ansiada felicidad, pero puede servir para teñir un poco el gris de nuestro alrededor, ese gris persistente e intenso que nos persigue e inunda continuamente.





Sol ardiente de junio (1895) del pintor británico .jpg)



Luna