Desde luego, ¡qué mal vista está la antropofagia! La gente se escandaliza por cualquier minucia. No digo yo el comerse a alguien enterito con vísceras y todo, en plan Hannibal Lecter, sino comerse a una persona a bocaditos, a pequeños sorbos, ir chupándolo hasta quedar saciada. Bueno, bueno, todos a lo que se lo cuento se llevan las manos a la cabeza, pero es puro tabú social. Debe ser como resucitarte en vida, que ya está una harta de todo. Porque al final todo es lo mismo, en el sexo y en la vida, una sucesión de posturas que llegas a un momento en que por fuerza tienes que repetir. ¿Tú que dices? Yo lo tengo clarísimo pero no hago carrera de esta idea. Debería escribir un libro, algo impactante. Porque yo ideas tengo muchas, ufff, un puñado y todas muy originales. Podría ser un libro de autoayuda. Yo es que siempre he tenido una marcada vocación pública. Pues, ¡anda que no me he ido yo a la cama con tíos sólo por hacer favores! Bueno, esto ya está. ¿Te apetece?
Salió de la cocina con dos vasos hasta arriba de gazpacho. No contestaba porque se había puesto los cascos para escuchar música. Suspiró y le alargó el vaso con cara de palo.
Yo pensaba que el Almodóvar de Pepi, Luci, Bom y de Mujeres... se había muerto en una fiesta en Los Ángeles, pero por lo visto sigue por ahí, escondido tras las tramas de sus historias tristes. Y eso lo demuestra La concejala antropófaga, un cortometraje que se ha sacado de la manga durante el rodaje de su nueva película: Los abrazos rotos. Ha aprovechado un personaje secundario de la misma para dar vida a Chon (Carmen Machi), una singular concejala con un no menos singular discurso. Resume el humor más propio del director y entronca con sus primeras películas en un monólogo deslenguado, soez, ordinario. Calificativos que, en cualquier otro caso, serían peyorativos, tratándose de Almodóvar son un plus de comedia, de la que estaba un poco alejado últimamente. Un divertido caramelo pop para hacernos boca esperando el largo.
La concejala antropófaga
